Bolivia importa cerca del 100% del diésel y más del 50% de la gasolina, y la crisis del combustible, sumada a su inminente privatización, está provocando un colapso en las cadenas productivas del país.
Las disculpas del ministro de Hidrocarburos y la falta de certeza sobre cuándo se normalizará el abastecimiento agravan la crisis y la incertidumbre entre los usuarios.
Filas de horas y días por gasolina, con un abastecimiento reducido, golpean el transporte y la economía; hoy el diésel ya alcanza los 18 bolivianos (1,50 dólares) por litro para los grandes consumidores.
El gobierno prometió soluciones, pero el desabastecimiento persiste: el servicio de buses redujo la atención a pasajeros al 50%, y el malestar social continúa en aumento.
La crisis de los combustibles en Bolivia es una realidad que afecta a todos los sectores, y el gobierno con sus promesas no da soluciones, por ende, crece la incertidumbre y la paciencia de la población se va agotando.
Sdenka Saavedra, La Paz.
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