El ejemplo más sobresaliente en dicha relación es el eje Washington-Tel Aviv. Aliados interdependientes del capital e intereses a puerta cerrada.
En este marco, este sistema político-financiero es doble moral: así es como Nimrata Randhawa alias “Nikki Haley”, embajadora de Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), puede fácilmente omitir los palestinos muertos.
Niños y niñas torturados y asesinados por las fuerzas paramilitares israelíes y mientras, la comunidad internacional y particularmente Estados Unidos, en ignorancia comprada.
No es casualidad que la actual Administración estadounidense encubra o ignore los crímenes del régimen de Tel Aviv, dado el tema económico y las multibillonarias contribuciones de los así llamados “comités de intereses especiales” a las campañas electorales del Partido Republicano.
Así, analistas advierten que el eje de intereses Washington-Tel Aviv, bajo la dictadura de Trump significa legitimizar el genocidio y la limpieza étnica. Tanto en casa propia, así como en lejanas tierras.
Marcelo Sánchez, Miami.
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