La escena tuvo lugar durante la ceremonia previa al partido disputado en Bačka Topola, Serbia, donde el guardameta irlandés Caoimhin Kelleher, quien ejerció como capitán en ausencia de Dara O’Shea, cumplió con el saludo protocolario con el árbitro y uno de sus asistentes, pero evitó estrechar la mano del capitán israelí Dor Peretz.
La decisión de Kelleher repitió la postura adoptada por O’Shea en el primer duelo entre ambas selecciones, cuando el defensor irlandés se negó a saludar al capitán israelí Manor Solomon. En aquel encuentro, Irlanda se impuso por 3-0 tras marcar los tres goles en la primera mitad.
El segundo enfrentamiento entre ambos equipos, correspondiente al Grupo 3 de la Liga B, terminó con empate 1-1. Troy Parrott adelantó a Irlanda desde el punto de penalti en el minuto 39, tras una falta de Peretz sobre Jimmy Dunne, mientras que el propio capitán israelí igualó el marcador poco después del descanso.
El encuentro se disputó a puerta cerrada en un estadio neutral de Serbia después de que la FAI trasladara el partido fuera de Dublín por “razones operativas”. Además, el organismo irlandés había pedido a la UEFA excluir a Israel de sus competiciones.
La decisión de mantener los dos partidos generó una fuerte oposición en Irlanda. Más de 160 deportistas irlandeses firmaron una carta abierta para pedir a la federación reconsiderar la celebración de los encuentros, mientras que manifestantes se concentraron frente al hotel de la selección en Dublín antes del primer partido.
El sindicato SIPTU también colocó un gran cartel junto al río Liffey, en Dublín, instando a los jugadores a “seguir su conciencia” y a “no jugar con el genocidio”.
El seleccionador irlandés, Heimir Hallgrimsson, reconoció previamente la creciente presión sobre el equipo y señaló que la situación se acercaba a un “punto límite”.
El guardameta suplente Gavin Bazunu fue el único jugador irlandés que decidió retirarse de ambos partidos. El portero afirmó que su decisión respondía a su “creencia personal de que matar a personas inocentes está mal”.
El exseleccionador de Irlanda Brian Kerr criticó a la FAI por permitir la disputa de los encuentros y afirmó que la federación había “perdido el respeto del pueblo irlandés”. La organización, por su parte, argumentó que retirarse podría exponer al país a sanciones de la UEFA, especialmente con Irlanda como una de las sedes de la Eurocopa 2028.
Las tensiones aumentaron aún más cuando un periodista israelí acusó a jugadores irlandeses de haber llamado “monos” a futbolistas israelíes durante el primer partido. El responsable de comunicación de la selección irlandesa, Kieran Crowley, rechazó la acusación calificándola de “mentira” y puso fin a la rueda de prensa.
Además, la cadena pública RTÉ limitó la cobertura de los partidos contra Israel y anunció que Irlanda boicoteará por segundo año consecutivo el Festival de Eurovisión debido a la participación israelí.
mep/msm
