Un estudio llevado a cabo por David Rubin y publicado en Memory and Cognition (Memoria y Cognición) explica que este error al nombrar a las personas cercanas no tiene nada que ver con la edad.
Según ha explicado el profesor de psicología y neurociencias de la Duke University en su trabajo, el fallo se debe al modo en que 'guardamos' a las personas en nuestro cerebro: archivamos por grupos sociales a quienes conocemos.
Slips of the lip stay all in the family – including the family dog. New insights on “misnaming” from Duke: https://t.co/ha4xbdXKJj
— Duke University (@DukeU) April 28, 2016
Así, esa categorización provoca que una madre, por ejemplo, mencione varios nombres antes de acertar con el que realmente quiere decir; sus hijos están archivados en una misma 'carpeta' y no es consciente en un primer momento de la diferencia entre los miembros de ese grupo.
Y así con nombres de familiares o amigos. Incluso, en algún caso de los 1700 estudiados, el nombre de alguna mascota se ha colado en alguna de esas carpetas de archivo de personas.
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