Por: Nima Tavallaey Roodsari *
Mucho se ha escrito y dicho sobre la vergonzosa discriminación sufrida por el Team Melli, la selección nacional de fútbol de Irán, a manos de Estados Unidos, uno de los países anfitriones de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Sin embargo, lo que resulta incuestionable es que durante este torneo se cruzó una línea cuyas repercusiones se dejarán sentir durante décadas.
Durante años, la FIFA ha repetido el mantra de que el fútbol y la política nunca deben mezclarse. Independientemente de cuán cierto —o falso— haya sido ese principio en el pasado, la propia conducta de la FIFA durante los últimos seis años ha demostrado que ese lema ya no se sostiene.
La FIFA decidió excluir a Rusia y Bielorrusia apenas unos días después del inicio de la denominada “operación militar especial” en Ucrania. Posteriormente, retiró a Indonesia la sede de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA 2023. La razón inmediata alegada fue la oposición del país anfitrión a la participación del régimen de apartheid de Israel.
Avanzando hasta abril de este año, la FIFA decidió, en la práctica, erigirse en intérprete del derecho internacional al negarse a suspender a Israel pese a su flagrante incumplimiento de los propios estatutos del organismo, que prohíben la celebración de partidos oficiales en territorio palestino ocupado.
La declaración íntegra sobre la decisión relativa a la propuesta presentada por la Asociación Palestina de Fútbol señalaba lo siguiente:
“Tras la propuesta presentada por la Asociación Palestina de Fútbol en el 74.º Congreso de la FIFA y la posterior solicitud del Consejo de la FIFA al Comité de Gobernanza, Auditoría y Cumplimiento (GACC) para investigar la participación en competiciones israelíes de clubes israelíes presuntamente radicados en territorio palestino, se llegó a la siguiente conclusión:
La FIFA no debe adoptar ninguna medida, dado que, en el contexto de la interpretación de las disposiciones pertinentes de los Estatutos de la FIFA, el estatus jurídico definitivo de Cisjordania sigue siendo una cuestión no resuelta y altamente compleja conforme al derecho internacional público.
La FIFA debe seguir promoviendo el diálogo y ofreciendo mediación entre la Asociación Palestina de Fútbol y la Asociación Israelí de Fútbol a nivel operativo. En ese contexto, la FIFA continuará facilitando un compromiso estructurado y supervisando la evolución de la situación”.
No hace falta ser un eminente jurista para reconocer que se trata de un ejemplo descarado de politización del fútbol.
Ello resulta especialmente llamativo si se considera que incluso la posición oficial del Gobierno de Estados Unidos reconoce que Cisjordania es territorio palestino actualmente ocupado por Israel, sin mencionar que este constituye un principio firmemente asentado del derecho internacional y respaldado por las Organización de las Naciones Unidas.
En marzo de 2017, durante el proceso de candidatura para albergar el Mundial de 2026, Gianni Infantino declaró:
“El señor Trump es el presidente de los Estados Unidos de América y, como tal, por supuesto que siento un enorme respeto por lo que hace. Él es quien, junto con su Gobierno, debe tomar las decisiones que considere mejores para su país. Para eso ha sido elegido.
Actualmente estamos definiendo los requisitos para las candidaturas. En el mundo hay muchos países que mantienen prohibiciones, restricciones de viaje, requisitos de visado y demás. Es evidente que, cuando se trata de competiciones de la FIFA, cualquier selección clasificada para una Copa del Mundo —incluidos sus aficionados y sus dirigentes— debe poder acceder al país anfitrión; de lo contrario, no puede haber Copa del Mundo.
Los requisitos serán claros. Después, cada país decidirá si desea presentar su candidatura o no en función de esas condiciones”.
Ocho años después, en agosto de 2025, Infantino volvió a afirmar:
“Creo que es importante aclarar este punto. Existe mucha desinformación al respecto. Todo el mundo será bienvenido en Canadá, México y Estados Unidos para la Copa Mundial de la FIFA del próximo año.
Existe un procedimiento para obtener visados y demás. Ese proceso será fluido...
📷 Mensaje de selección iraní desde vestuario de Seattle al mundo del fútbol
— HispanTV (@Nexo_Latino) June 27, 2026
📷Venimos de Irán, una tierra que durante miles de años ha considerado el honor por encima de victoria. Para nosotros, fútbol no es solo una competencia por resultado; es una prueba de carácter. pic.twitter.com/0ldvbjSdYX
Queremos unir al mundo y lo haremos el próximo año. El mundo necesita ocasiones que fomenten la unidad, que reúnan a los equipos, a las personas y a los aficionados.
Así que, una vez más, todos serán bienvenidos. Sean positivos y verán que será una celebración extraordinaria: el mejor Mundial de la FIFA de todos los tiempos”.
Como es bien sabido, la organización de la Copa Mundial de la FIFA 2026 fue adjudicada conjuntamente a Estados Unidos, México y Canadá.
Sin embargo, también resulta evidente que tales requisitos y obligaciones no fueron cumplidos. Por decirlo con moderación. Esto es especialmente cierto en el caso de Irán. Porque, ¿cómo pueden conciliarse las declaraciones de Infantino con hechos como los siguientes?
- La negativa a permitir que Irán estableciera su campamento de entrenamiento en Tucson, Arizona, como estaba previsto inicialmente, obligando a la selección a trasladarse a Tijuana, México.
- La expedición de visados para los jugadores del Team Melli apenas una semana antes del partido inaugural de Irán frente a Nueva Zelanda.
- La denegación de visados a catorce integrantes del cuerpo técnico y administrativo iraní, entre ellos el presidente de la Federación de Fútbol de Irán, el supervisor del equipo, analistas de partidos, responsables de seguridad y encargados de prensa y medios.
- Las demoras de entre cuatro y cinco horas en la frontera cada vez que la selección ingresó en Estados Unidos para disputar un encuentro.
- La negativa a permitir que el equipo entrara en territorio estadounidense con más de 24 horas de antelación para sus dos partidos en Los Ángeles.
- La situación absurda relacionada con el visado del extremo Mehdi Torabi, a quien inicialmente se le concedió únicamente un visado de una sola entrada, aunque posteriormente el problema fue resuelto.
- El interrogatorio y la retención de todos los jugadores iraníes en el aeropuerto, en particular del delantero del Olympiakos F.C. Mehdi Taremi, quien permaneció retenido durante 50 minutos antes de abordar el vuelo con destino al partido frente a Egipto.
- La incapacidad —o la inacción deliberada— del Departamento de Policía de Los Ángeles y del personal de seguridad de los estadios para garantizar la seguridad de los aficionados del Team Melli, quienes fueron agredidos, insultados y acosados, e incluso, según denuncias, algunos sufrieron acoso sexual por parte de miembros de la denominada diáspora iraní en Estados Unidos.
- El absurdo circo mediático en torno al denominado “partido del Orgullo”.
- Las preguntas insultantes y deshumanizantes formuladas antes de los encuentros por propagandistas de países de la OTAN que se presentaban como periodistas.
- La expulsión inmediata del equipo del país tras cada partido, impidiendo que los jugadores completaran el proceso habitual de recuperación posterior al encuentro.
Y la lista continúa, hasta el punto de que Irán y el delantero del Olympiakos, Mehdi Taremi, calificaron el torneo como un «desastre» para el Team Melli.
La situación llegó a tal extremo que incluso USA Today la reconoció, advirtiendo en un informe que ello “sienta un peligroso precedente” para futuros torneos.
Y ese es precisamente el punto central. Al permitir que estos escándalos se desarrollaran, la FIFA hizo añicos la apariencia de imparcialidad que había cultivado durante décadas.
La FIFA ha terminado revelándose como el instrumento de sportswashing de la OTAN. El fútbol, a su vez, se ha convertido oficialmente en otro frente de la pugna geopolítica entre la OTAN y el denominado Eje de la Resistencia, junto con sus aliados, China y Rusia.
* Nima Tavallaey Roodsari es periodista especializado en fútbol y presentador de un pódcast con sede en Suecia. Publica en la red social X bajo la cuenta @NimaTavRood.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
