El diésel se acerca a los 150 lempiras, unos seis dólares por galón, en Honduras. Desde enero, este carburante acumula uno de los incrementos más fuertes, mientras las gasolinas también registran aumentos que presionan directamente a consumidores y sectores productivos.
Honduras depende de la importación de carburantes y está expuesta a las variaciones del mercado internacional. Pero el impacto no queda únicamente en quienes llenan un tanque: el aumento del transporte comienza a recorrer toda la cadena de producción y distribución.
El transporte es uno de los primeros sectores en sentir la presión. Conductores aseguran que una proporción cada vez mayor de sus ingresos termina destinada al combustible, reduciendo el margen que obtienen diariamente por prestar el servicio.
Aunque parte del encarecimiento responde al escenario internacional, el debate alcanza ahora las medidas que puede adoptar el Gobierno para amortiguar sus consecuencias. Desde sectores de oposición reclaman intervenir sobre impuestos y precios para reducir la presión sobre la población.
Con el diésel en niveles históricos y nuevas variaciones cada semana, el impacto amenaza con extenderse todavía más sobre transporte, alimentos y servicios. La disputa se centra ahora en cuánto de esa presión internacional terminará absorbiendo el Estado y cuánto continuará llegando directamente al bolsillo de los hondureños.
Daniel Sierra, Tegucigalpa de Honduras.
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