Publicada: martes, 4 de agosto de 2026 17:30

Las conversaciones entre Irán y Omán sobre el marco operativo del estrecho de Ormuz han entrado en una fase, a pesar de intentos de EE.UU. por obstaculizar el proceso.

Estas conversaciones, iniciadas en los primeros días posteriores al alto el fuego entre Irán y Estados Unidos del 8 de abril y que entraron en una fase más seria tras el acuerdo del 18 de junio para poner fin a la guerra impuesta, evidencian el compromiso de Irán con la vía diplomática y su determinación de proteger sus legítimos derechos soberanos.

Sin embargo, lo que debería haber sido un proceso bilateral sencillo entre dos Estados ribereños ha sido sistemáticamente obstaculizado y desviado por Estados Unidos y ciertos actores regionales que actúan en coordinación con Washington.

“Su obstruccionismo no solo ha retrasado un resultado mutuamente beneficioso, sino que también ha dejado al descubierto la naturaleza vacía de la influencia estadounidense en una región donde los intereses estratégicos de Irán son primordiales e innegociables”, afirmó a Press TV un alto funcionario iraní familiarizado con los detalles de las negociaciones en curso.

La buena fe de Irán y su compromiso diplomático

Desde el inicio, Irán demostró una firme seriedad a la hora de cumplir sus compromisos en virtud de la cláusula 5 del Memorando de Entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés) firmado entre el presidente de la República Islámica de Irán, Masud Pezeshkian, y su homólogo estadounidense, Donald Trump.

Las consultas con Omán se llevaron a cabo con diligencia, y Teherán extendió el mismo espíritu de cooperación a las conversaciones con otros países de la región, señaló la fuente oficial iraní.

Este enfoque refleja el verdadero deseo de Irán de alcanzar un marco estructurado, legal y operativo que garantice el tránsito seguro por el estrecho y, al mismo tiempo, respete los derechos y consideraciones del Estado ribereño que se ha visto más afectado por el uso indebido de esta vía marítima por parte de Estados Unidos.

La expectativa, claramente establecida en el plazo de 30 días contemplado en la cláusula 5, era alcanzar un resultado mediante un diálogo constructivo. Irán acudió a estas negociaciones con una visión clara, centrada en establecer acuerdos que protegieran sus intereses nacionales y la seguridad regional sin necesidad de recurrir a la confrontación, explicó la fuente conocedora del proceso.

Sin embargo, pese a la paciencia estratégica y la voluntad diplomática de Irán, el proceso fue prácticamente desviado por las intervenciones obstructivas de EE.UU. y de ciertos países regionales que han decidido alinearse con la agenda desestabilizadora de Washington.

Han pasado ya más de dos semanas desde que las negociaciones con la parte omaní entraron en una nueva y decisiva fase. Los avances logrados durante este periodo han sido significativos y un acuerdo bilateral entre Irán y Omán está al alcance.

El único obstáculo pendiente es la continua obstrucción de EE.UU. y sus aliados regionales, indicó el funcionario, señalando que, si cesa esta interferencia, existen todas las razones para creer que los dos Estados ribereños pueden finalizar un acuerdo que sirva a sus intereses mutuos y respete los principios de soberanía y del derecho internacional.

El retraso en alcanzar dicho acuerdo no es resultado de una falta de voluntad por parte de Irán, sino una consecuencia directa de la injerencia externa de potencias que no tienen ningún interés legítimo en este asunto, añadió.

Objetivo legítimo del corredor central

El objetivo de estas negociaciones no es interrumpir la navegación mundial ni generar tensión en esta vía marítima estratégica, como suelen afirmar de manera falsa los medios occidentales. Por el contrario, la meta es alcanzar un acuerdo sobre un nuevo corredor que garantice plenamente los derechos soberanos de Irán y atienda las preocupaciones legítimas de un país que ha sido directamente perjudicado por las acciones agresivas de EE.UU. y sus aliados regionales.

El uso indebido de este punto estratégico marítimo por parte de las fuerzas navales estadounidenses y sus aliados, que lo han utilizado como plataforma para lanzar ataques no provocados e ilegales contra Irán, ha dejado a Teherán sin otra opción que exigir una reestructuración fundamental de los acuerdos existentes y definir un nuevo orden marítimo, afirmó el funcionario iraní, que solicitó permanecer en el anonimato.

El corredor central propuesto representa una solución práctica y conforme al derecho internacional. Una vez que este corredor entre en funcionamiento, tanto las rutas del norte como las del sur serán suspendidas, señaló.

Esto no constituye un acto de agresión ni un bloqueo, sino un ajuste medido y necesario para garantizar que el estrecho no pueda volver a ser utilizado como una herramienta contra la integridad territorial de Irán.

El corredor central permitirá el tránsito seguro de embarcaciones comerciales y civiles, al tiempo que garantizará que la seguridad nacional iraní no vuelva a verse comprometida por la presencia de fuerzas navales hostiles operando cerca de sus costas.

Se trata de una medida defensiva, no ofensiva, y es plenamente compatible con el derecho de cualquier Estado soberano a proteger sus aguas territoriales frente a amenazas externas, especialmente después de lo ocurrido en los últimos meses, afirmó el funcionario.

Debe subrayarse que estas negociaciones son exclusivamente entre dos Estados ribereños: Irán y Omán. No tienen absolutamente nada que ver con otros países, incluido Estados Unidos.

Estados Unidos no forma parte de estas conversaciones ni posee ningún fundamento jurídico, histórico o geográfico para intervenir en un asunto bilateral relacionado con las aguas territoriales y los derechos soberanos de dos países vecinos.

La intromisión de Washington supone una clara violación de las normas internacionales y un abierto desprecio hacia la soberanía de los Estados de la región. Irán y Omán tienen plena capacidad para resolver este asunto de manera bilateral, sin necesidad de mediación o presión externa, afirmó el alto funcionario.

La ilusión de la influencia estadounidense

A pesar de su completa falta de legitimidad jurídica, Estados Unidos, bajo la actual administración estadounidense, cuyo presidente fue calificado de “megalómano” por la fuente, ha interferido repetidamente en las negociaciones entre Irán y Omán.

Esta interferencia no está motivada por una preocupación real por la seguridad marítima o la estabilidad regional, sino por un intento desesperado de crear la impresión de que el presidente estadounidense tiene influencia sobre un proceso en el que no desempeña ningún papel legítimo.

El funcionario iraní conocedor del asunto afirmó que el presidente estadounidense, que antes de llegar al poder fue una figura televisiva, intenta fabricar un logro que pueda presentar ante la opinión pública estadounidense como una victoria de política exterior, alegando que sus amenazas y ultimátums le permitieron influir en el resultado de estas negociaciones.

Esta narrativa es completamente falsa. La realidad es que la influencia estadounidense en este proceso ha sido constantemente negativa y desestabilizadora. Lejos de facilitar una solución, la obstrucción de Washington ha ralentizado el avance de las negociaciones y ha provocado retrasos innecesarios.

Irán no define sus intereses ni sus prioridades en función del calendario o las ambiciones de Trump. Las decisiones de Teherán están guiadas por sus propias necesidades de seguridad nacional, sus derechos soberanos y su compromiso con el bienestar del pueblo iraní, no por los caprichos de un líder extranjero que ha demostrado repetidamente su hostilidad hacia la República Islámica y el pueblo de Irán.

La idea de que las amenazas de Trump tienen peso en Teherán es una ilusión a la que Washington se aferra obstinadamente, pese a todas las pruebas en contrario. Sus repetidas amenazas y demostraciones de fuerza siempre han terminado con retiradas humillantes, porque sabe que Irán no se deja intimidar. Sus amenazas belicistas, aunque vacías, están dirigidas esencialmente al consumo interno, señaló el funcionario.

Estados Unidos ha incumplido sus compromisos una y otra vez, e Irán ha avanzado —y continuará avanzando— en su plan para establecer nuevos acuerdos en el estrecho, independientemente de las amenazas y los obstáculos estadounidenses.

Los intentos de Washington por proyectar un poder y una influencia inexistentes en este asunto no solo son inútiles, sino contraproducentes. Cada acto de injerencia refuerza únicamente la determinación de Irán de avanzar con su propia agenda soberana, sin importar las presiones externas.

Estados Unidos ha demostrado en repetidas ocasiones que su palabra no es confiable, y Teherán ha aprendido por amarga experiencia que confiar en las garantías estadounidenses es una empresa inútil. Por ello, Irán ha decidido avanzar bajo sus propios términos, guiado por sus propios intereses, destacó el funcionario.

El contexto histórico y el cambio de enfoque de Irán

Es importante señalar que el corredor oficial existente en el estrecho de Ormuz se encuentra dentro de las aguas territoriales de Omán desde 1968. Durante décadas, Irán no mostró una sensibilidad particular respecto a este acuerdo.

Esta moderación fue reflejo del compromiso de Teherán con la seguridad y la estabilidad regionales, así como de su disposición a mantener el statu quo en aras de una coexistencia pacífica con los países de la región.

Irán podría haber reivindicado sus derechos con mayor firmeza en cualquier momento durante estas décadas, pero optó por la contención debido a su auténtico deseo de preservar la armonía en el golfo Pérsico.

Sin embargo, los acontecimientos de los últimos cinco meses han cambiado fundamentalmente esta situación, señaló el alto funcionario iraní.

El uso de esta vía marítima por parte de la maquinaria bélica estadounidense y sus aliados regionales para lanzar ataques contra Irán ha dejado a Teherán sin margen para mantener su anterior política de moderación.

Irán ha sufrido directamente las acciones agresivas de estas potencias, y la utilización continuada del estrecho como plataforma para operaciones hostiles resulta completamente inaceptable. El Estado iraní tiene el deber de proteger a sus ciudadanos, su integridad territorial y sus intereses nacionales, y no puede permanecer pasivo ante este tipo de provocaciones.

Los últimos cinco meses han dejado claro que el statu quo ya no es sostenible y que esa situación ha llegado a su fin.

Irán, afirmó el funcionario, está decidido ahora a garantizar que los nuevos acuerdos de navegación en el estrecho sean diseñados y gestionados de manera que protejan plenamente sus derechos soberanos, sus intereses nacionales y su seguridad nacional.

Esta determinación constituye el ejercicio del derecho inherente de una nación soberana a defenderse frente a amenazas externas hostiles.

El nuevo corredor será establecido conforme a las necesidades legítimas de Irán, y ninguna interferencia u obstrucción estadounidense podrá cambiar esta realidad. El cambio de enfoque de Irán es una respuesta directa a la agresión que ha sufrido y está plenamente justificado.

Las conversaciones Irán-Omán y el camino a seguir

Las actuales negociaciones entre Irán y Omán representan una oportunidad crucial para establecer un marco estable y legal para la navegación en el estrecho de Ormuz y poner fin a las obstrucciones estadounidenses.

Irán ha abordado estas conversaciones con total sinceridad y un compromiso genuino para alcanzar un acuerdo que sirva a los intereses de ambos Estados ribereños y respete los principios de soberanía y derecho internacional.

El objetivo del corredor central es una medida práctica y defensiva diseñada para proteger a Irán frente al uso indebido continuado de esta vía marítima por parte de EE.UU. y sus aliados regionales.

Washington, sin embargo, ha elegido obstaculizar este proceso mediante repetidas interferencias ilegales, tratando de crear una falsa impresión de influencia para satisfacer a su audiencia interna, especialmente antes de las elecciones de noviembre.

Los intentos desesperados de Trump por fabricar un logro para el consumo interno solo han servido para retrasar una solución y poner de manifiesto el fracaso de la política estadounidense en la región.

Irán no se somete a las amenazas ni ajusta sus prioridades a las exigencias de potencias extranjeras hostiles. Estados Unidos ha violado sus compromisos y obligaciones en repetidas ocasiones, e Irán ha avanzado en su plan para establecer nuevos acuerdos en el estrecho independientemente de las amenazas estadounidenses.

El camino a seguir está claro. Si Estados Unidos y sus aliados ponen fin a su política de obstrucción, un acuerdo bilateral entre Irán y Omán estará al alcance. La postura de Irán es clara, y la parte omaní tampoco debe ceder ante ningún tipo de presión estadounidense, ya sea directa o indirecta.

El estrecho de Ormuz no es un campo de batalla para potencias extranjeras hostiles, sino una vía marítima de enorme importancia estratégica para Irán, y Teherán garantizará que su seguridad y sus intereses sean prioritarios en cualquier futuro acuerdo.

El pueblo iraní y el Estado iraní no serán intimidados, coaccionados ni disuadidos de defender sus legítimos derechos.