• La líder de facto birmana, Aung San Suu Kyi, ofrece declaraciones sobre la violencia contra musulmanes rohingyas, 19 de septiembre de 2017.
Publicada: martes, 19 de septiembre de 2017 3:54
Actualizada: martes, 19 de septiembre de 2017 7:11

La líder ‘de facto’ de Myanmar (Birmania), Aung San Suu Kyi, ha defendido su actuación ante el genocidio de musulmanes rohingyas y la grave crisis humanitaria.

“El Gobierno de Myanmar no ha tenido suficiente tiempo para superar los retos”, ha aducido este martes la consejera de Estado de Birmania en su primera reacción pública ante la situación de la minoría musulmana.

Así ha comenzado su discurso en la Asamblea Nacional de Myanmar justificando su Gobierno, pero, a continuación, ha alegado “sentir profundamente” el sufrimiento de “todas las personas” atrapadas en el conflicto en el estado occidental de Rajine

Suu Kyi ha mostrado, asimismo, su “preocupación” por el número de musulmanes rohingyas que han huido al país vecino Bangladés desde el comienzo de la violencia en su contra, subrayando que su país está comprometido con la paz y estabilidad.

En su más reciente informe, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que hasta el momento más de 417.000 rohingyas han cruzado el río Naf, que sirve de frontera natural con Bangladés, para huir de la discriminación y la cadena de ataques sectarios en su contra.

El Gobierno de Myanmar no ha tenido suficiente tiempo para superar los retos”, señala la líder ‘de facto’ de Myanmar (Birmania), Aung San Suu Kyi.

 

Además, Suu Kyi ha condenado “las violaciones a los Derechos Humanos y la violencia ilegal” a los que son sujetos los musulmanes rohingyas, para después asegurar que su país está listo para verificar el estatus de los rohingyas que han huido a Bangladés, para ayudar al retorno de quienes tengan el derecho a reasentarse.

“Estamos preparados a iniciar el proceso de verificación en cualquier momento”, ha aseverado la consejera de Estado de Myanmar y la Nobel de la Paz 1991, quien ha recibido recientemente duras críticas por la “limpieza étnica” de esta minoría musulmana en el país asiático.

Asimismo, ha dejado claro que Myanmar no teme “el escrutinio internacional” para aclarar los hechos, refiriéndose de esta manera a las llamadas de la comunidad internacional para crear un equipo de expertos para investigar los abusos de DDHH en Myanmar, y en concreto las palabras del canciller británico, Boris Johnson.

Para acabar, Suu Kyi ha recalcado que su país no debe ser dividido por “creencias religiosas”, pese a que les fue retirada la nacionalidad birmana en 1982 a los rohingya, situación que aun es vigente. Además, los rohingyas se encuentran bajo muchas limitaciones: no pueden viajar ni casarse sin autorización, no tienen acceso al mercado laboral ni a los servicios públicos (escuelas, hospitales).

En declaraciones polémicas, Aung San Suu Kyi se limitó a decir que la crisis está siendo distorsionada por un enorme “iceberg de desinformación”. Aun cuando los desplazados rohingyas dicen que el Ejército de este país ha estado llevando a cabo una brutal campaña de represión en su contra, incendiando pueblos y atacando a civiles con el ulterior propósito de expulsarlos de Myanmar.

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