Publicada: jueves, 10 de octubre de 2019 12:24

Turquía ha iniciado una operación en el norte de Siria al parecer para eliminar a los kurdos pero su decisión podría tener otros objetivos también.

Desde el geopoder, como disciplina científica del análisis internacional, uno de sus criterios fundamentales es descubrir las agendas privadas, ocultas o secretas que se esconden detrás de las acciones públicas o la información oficial.

Al comprender lo que no se ve claramente, la lógica de los intereses de las élites o los gobiernos soberanos da la probable respuesta.

Así, el reciente ataque de Turquía a una base militar de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en el norte de Siria, luego de una conversación sostenida entre el presidente Recep Tayyip Erdogán y Donald Trump, confirma algo que no se ha dicho en los medios transnacionales de desinformación: que existe un convenio entre el Gobierno estadounidense y el turco para realizar esta operación bélica.

Lo que no se ha expuesto nítidamente es en qué favorece a cada uno de los actores esta medida.

Ankara ha planteado que su operación tiene como objetivo crear una zona segura en su frontera con Siria y disuadir o eliminar a las milicias de la alianza YPG (Unidades de Protección Popular)-PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), declarado este último como subversivo en la lista negra de la Unión Europea (UE) también.

La hipótesis no declarada es que Erdogan desea otras metas como son deshacerse de los refugiados sirios que llegan a cerca de cuatro millones y causan un grave problema étnico, económico, laboral y social en su territorio, por tanto, es perentorio dominar la parte limítrofe del norte en una profundidad de 30 kilómetros aproximadamente para llevar allí a esta población y mantener una línea de defensa ante el PKK.

Para Estados Unidos, el debilitamiento de las FDS permite que los campamentos de militantes de EIIL (Daesh, en árabe), puedan desatar nuevamente el caos en la región al no poder ser controlados, lo que cimenta el principio neocolonial de que cuando hay gran inestabilidad el beneficio es para las élites del comercio mundial. Al afirmarse que sus militares no apoyarán ni participarán de la incursión turca es un acto de parcialidad porque deja a sus aliados solos para defenderse y no arriesga a los propios.

Siria ha planteado la salida inmediata de los invasores euroamericanos puesto que no permiten el dominio integral del país y que los takfiríes sean derrotados, aunque esta situación es propicia para realizar diálogos constructivos con la dirigencia del Kurdistán sirio que nuevamente han sido traicionados por Estados Unidos en Afrin y Manbij, como al retirar sus fuerzas y permitir la llegada de tropas turcas al interior.

Rusia realiza un juego de ajedrez excepcional ya que permite que Erdogan y Trump se “alíen” en sus propios procesos dejando mucho más libre el consenso para realizar elecciones posteriormente, desgastar a los kurdos que deben acercarse a Damasco, obligar a la alianza occidental a retirarse por debilidad inherente a sus propósitos o derrota militar próxima y, en definitiva, asegurar un periodo de paz posible en esa región tan convulsionada.

Irán, que ha apoyado permanentemente a Bashar al-Asad en su proyecto soberano, puede descansar en cierta forma de las agresiones del Pentágono al tener éste mayores preocupaciones al interior de su país, ya que la situación se torna aguda en el seno de la política contradictoria entre republicanos y demócratas por el juicio probable al presidente y, a su vez, por la acusación sobre la alteración de la seguridad nacional al quitar las fuerzas de ocupación estadounidenses de Siria.

En síntesis, para un análisis más certero de esta situación, hay que tomar en cuenta lo que persigue cada gobierno actualmente y de allí extraer las posibles hipótesis.

En primer lugar, Erdogan quiere deshacerse del conflicto con los kurdos en su frontera y de los refugiados sirios en Turquía, creyendo mejorar su propia estabilidad y aceptación, para lo cual podría anexionarse una zona segura tipo Golán (ocupado por Israel), lo que le permitiría resolver en gran parte sus contradicciones, confirmado por Donald Trump al manifestar que en su infinita sabiduría no permitirá que Turquía se extralimite, es decir, la negociación está dada.

En segundo lugar, los kurdos sirios nuevamente han sido traicionados por los estadounidenses y parece ser que su obligada decisión es solicitar al gobierno legítimo que los proteja de los turcos, esta vez, sin amenazas y con debilidad alta ante la invasión real de sus territorios.

En tercer lugar, la agresión regulada, temporal como se ha establecido, es un mensaje a las FDS y el PKK de que existe el beneplácito de Washington si no se comportan “racional” o limitadamente y, asimismo, permite al Gobierno sirio concentrarse en Idlib para continuar destruyendo a Daesh, tarea fundamental en esta etapa geopolítica.

En cuarto lugar, el Gobierno estadounidense prevé que al ser derrotado Daesh pronto, la confrontación con el Ejército sirio debería darse creando una conflagración de alto espectro o siendo vencido y sin lugar a justificar esta nueva victoria de Al-Asad en conjunto con Irán y las fuerzas de la Resistencia, lo que daría un golpe mortal a las aspiraciones de Trump y a la imagen militar de Estados Unidos. Huir dando como argumento una guerra ridícula, proteger la vida de los soldados, haber eliminado totalmente al califato y dejar en otros la responsabilidad de resolver el caos, sosteniendo que si hay violencia sobre los heroicos kurdos actuará destrozando la economía turca, parece ser una débil argucia que no ha calado en la oposición estadounidense.

Lo veraz es que los aliados occidentales y sus agencias de inteligencia están preocupados hondamente por esta decisión del inquilino de la Casa Blanca, elaborando lamentos éticos y de solidaridad con el pueblo kurdo (al que siempre han traicionado), o de preocupación supuesta ante el resurgir de Daesh (pese a haberlos creado y entrenado), cuando en realidad es la pérdida de poder geoestratégico lo que los deprime.

El resultado está por verse ya que los siguientes días confirmarán o sustituirán estos planteamientos.

Carlos Santa María
Carlos Santa María Carlos Santa María es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.

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