• El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, pasa ante una serie de banderas nacionales de Turquía.
Publicada: martes, 3 de marzo de 2020 18:53

Erdogan pensó que, al agredir a las fuerzas sirias en Idlib, las vencería con facilidad, obviando que estaría adentrándose en una ciénaga sin retorno.

Conforme a sus cálculos, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, pensó que, al iniciar una agresión a gran escala contra el Ejército de Siria en la región noroccidental de Idlib, podría obligar a este a replegarse de sus posiciones, pero, en realidad, lo único que ha cosechado con tal medida ha sido enviarse a sí mismo y a sus efectivos a una ciénaga sin retorno alguno, así comienza un artículo de Abdel Bari Atwan, publicado el lunes por el diario árabe Raialyoum.

Tras vencer el 1 de marzo el ultimátum lanzado por Erdogan a su homólogo sirio, Bashar al-Asad, para que replegara sus fuerzas militares de la zona desmilitarizada de Idlib, Ankara emprendió una gran ofensiva contra las posiciones sirias para obligarlas a retroceder tras la línea divisoria de la zona de distensión que, en su día, fue establecida con la meta de que las tropas turcas identificasen y separasen a los terroristas de los grupos opositores no armados que operan en esta región siria.

En septiembre de 2018, en la ciudad rusa de Sochi, los presidentes de Rusia y Turquía, Vladimir Putin y Erdogan, respectivamente, acordaron crear en la región de Idlib una zona desmilitarizada de 20 kilómetros a lo largo de la línea de contacto entre la oposición armada —apoyada por Ankara— y las tropas sirias, que sería controlada por las fuerzas turcas y la Policía militar de Rusia.

En lugar de que los citados grupos opositores armados fueran apartados de los que se oponían a las armas, los primeros no solo fortalecieron sus posiciones en esta zona, en contraposición a lo suscrito en Sochi, sino que, además, llevaron a cabo varias ofensivas contra las fuerzas sirias y rusas. De igual modo, otras fracciones, en este caso, de naturaleza terrorista, como es el grupo Hayat Tahrir Al-Sham (HTS), liderado por el Frente Al-Nusra (autoproclamado Frente Fath Al-Sham), aprovecharon la coyuntura y empezaron a lanzar ataques indiscriminados contra la zona desmilitarizada.

Desde entonces, por más que el Gobierno sirio ha estado llamando a quienes vulneran el acuerdo de Sochi a que abandonen sus actividades destructivas, bajo la advertencia de una dura respuesta de las fuerzas sirias, sus peticiones han sido desoídas, por lo que Damasco ha empezado una lucha sin cuartel contra todo aquel que infrinja lo pactado, entre los que se encuentran los grupos proturcos afincados en Idlib.

Los turcos, a fin de justificar sus próximos movimientos militares para salvaguardar a sus protegidos y aliados de la ofensiva gubernamental siria en Idlib, se han valido del Artículo 5 de la Carta de las Naciones Unidas, así como de los acuerdos del Egeo, Sochi y Astaná, que, según Ankara, les legitima a lanzar su operación, denominada “Escudo de la Primavera”, para estabilizar y asegurar la región, y proteger las fronteras turcas, conforme recoge un artículo de opinión.

En su empecinamiento por imponer su voluntad y hacerse con el control de la región noroccidental siria de Idlib, que abarca una superficie de 600 km2, prosigue el texto, Erdogan no ha dudado en desplegar a más de 15 000 soldados y 3500 vehículos blindados y, por si todo esto no era suficiente, ha venido equipando al Frente Al-Nusra, filial de Al-Qaeda en suelo sirio, con sistemas de defensa de misiles antiaéreos para que los utilice contra los aviones del Ejército sirio y la Aviación rusa, que brinda apoyo aéreo desde hace cinco años a las fuerzas de Siria en su lucha contra el terrorismo.

 

Al armar a los extremistas proturcos, añade el analista, Erdogan no desea iniciar un enfrentamiento militar con Rusia dentro de las fronteras sirias, ya que es consciente de que tiene todas las de perder si Moscú decide recurrir a sus bombarderos estratégicos nucleares, tal y como apuntaba un experto ruso, quien aseguraba que, por razones logísticas, no era factible para el Kremlin el despliegue de miles de efectivos y vehículos militares en la zona, pero sí el envío de cientos de aeronaves avanzadas a la base aérea de Hmeimim, sita en la provincia siria de Latakia, para subsanar así la falta de fuerzas terrestres rusas en el propio campo de batalla.

Para evitar a que se produzca un enfrentamiento directo entre las fuerzas turcas y las rusas, el dirigente turco ha pedido a su par ruso que se aparte de su camino y permita el avance de las tropas de Ankara en Idlib, una solicitud que ha sido rechazada por Moscú, como se puede apreciar si uno echa un vistazo a los últimos avatares de la guerra que tiene lugar en esta región noroccidental de Siria, de acuerdo con el artículo periodístico.

Atwan asevera que quizás la muerte de 34 soldados turcos en un ataque contra las posiciones del Ejército de Ankara en Idlib fuera el primer aviso de advertencia de Putin a Erdogan de que este último estaría violando claramente los acuerdos de Sochi y Astaná y que no estaría dispuesto a permitirle tal infracción.

Es curioso que mientras las autoridades rusas han reconocido que su Aviación realizó el letal ataque, añade el experto, Erdogan, en lugar de acusar a la parte rusa de la muerte de sus efectivos, haya culpado a la parte siria de ser la responsable del mortal ataque.

Es probable que Ankara busque, por un lado, provocar a Moscú y, por el otro, tenga puestas sus miras en poder llegar a un entendimiento con los rusos que le permita salir del atolladero que él mismo ha propiciado.

El despliegue de dos buques de combate rusos, equipados con misiles de crucero, en las costas sirias, es el segundo mensaje de Moscú a Erdogan, que sumándose a la negativa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), liderada por EE.UU., de apoyar a su socio turco en su aventurismo militar en Siria, por más que Ankara haya usado como medida de presión el envío de migrantes a las puertas de Europa, demuestra que los cálculos hegemónicos del dirigente de Turquía han fallado por completo.

 

El articulista concluye que Erdogan está muy equivocado si cree que puede lograr, con su operación militar, lo que no ha conseguido en los últimos nueve años en Idlib, ya que, en aquel entonces, la oposición armada, que contaba con el apoyo económico de varios países occidentales y sus socios regionales, estaba a punto de hacerse con el control de Damasco, la capital siria, pero fracasó en su intento por la firme resistencia presentada por las fuerzas gubernamental de Siria, que recibieron el respaldo incondicional de los rusos.

Ante la actual situación, Putin no va renunciar a sus logros estratégicos en Siria y tampoco permitirá que el Gobierno sirio sufra alguna derrota en Idlib que muestre su debilidad ante los terroristas y sus patrocinadores, sostiene el autor del artículo, para luego subrayar que, hoy en día, la coyuntura interna y regional de Al-Asad es mucho más fuerte que su contraparte turca, puesto que Turquía está aislada y rodeada por sus adversarios y experimentando condiciones internas adversas, que acabarán explotando si los cuerpos militares turcos se plantean avanzar más en Siria y Libia.

Con la operación “Escudo de la Primavera” en Siria, Erdogan no solo ha puesto en peligro la seguridad y la integridad territorial de Turquía, sino que también ha abierto las puertas del infierno a sus efectivos que participan en el operativo militar, tal y como han venido advirtiendo desde el Centro ruso para la Reconciliación de las partes en conflicto en Siria, al remarcar que Rusia ya avisó a Ankara de que no podría garantizar la seguridad de los vuelos de los aviones turcos sobre Siria después de que las autoridades de Damasco declararan el cierre del espacio aéreo sobre Idlib, detalla Atwan.

Así pues, el experto finaliza subrayando el precipicio al que se dirige Erdogan por adentrarse en una ciénaga profunda y sin punto de retorno por los continuos desaciertos que va cosechando en su camino para crear un nuevo imperio fundamentado en el sueño otomano.

Entre los desatinos geoestratégicos del mandatario turco figuran los ya mencionados y que merece la pena enumerarlos a continuación:

El primero, el Ejército sirio nunca se replegará de sus posiciones y el Gobierno de Damasco continuará con su lucha para hacerse con el control de todos los rincones de su territorio.

En segundo lugar, Erdogan teme la confrontación con los rusos y es por eso que buscará un entendimiento con Moscú.

El tercero, el aventurismo de Erdogan en Idlib no puede contar con el apoyo de EE.UU. y la Alianza Atlántica, puesto que ni este ente militar ni Washington están dispuestos a cerrar filas frente a Moscú en Siria.

Por último, el intento de chantaje de Erdogan con el envío de miles de migrantes a la frontera griega para presionar a los europeos para que acudan en su ayuda en Idlib no le va servir de nada por los estrictos controles fronterizos del bloque europeo.

krd/anz/rba

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