• Viandantes rezan o meditan ante ofrendas a las víctimas mortales del ataque terrorista de La Rambla de Barcelona, 19 de agosto de 2017.
Publicada: domingo, 20 de agosto de 2017 18:23

El sector turístico barcelonés condena los ataques esperando que tengan el menor efecto posible y ensalza la respuesta solidaria de los lugareños.

La industria turística española expresa su solidaridad con las víctimas de los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils y su repulsa por los ataques, que se han cobrado la vida de 14 personas. Al tiempo, espera que tengan el menor impacto posible en la industria turística, que experimenta un auge sin precedentes en los últimos años, hasta el punto de que, pese a su enorme aportación económica, comienza a ser percibido como un problema en algunos puntos especialmente masificados.

Expertos y profesionales del sector sostienen que este tipo de atentados suelen tener un impacto indiscutible en el turismo, aunque en el caso de Barcelona en particular lo contrapesan con la rápida y eficaz respuesta de las fuerzas de seguridad y la solidaridad demostrada por la sociedad, que ayer dejó de lado todo debate sobre el exceso de turismo para dar apoyo a los afectados.

El atentado de Barcelona se ha producido en un momento en el que el turismo, que bate récords en España —se esperan más de 80 millones de visitantes en 2017—, es objeto de debate, de contraposición entre sus beneficios económicos y los problemas que ocasiona: masificación de algunos puntos, que deriva en lo que se ha dado en llamar ‘turismofobia’, expulsión de los vecinos de las zonas céntricas, gentrificación, problemas de alojamiento de trabajadores por la proliferación de apartamentos turísticos, agotamiento de recursos…

Barcelona es un modelo de éxito turístico. Y uno de los motivos, que hay muchos, ha sido su seguridad. Pero esto nos ha demostrado de nuevo que no hay ningún sitio seguro en el mundo, porque solo necesitan una furgoneta”, señala Ricard Santomà, decano de la Facultad de Turismo Sant Ignasi, en Barcelona (noreste de España).

 

Problemas como estos han convertido al turismo en la preocupación número uno de los vecinos de Barcelona. De hecho, la llamada turismofobia ha echado raíz en la ciudad y en las últimas semanas se han producido actos de vandalismo contra autobuses y otros objetivos turísticos por parte de activistas radicales vinculados a las anticapitalistas Candidaturas de Unidad Popular (CUP). Cataluña recibió en 2016 18,1 millones de turistas extranjeros, a los que se suman otros cinco del resto de España. De ellos, Barcelona y su entorno acumularon 12,5 millones.

“Barcelona es un modelo de éxito turístico. Y uno de los motivos, que hay muchos, ha sido su seguridad. Pero esto nos ha demostrado de nuevo que no hay ningún sitio seguro en el mundo, porque solo necesitan una furgoneta”, ha señalado Ricard Santomà, decano de la Facultad de Turismo Sant Ignasi, de la Universidad Ramón Llull. “Es muy posible que haya efecto en el número de turistas a corto plazo, lo hemos visto en ciudades como París”, que en 2016 perdió 1,5 millones de turistas y 1300 millones de euros por los atentados del año anterior, según las autoridades francesas. Entrar en la lista de ciudades que han soportado atentados en los últimos años, como París, Niza o Londres, sostiene, no es positivo para Barcelona y su marca.

“Somos conscientes de que entrar en esa lamentable y terrible lista es un mazazo”, coincide Jordi Clos, presidente del Gremi de Hotels de Barcelona. “Evidentemente, en el futuro, habrá una reacción de caída de reservas, seguro”, ha afirmado a este periódico. Por lo pronto, Clos tiene ya constancia de cancelaciones, sobre todo de gente que está cerca, “en Reino Unido o Francia, que iba a venir a Barcelona este fin de semana”. A futuro, considera “muy difícil” hacer una estimación del impacto que puedan tener los atentados, aunque está convencido de que será menor que en París.

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