Publicada: domingo, 14 de julio de 2024 11:35

En una columna publicada este sábado en el Tehran Times, titulada “Mi mensaje al nuevo mundo”, Masud Pezeshkian, el presidente electo de Irán, expuso sus principales líneas en materia de política exterior.

El recién elegido presidente comenzó su columna reconociendo la estabilidad política de la República Islámica y puso como ejemplo de esta estabilidad la celebración de las recientes elecciones, que calificó de “competitivas, pacíficas y ordenadas”. Acto seguido, Pezeshkian destacó la necesidad de cultivar el consenso, tanto a nivel nacional como internacional, para cumplir con las promesas realizadas durante la campaña electoral. 

El presidente electo también habló sobre mantener la dignidad de la República Islámica y la influencia de su política exterior durante todo su mandato. En este sentido, hay que mencionar que la cultura estratégica iraní —es decir, el conjunto de creencias, suposiciones y modos de comportamiento compartidos, derivados de experiencias comunes y narrativas aceptadas que moldean la identidad colectiva y las relaciones con otros grupos, determinando los objetivos y medios apropiados para alcanzar los objetivos de seguridad— no está determinada por ningún gobierno, sino que forma parte de los principios innegociables sobre los que se construye el país.

De manera general, se pueden destacar dos principios que están directamente relacionados con la identidad islámica, considerada como la principal y sobre la que descansa el resto. Estos principios son:

1. Conseguir la unidad del Islam siguiendo el conocido "mandato ummático. Esto implica adherirse a la idea de Jomeini, el fundador de la República Islámica, y buscar la aproximación entre el sunismo y el chiismo. En otras palabras, se trata de asumir que el Islam es un lenguaje común que permite a los musulmanes interactuar y debatir entre ellos, siempre dentro de los límites de ese mismo lenguaje. En términos técnicos, esta unidad del Islam se conoce como “visión post-mazabi” (mazhab o madhhab significa escuela jurídica en árabe).

2. Construcción de una sociedad justa: Esta es una aspiración ético-política que sirve como un horizonte siempre presente pero nunca alcanzable. Este horizonte obliga a los musulmanes a luchar incansablemente contra la opresión en sus diversas formas y manifestaciones.

Se puede decir, por tanto, que el punto nodal sobre el que se articula todo el discurso iraní es “la identidad islámica, revolucionaria y antioccidental”. A partir de este punto se puede entender toda la política exterior y defensiva de la República Islámica. Gracias a este punto nodal, varios significantes como la independencia, la resistencia, la unidad islámica y la responsabilidad hacia la ummah se articulan entre sí para dar forma al discurso islámico y, al mismo tiempo, diferenciarlo del resto.

Uno de los principios únicos en la política exterior iraní es la responsabilidad hacia el mundo musulmán. Esta responsabilidad transnacional ve las acciones iraníes fuera de sus fronteras como un “deber ideológico”. Dentro de esta visión se encuentra también la política antisionista y el apoyo a los movimientos islámicos de resistencia en la región, conocidos como el “Eje de Resistencia”. A este respecto el presidente se comprometió en la columna a instar a los países árabes vecinos a “colaborar y utilizar todas las influencias políticas y diplomáticas para priorizar el logro de un alto el fuego permanente en Gaza con el objetivo de detener la masacre y prevenir la ampliación del conflicto”.

En muchas ocasiones, la política regional de Irán no puede entenderse desde la racionalidad instrumental y la lógica de coste-beneficio sin tener en cuenta la lógica de la responsabilidad basada en el islam político. Otro de los principios sobre los que se basa la cultura estratégica iraní es la vocación antihegemónica y la voluntad de resistencia. Basándose en la idea de que el Islam debe prevalecer y no ser dominado por otros, la República Islámica entiende que no puede dejarse influenciar por otros países al diseñar e implementar su política exterior. Esta identidad antiimperialista está enraizada en la historia de Irán y en los numerosos intentos por parte de potencias occidentales de controlar el país.

Para lograr el objetivo contrahegemónico, Irán busca cooperación intencionada, coaliciones y alianzas entre fuerzas antihegemónicas a nivel individual, estatal y no gubernamental. Con este fin, Irán ha extendido sus esfuerzos para forjar frentes contra el imperialismo en el Tercer Mundo, el mundo islámico y el continente asiático. En línea con sus discursos "antihegemónicos" y de "resistencia", Irán implementa dos estrategias principales: la "Política de Mirar hacia el Este" y las "Alianzas Sur-Sur".

Otro de los principios esenciales para comprender la cultura estratégica iraní es el discernimiento. Este principio se convirtió en esencial en la política exterior iraní desde la segunda década de la Revolución Islámica. Basado en la jurisprudencia política chií, busca combinar la visión anti-arrogante y antihegemónica con la prudencia en la política exterior. De hecho, el “principio de discernimiento” eleva la supervivencia de la República Islámica a un valor supremo. Desde la Revolución Islámica, Irán ha evitado involucrarse seriamente en disputas y conflictos internacionales para preservar su supervivencia e intereses vitales. En este sentido, hay varios casos que muestran que Irán ha adoptado un enfoque pragmático y orientado a la oportunidad para reducir riesgos y costos en su política exterior. La doctrina del discernimiento también es conocida como la doctrina de la paciencia estratégica.

Después de lo ocurrido el pasado 1 de abril, cuando Israel atacó el consulado de Irán en Damasco, y la posterior respuesta de la República Islámica enmarcada en la Operación “Promesa Verdadera”, las autoridades iraníes han entrado en una nueva fase estratégica conocida como disuasión activa (o defensa ofensiva), que consiste en que cualquier acción israelí será respondida directamente por Irán.

Otros dos principios fundamentales dentro de la cultura estratégica iraní son la autosuficiencia y la independencia. Tras la Revolución Iraní, la búsqueda de capacidades, tecnología y conocimientos autóctonos, especialmente en lo que respecta al ciclo de combustible nuclear, se ha convertido en un motivo de orgullo nacional. De esta manera, Irán intenta eliminar su dependencia de potencias extranjeras. El líder supremo de Irán argumenta que existe una relación causal entre el avance científico, la autosuficiencia y la independencia. El ayatolá Khamenei sostiene que las sanciones estadounidenses y europeas contra Irán no sólo son ineficaces para cambiar la política exterior iraní, sino que en realidad son constructivas porque obligan a Irán a volverse más autosuficiente.

La defensa de estos principios no está supeditada a la voluntad de un gobierno determinado, sea este reformista o principalista. Son principios necesarios para la existencia política de la República Islámica como tal. Esto no significa que no exista un margen amplio dentro del cual es posible alcanzar los mismos objetivos, aunque no siempre se esté de acuerdo en el cómo.

De manera concreta, el presidente electo Pezeshkian habló en su columna de opinión sobre la prioridad de fortalecer las relaciones con los países vecinos. "Defenderemos el establecimiento de una 'región fuerte' en lugar de una donde un solo país busque la hegemonía y el dominio sobre los demás", apuntó. "Creo firmemente que las naciones vecinas y hermanas no deben desperdiciar sus valiosos recursos en competencias erosionantes, carreras armamentistas o la contención injustificada entre ellas", añadió.

Esta visión política comparte objetivos con la política de "buena vecindad" implementada por el gobierno del fallecido presidente Raisi, que también priorizaba las relaciones amistosas entre los países vecinos. Cabe recordar que en la primera reunión entre el Líder Supremo, Ayatolá Ali Khamenei, y el presidente electo Pezeshkian, el primero le recomendó continuar el legado político del presidente Raisi.

Además, desde un punto de vista pragmático, una política basada en relaciones horizontales y libre de opresiones y presiones facilitaría la construcción de una región autónoma, en la cual la presencia militar de países occidentales, principalmente Estados Unidos, no tendría justificación alguna.

En esta cuestión, parece que se puede observar una continuidad entre la política de "buena vecindad" y la política de Pezeshkian de "aprovechar nuestra influencia normativa para desempeñar un papel crucial en el emergente orden global multipolar al promover la paz, crear un entorno tranquilo propicio para el desarrollo sostenible, fomentar el diálogo y disipar la islamofobia".

Otro de los temas señalados por el presidente como prioritarios fueron las relaciones bilaterales entre Irán, China y Rusia. Pezeshkian recordó el papel fundamental de China en la facilitación de la normalización de las relaciones con Arabia Saudita, “demostrando su visión constructiva y enfoque prospectivo en los asuntos internacionales”.

Respecto a Rusia, se mostró seguro de que su administración continuará la expansión y mejora de las relaciones. También se refirió a la necesidad de encontrar una solución diplomática a la actual situación en Ucrania. “Abogamos por la paz para el pueblo de Rusia y Ucrania, y mi gobierno estará preparado para apoyar activamente las iniciativas dirigidas a alcanzar este objetivo”, apuntó el presidente.

Finalmente, la columna se centró en las relaciones con Occidente, específicamente con la UE y los Estados Unidos. Este fue un compromiso electoral del nuevo presidente: “entablar un diálogo constructivo con los países europeos para encaminar nuestras relaciones por el camino correcto, basado en principios de respeto mutuo e igualdad de condiciones”. Pezeshkian reconoció que la relación entre Irán y la UE ha experimentado numerosos "altibajos", pero a pesar de ello, el nuevo gobierno aspira a mejorar las relaciones.

En cuanto a los Estados Unidos, el presidente electo Pezeshkian señaló que Irán no cederá a la presión externa y criticó la retirada unilateral de Estados Unidos del JCPOA en 2018, acusándola de infligir graves daños económicos y humanitarios al pueblo iraní. Subrayó además que la doctrina de defensa de Irán excluye armas nucleares y llamó a Estados Unidos a aprender de sus errores pasados y ajustar su política hacia Irán. También criticó a Estados Unidos y sus aliados occidentales por socavar el Tratado de No Proliferación y manipular la crisis en torno al programa nuclear de Irán, mientras apoyan las armas nucleares de Israel. Pezeshkian instó a Washington a reconocer que la estrategia de dividir a los países de la región no ha tenido éxito y no lo tendrá en el futuro, abogando por un enfoque que evite aumentar las tensiones actuales.

Es importante señalar que el presidente electo no tiene la autoridad para iniciar conversaciones con Occidente, ya que esta es potestad del Líder Supremo. No obstante, como se ha mencionado en artículos anteriores, el presidente puede influir en las decisiones del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (CSSN). Por ejemplo, puede ejercer influencia mediante el nombramiento de ministros y expertos específicos, así como la presentación de dosieres para su discusión en los órganos adecuados, como el CSSN. Además, tiene la prerrogativa de liderar las negociaciones entre Irán y otros actores internacionales.

En conclusión, existen principios fundamentales e innegociables que otorgan a la República Islámica su peculiar carácter político. Estos principios estructuran el programa del presidente electo en materia de política exterior. Se puede afirmar que la cultura estratégica iraní se basa en varios discursos articulados en torno al islam como punto nodal, configurando la identidad de la República Islámica y determinando no solo cómo Irán se comporta políticamente, sino también quién es amigo y quién es enemigo.

La columna del presidente Pezeshkian expresa un respeto por estos marcos discursivos y los principios fundamentales de la República Islámica, sin que esto implique renunciar a su programa electoral, el cual debe ser consensuado con el resto de las instituciones del estado.

Por Xavier Villar