Más de 70 osamentas de vecinos de todas las edades fueron inhumadas en la comunidad de Pacoj y Nueva Cruz del departamento de Chimaltenango, ubicado a 71 kilómetros de la ciudad capital de Guatemala. Los restos pertenecen a pobladores que fueron masacrados el 12 de septiembre de 1982 por el ejército de Guatemala, acusados de ser guerrilleros y enterrados en fosas clandestinas.
Cada relato de los familiares resulta más desgarrador que el otro.
Entre los verdugos, Fabián Martín dice que reconoció a militares estadounidenses.
Otros vecinos de Pacoj lo subrayan.
De los más de 250 mil casos de víctimas directas del conflicto armado interno en Guatemala muy pocos han llegado a los tribunales de justicia y el Estado hace poco o nada por tratar de coadyuvar con las investigaciones, de hecho, pareciera que es el Estado mismo quien intenta encubrir a los perpetradores, tanto materiales como intelectuales del genocidio.
Miguel Salay, Ciudad de Guatemala.
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