Por Mohammad Molaei
Aunque la autenticidad de la cita sigue siendo discutida, cada vez parece más válida en nuestra era, y el caso del Líbano no es una excepción.
Antes de la reciente guerra de agresión israelí-estadounidense contra Irán y el posterior desbordamiento del conflicto en la región, la narrativa dominante sostenía que el movimiento de resistencia libanés Hezbolá había dejado de existir, en la práctica, como una fuerza militar viable.
Según esa versión, la organización había perdido a la mayoría de su alto mando, sufrido golpes importantes en su arsenal y visto cómo cientos de sus combatientes caían como mártires en el contexto de un alto el fuego tras la guerra de 2024, sin que el movimiento realizara represalias significativas. Paralelamente, Hezbolá enfrentaba una intensa presión política en Beirut por parte de partidos respaldados por Occidente.
Sin embargo, esta narrativa no ha sido más que una gigantesca campaña de propaganda, en la que incluso Israel terminó siendo víctima —y creyendo— la mentira que había creado.
Hezbolá entró en la nueva fase de la guerra con plena fuerza y desafió todas las expectativas. Contrariamente a la opinión popular, el movimiento estuvo lejos de la pasividad en los meses posteriores a la guerra de 2024 con Israel. Por el contrario, se estaba preparando para el próximo enfrentamiento inevitable con el ejército israelí.
La transformación de la estrategia militar de Hezbolá representa uno de los cambios más significativos en la guerra asimétrica contemporánea.
Tras la reciente guerra, que expuso vulnerabilidades en las tácticas tradicionales de resistencia, el movimiento reestructuró de forma fundamental su enfoque operativo en cinco dimensiones.
Estos cambios abarcan la estructura de las fuerzas, la filosofía de mando, la metodología de los objetivos, la doctrina territorial y la arquitectura de liderazgo. En conjunto, demuestran cómo un movimiento de resistencia altamente motivado puede mantener su relevancia estratégica frente a adversarios tecnológicamente y numéricamente superiores.
🎯Hezbolá🇱🇧 atacó un sistema Cúpula de Hierro israelí
— HispanTV (@Nexo_Latino) May 10, 2026
🔹Según video publicado por Hezbolá, hace dos días dos cuadricópteros explosivos de la resistencia impactaron directamente contra sistema antimisiles Cúpula de Hierro y su personal en zona de Yal al-Alam, en sur del Líbano. pic.twitter.com/MqitfUiVEo
Reestructuración del despliegue de fuerzas
Aunque originalmente Hezbolá era un grupo de resistencia de tipo guerrillero, tras sus experiencias durante las intervenciones en Siria e Irak contra Daesh y otras facciones terroristas respaldadas por Occidente, el movimiento evolucionó hacia una fuerza más convencional, basada en formaciones masivas y despliegues a gran escala.
Sin embargo, los acontecimientos recientes han demostrado las limitaciones de este enfoque frente a adversarios que emplean vigilancia avanzada, capacidades de ataque de precisión e inteligencia en tiempo real, como el ejército israelí. En estos casos, las formaciones concentradas se convierten en blancos especialmente vulnerables para ataques aéreos y artillería.
La respuesta de Hezbolá ha sido desagregar su estructura de fuerzas en unidades más pequeñas y especializadas, diseñadas para operaciones de alto impacto en lugar del control territorial sostenido.
Estas unidades suelen operar a nivel de escuadras independientes, con entrenamiento reforzado en misiones específicas que van desde ataques de precisión mediante drones FPV hasta infiltraciones limitadas y colocación de trampas. Esta transformación exige mayores niveles de habilidad individual, una distribución más sofisticada del equipamiento y una mayor independencia operativa.
Estos equipos especializados están diseñados para generar efectos desproporcionados en relación con su tamaño, priorizando el ocultamiento y la movilidad. Su objetivo no es dominar el campo de batalla en un sentido convencional, sino imponer costos, interrumpir las operaciones enemigas y explotar oportunidades.
Las unidades más pequeñas son más difíciles de detectar, menos vulnerables al poder de fuego concentrado y más adaptables a terrenos complejos. También permiten un uso más eficiente del personal experimentado, concentrando la habilidad en lugar de diluirla en grandes formaciones.
Este cambio no implica el abandono total de las estructuras organizativas más amplias. Más bien, refleja un enfoque en capas, en el que las pequeñas unidades operan dentro de un marco estratégico más amplio, coordinadas para lograr efectos acumulativos.
Mando descentralizado y autonomía operativa
Estrechamente vinculado al cambio en el despliegue de fuerzas se encuentra una transformación en el sistema de mando y control de Hezbolá. Los modelos tradicionales jerárquicos —caracterizados por la toma de decisiones centralizada y cadenas de mando rígidas— resultan poco adecuados para entornos en los que la comunicación está sometida a interferencias y la adaptación rápida es esencial.
La reciente evolución doctrinal de Hezbolá sugiere un movimiento deliberado hacia la descentralización, otorgando a los mandos de niveles inferiores una mayor autonomía en la planificación y ejecución.
Durante la guerra entre Israel y Hezbolá en 2024, los nodos de mando centralizados demostraron ser vulnerables a las interrupciones, ya sea mediante asesinatos selectivos o la intercepción de las comunicaciones.
Empoderar a los mandos subalternos y adoptar la descentralización permite a las unidades responder con rapidez a las condiciones locales sin esperar instrucciones detalladas, reduciendo así los tiempos de reacción y aumentando el ritmo operativo.
La cultura de mando en evolución de Hezbolá parece buscar un equilibrio entre flexibilidad y control: mantener una orientación estratégica general definida por el mando central, al tiempo que se permite discrecionalidad táctica a nivel de unidad.
El modelo descentralizado también complica las estrategias de ataque del adversario. Cuando la capacidad operativa reside en nodos distribuidos en lugar de centros de mando concentrados, el asesinato de líderes produce rendimientos decrecientes.
Cada unidad autónoma se convierte en una entidad operativa autosuficiente, capaz de continuar su misión incluso cuando queda aislada del mando superior.
El cambio hacia operaciones basadas en resultados
Otra evolución significativa en la doctrina de Hezbolá es la transición desde operaciones centradas en la potencia de fuego hacia el ataque basado en resultados. Tradicionalmente, Hezbolá dependía de ataques sostenidos mediante el uso de cohetes de bajo costo, como los de 122 mm y 107 mm, para desgastar a los israelíes.
Esta táctica, que resultó efectiva en guerras anteriores, ha ido perdiendo eficacia frente a un adversario como la entidad sionista, con sistemas militares sofisticados y la capacidad de regenerar rápidamente capacidades defensivas dañadas o agotadas gracias al pozo aparentemente inagotable que representa el dinero de los contribuyentes estadounidenses.
Además, los recursos necesarios para lograr efectos significativos mediante el uso masivo de potencia de fuego son difíciles de reponer para un movimiento como Hezbolá, que se encuentra bajo una presión constante, tanto interna como internacional, sobre su cadena logística.
En lugar de maximizar el número de proyectiles lanzados o de enfrentamientos iniciados, el enfoque de las operaciones basadas en resultados se centra en lograr efectos definidos, como interrumpir la logística, degradar el mando y control, forzar a las fuerzas adversarias a modificar su comportamiento y, sobre todo, infligir bajas.
Al concentrarse en los resultados en lugar del espectáculo, Hezbolá parece estar adaptándose a un entorno en el que cada acción tiene consecuencias estratégicas que van más allá del campo de batalla inmediato. La implementación de esta doctrina ha requerido cambios organizativos dentro de Hezbolá más allá de las unidades tácticas.
La recolección y el análisis de inteligencia han sido claramente reforzados para identificar objetivos cuya destrucción produzca los efectos deseados y mantenga la presión sobre las fuerzas de ocupación.
En términos simples, Hezbolá está aprovechando sistemas de entrega más precisos y una selección más cuidadosa de objetivos para generar efectos estratégicos con un menor consumo de recursos y un menor riesgo de bajas contraproducentes entre sus fuerzas.
🎥🇱🇧 Hezbolá del Líbano: Atacamos un tanque Merkava del ejército israelí en la localidad de Rashaf con un dron, impactándolo con precisión. pic.twitter.com/EmL1ZKy63c
— HispanTV (@Nexo_Latino) May 1, 2026
Abandono de la defensa territorial rígida
Quizás el cambio estratégico más trascendental en la gran estrategia de Hezbolá ha sido el alejamiento de la doctrina de mantener el territorio a cualquier costo.
En fases anteriores de la guerra, el control físico de áreas específicas solía equipararse con el éxito y la legitimidad. La histórica y humillante derrota de la ocupación israelí en Bint Jbeil en 2006 es quizá uno de los ejemplos más destacados de esta política.
Sin embargo, los costos de este enfoque frente a un adversario con una abrumadora potencia de fuego inteligente se han vuelto cada vez más evidentes.
La política revisada de Hezbolá enfatiza la movilidad, la elasticidad y, de manera más notable, el desgaste constante en lugar de la defensa estática. En lugar de anclar sus fuerzas a posiciones fijas, el movimiento de resistencia ha adoptado una estrategia centrada en infligir bajas, interrumpir la consolidación y evitar que el adversario logre un entorno operativo estable.
Esto incluye el uso de hostigamiento móvil, ataques de perturbación y enfrentamientos temporales diseñados para imponer costos sin comprometerse a una defensa prolongada.
Israel puede tomar aldeas y tierras al sur del Litani, pero nunca podrá mantenerlas. Lo que hace Hezbolá es abandonar terreno cuando es necesario para impedir la consolidación.
La política es clara: el Líbano ocupado es y seguirá siendo una zona de muerte para los soldados del régimen israelí. Así, la victoria ya no se mide únicamente por los mapas, sino por la carga acumulativa impuesta al sistema militar y político del adversario. Esta redefinición del éxito se alinea con el énfasis de la organización en la resistencia prolongada y la resistencia a largo plazo.
En muchos sentidos, este cambio de política representa un retorno a las tácticas de Hezbolá de las décadas de 1980 y 1990. Hezbolá ha decidido jugar a largo plazo. Mientras Israel ha logrado tomar ciertas regiones fronterizas y aún podría avanzar más en el Líbano, nunca logrará consolidar su ocupación ni mantener el control del territorio sin pagar un precio constante en vidas de sus soldados.
Incluso si esto toma varios años, el desgaste continuo en el sur del Líbano eventualmente obligará a los israelíes a replantearse los beneficios de su ocupación. La introducción masiva de drones FPV en la guerra ha reforzado aún más esta nueva política, permitiendo a Hezbolá mantener una presión constante sobre las fuerzas israelíes de manera indefinida y a costos asumibles.
Transición generacional y renovación organizativa
Sin duda, el daño más significativo infligido a Hezbolá en 2024 fue el martirio de casi toda su alta cúpula de mando y, de manera más destacada, el de su histórico secretario general, Seyed Hasan Nasralá, un líder que encarnó la resistencia libanesa y proyectó su influencia mucho más allá de las fronteras del Líbano durante décadas.
No es exagerado afirmar que la mayoría de los ejércitos nacionales no habrían podido sobrevivir al impacto acumulado de los ataques terroristas con buscapersonas, una guerra devastadora y la pérdida de toda su alta jerarquía militar.
Contra todo pronóstico, Hezbolá ha logrado adaptarse y reorganizar su liderazgo militar. La última dimensión de la evolución estratégica del movimiento implica una transición forzada en el mando.
Estas pérdidas, resultado de asesinatos selectivos y bajas en el campo de batalla, han eliminado a gran parte de su liderazgo militar superior: oficiales con décadas de experiencia que habían dirigido con éxito a Hezbolá a lo largo de la liberación del sur del Líbano, la guerra de 2006 y numerosos conflictos más allá de las fronteras libanesas.
La generación de líderes que ha desaparecido aportaba una experiencia irreemplazable, habiendo desarrollado las capacidades militares de Hezbolá desde un movimiento de resistencia incipiente hasta una fuerza de combate regional sofisticada. Esta gran pérdida generó tanto crisis como oportunidad, al forzar la promoción acelerada de comandantes más jóvenes, al tiempo que transformó la cultura organizativa y los procesos de toma de decisiones.
Los comandantes más jóvenes —menos atados a doctrinas históricas y tradiciones organizativas— están demostrando una mayor disposición a adoptar los cambios estratégicos antes mencionados.
La nueva generación ha madurado en un entorno operativo distinto, moldeado por guerras recientes más que por experiencias anteriores. Sus instintos tácticos y supuestos estratégicos pueden estar mejor alineados con las realidades contemporáneas del combate.
Además, la promoción acelerada también crea estructuras de incentivos que premian la iniciativa y la eficacia, lo que potencialmente dinamiza a la organización.
Esta transición también se alinea con el cambio hacia un mando descentralizado. A medida que los líderes más jóvenes asumen mayores responsabilidades, el énfasis de la organización en la autonomía y la iniciativa se convierte tanto en una necesidad como en una prueba.
La eficacia de la estrategia evolutiva de Hezbolá dependerá en gran medida del desempeño de estos nuevos líderes. Los resultados observados hasta el momento permiten albergar un considerable optimismo respecto al futuro de Hezbolá como una fuerza de combate eficaz.
La resistencia perdura
A pesar de todo el ruido en los medios occidentales y de todas las afirmaciones de victoria por parte del régimen israelí, la resistencia libanesa sigue viva y más fuerte.
Estos cinco cambios sugieren un esfuerzo deliberado de Hezbolá por construir una postura militar más resiliente y adaptable. Al priorizar unidades pequeñas de alto impacto, descentralizar el mando, centrarse en los resultados más que en el volumen, evitar compromisos territoriales rígidos e integrar a una nueva generación de líderes, está alineando su estrategia con las nuevas realidades.
Estas adaptaciones han desafiado con éxito evaluaciones previas sobre el equilibrio militar entre Israel y Hezbolá. La historia muestra que un ejército que enfatiza la disrupción y la resistencia por encima del enfrentamiento decisivo es difícil de disuadir o derrotar mediante medios convencionales.
Al mismo tiempo, evitar la fijación territorial puede reducir la probabilidad de batallas convencionales a gran escala, alterando la naturaleza del enfrentamiento más que su existencia, y convirtiéndolo en un atolladero prolongado para los ocupantes.
Si estas adaptaciones resultarán efectivas a largo plazo aún está por verse. Mucho dependerá de la capacidad de Hezbolá para mantener su cohesión militar actual, gestionar la transición generacional y equilibrar flexibilidad con control.
Lo que está claro es que la doctrina militar de Hezbolá ya no se define únicamente por los paradigmas de sus guerras anteriores. En su lugar, representa una síntesis evolutiva de lecciones aprendidas, moldeada por la necesidad y condicionada por las circunstancias.
Por ahora, los resultados muestran que Hezbolá ha logrado redefinirse como una potencia militar. Para cualquier persona interesada en asuntos militares, la transformación de Hezbolá ofrece un caso de estudio sobre cómo una organización armada superada en número y en armamento puede adaptarse a sus adversarios y a la naturaleza cambiante de la guerra mediante pura voluntad y capacidad.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
