• Retos y logros de una Revolución: Fallecimiento de un Líder
Publicada: domingo, 20 de enero de 2019 12:43

El 3 de junio de 1989, el ayatolá Seyed Ruholá Jomeini, el fundador de la República Islámica, falleció a los 87 años tras sufrir un ataque cardíaco.

Como una de las figuras más influyentes del siglo XX, el Imam Jomeini (P) ha dejado una huella imborrable en Oriente Medio. Alentó a los iraníes y a otros en la región a levantarse en contra de sus líderes imperialistas y dependientes del Occidente.

Solo un día después de su fallecimiento, la Asamblea de Expertos celebró una reunión formal en la que se decidió que el entonces presidente, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, debería ser el próximo Líder del país.

La Asamblea de Expertos está conformada por unos eruditos religiosos, que son elegidos por voto directo del pueblo.

El ayatolá Jamenei era un revolucionario y uno de los seguidores del Imam Jomeini. Se convirtió en un activista contra el Shah en 1962. Fue detenido y torturado en numerosas ocasiones antes de ser exiliado por la SAVAK, el servicio de inteligencia de la dinastía Pahlavi. Después de la Revolución, en junio de 1981, intentaron asesinarle y en el incidente perdió la movilidad de su brazo derecho.

La importancia de designar a un líder en el menor tiempo posible se debe a que, en el sistema político de Irán, el Líder dicta las principales políticas del país. Es el Comandante en Jefe y nombra al presidente del Poder Judicial, al director de la Organización de Radio y Televisión de Irán y a seis miembros del Consejo de Guardianes. También respalda al presidente electo y puede decidir su destitución a petición del Parlamento.

Desde el nombramiento del ayatolá Jamenei como Líder, se han celebrado cuatro plebiscitos para elegir a los miembros de la Asamblea de Expertos. Los miembros de esta Asamblea han estado supervisando los criterios del papel del liderazgo, tal y como se consigna en la Constitución.

eha/rba

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