Según la agencia de noticias iraní Tasnim, citando este sábado a la agencia británica Reuters, a pesar de la caída del petróleo a 80 dólares por las expectativas de un acuerdo entre EE.UU. e Irán, un análisis advierte que el mercado energético sigue frágil, con las reservas escaseando, la capacidad de refinación reducida y el conflicto ampliado al mar Rojo, lo que hace inviable un retorno rápido a los precios bajos.
El precio del Brent cayó desde los 100 dólares por barril hasta cerca de 80, tras los anuncios de un posible entendimiento que permitiría reabrir parcialmente el estrecho de Ormuz, por donde pasaba una quinta parte del petróleo mundial. Sin embargo, los analistas subrayan que el optimismo es frágil. A diferencia de junio, cuando el memorado de entendimiento entre Irán y EE.UU. generó expectativas de una avalancha de oferta, ahora Teherán ha fortalecido su posición, los inventarios han disminuido y los cuellos de botella se han multiplicado. El mercado ya no cuenta con una reserva inmediata de crudo para aliviar la presión.
El control del estrecho se ha convertido en el eje del conflicto, y Teherán ha tomado la delantera, al volver a cerrar el estrecho de Ormuz, en reacción a las violaciones del memorando por parte de EE.UU. Mientras Estados Unidos y sus aliados niegan cualquier concesión, los productores del Golfo Pérsico, asfixiados por la caída de sus ingresos, podrían aceptar un compromiso que les permita recuperar parte de sus exportaciones.
La presión sobre el presidente Donald Trump, en plena campaña electoral, añade un factor político clave, pero cualquier acuerdo provisional solo ocultaría las tensiones de fondo sin resolver las causas estructurales de la crisis.
Los datos de inventario reflejan la fragilidad. De los 150 millones de barriles almacenados detrás del estrecho, ya han salido unos 70 millones, y solo quedan 80 millones, por lo que una eventual “inundación” de oferta sería mucho más limitada. El mercado de futuros del Brent, que en junio anticipaba un superávit, ahora muestra una estructura de ‘contango’ inverso, señal clara de escasez a corto plazo. Los márgenes de refinación de diésel, además, se han disparado más de un 50 % desde mediados de junio, evidenciando que el problema no es solo el crudo, sino la falta de combustibles refinados para la industria y el transporte.
A esto se suma la extensión del conflicto al mar Rojo, donde el grupo Ansarolá ha bloqueado las exportaciones saudíes, una ruta alternativa que llegó a mover 4 millones de barriles diarios. Este nuevo frente limita cualquier expectativa de recuperación rápida y añade incertidumbre a las negociaciones. En este escenario, los operadores asumen riesgos mucho mayores que en junio.
La reapertura de Ormuz, siempre que EE.UU. cumpla las condiciones de Irán, podría aliviar temporalmente la tensión, pero no devolverá la era del crudo barato, y cualquier acuerdo parcial corre el riesgo de fortalecer a Irán como un actor volátil en un mercado energético mundial permanentemente alterado.
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