Un fulgor en medio de una tenue penumbra, así es como resplandece Puerto Rico entre las diversas islas caribeñas si se las observa desde el espacio exterior. Y es que la contaminación lumínica que padece la isla ya es objeto de debate en la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés).
El científico puertorriqueño e investigador de dicho organismo, Miguel Román, ha catalogado a esta situación como un problema gravísimo que ciertamente impacta en los patrones culturales y la salud de la población.
A pesar de la estrechez de su territorio, Puerto Rico concentra millones de bombillas en alumbrados, anuncios lumínicos y automóviles. Un exceso que según las autoridades ambientales, puede incluso cambiar patrones biológicos como el sueño.
Mientras que los ambientalistas señalan que las leyes y regulaciones sobre luminiscencia son sistemáticamente quebrantadas por empresas comercios y hoteles, los funcionarios de la Agencia Ambiental indican que aunque la ley no estipula la obscuridad total, si obliga a utilizar distribuciones lumínicas que no afecten el entorno del medioambiente.
La NASA se encuentra trabajando junto a los organismos oficiales con el fin de endurecer la legislación local para que comercios, industrias y hoteles reduzcan el exceso de energía que consume la isla en sus fulgurosas noches, y proteger las especies en peligro de extinción que sufren el impacto de este tipo de contaminación.
Carlos Rubén Rodríguez, San Juan.
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