El congreso de Guatemala aprobó hace dos meses un subsidio de más de 225 millones de dólares para paliar la crisis de los precios en los combustibles a raíz de la crisis mundial del petróleo, sin las cuentas claras el presidente anunció otro subsidio millonario.
He impulsado ante el Congreso de la República una iniciativa de ley de apoyo directo al precio del combustible que consistirá en un apoyo de doce quetzales por galón de diésel y de tres quetzales por galón de gasolina regular.
Eso es el equivalente a 1,50 dólares y 40 centavos de dólar respectivamente, no obstante, el dinero que se les entregó a los oligopolios del combustible no cuadra con el tiempo en el que se mantuvo el subsidio y diputados de oposición denuncian un robo descarado de millones de dólares.
Dos mil millones de quetzales que se tenían que ejecutar en tres meses, mayo, junio y julio, y resulta que se ejecutaron en menos de dos meses. Argumentan que hubo incremento en el consumo de los combustibles, lo cual es mentira y no es sostenible técnicamente, el incremento pudo haber sido de un 4, 5 %, pero no del 30 % de consumo, lo que hicieron fue compactar el subsidio y robarse más rápidamente el dinero.
Orlando Blanco subraya que fueron al menos 65 millones de dólares que desaparecieron en menos de tres meses, y es que los guatemaltecos ya empiezan a desesperar con los grados de inflación que ha provocado el alza en los combustibles, los consumidores en general se muestran molestos con los negocios turbios entre el Estado y los oligopolios del combustible.
La verdad es una grosería porque si nos está afectando un montón, porque si vemos el gran cambio entre los precios verdad, y aún con subsidio sigue igual, no ha ayudado bastante.
Los diputados aún deben discutir y aprobar un nuevo subsidio a los combustibles solicitado por el ejecutivo, aunque esta vez no es tan fácil como el primer desembolso.
Uno de los grandes problemas que tiene Guatemala es que, aunque el congreso de Guatemala recién aprobó una ley de competencia, los recursos de subsidios se quedan en los bolsillos de particulares y el beneficio no llega al consumidor final.
Miguel Salay, Ciudad de Guatemala
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