Publicada: domingo, 26 de noviembre de 2017 12:24
Actualizada: lunes, 27 de noviembre de 2017 7:34

Ahora y cada vez con mayor rapidez, producto de la investigación rigurosa no sólo de agencias sino de personas comprometidas con la verdad, se descubre la trama oculta en cada caso de política internacional que ocurre.

Mantener la ignorancia sobre los hechos es superada por páginas que no dudan en mostrar la realidad pese a que sufran saboteos, persecución, cierres, sean infectados de malware o se proceda con otras formas de coacción como amenazas a sus directores, incluido el cierre de sus transmisiones, entre otras. Declarar agentes extranjeros con el fin de atemorizar es la nueva estrategia legal y coercitiva.

Así, lo que se presentó como una noticia positiva por los Medios occidentales, el proyecto anticorrupción del príncipe heredero actual, Mohamad bin Salman, no ha sido otra cosa que una purga interna contra el linaje crítico o contrario, especialmente con el fin de reprimir, controlar y exprimir.

El mecanismo utilizado ha sido el encarcelamiento y la tortura. El informativo Daily Mail confirma que los príncipes, multimillonarios miembros de la realeza saudita detenidos, son torturados por estadounidenses, expertos en tácticas de delación y extracción de confesiones válidas o prefabricadas aplicando golpes, heridas, insultos, amedrentamiento con herir a hijos o familiares, colgamiento, entre otras técnicas no reveladas, las que forman parte del arsenal empleado, (similar a Guantánamo en Cuba), utilizando a la experimentada empresa de seguridad privada Academi.

No obstante, ocultar la represión no ha sido posible puesto que las denuncias de tortura han sido comprobadas por la misma historia saudí como patrocinador del terrorismo, con empleo de armas químicas de destrucción masiva, creación del EIIL (Daesh, en árabe) y Al-Qaeda, uso del suplicio como factor de delación y sufrimiento. Las evidencias sobre la estrecha relación entre la empresa llamada Academi hoy (para desviar la atención de su antiguo nombre, Blackwater, vinculada a dictaduras latinoamericanas), es absoluta ya que son cientos de contratos para proveer mercenarios en Yemen, por ejemplo.

Se destaca que en abril de 2016, el Comité de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que observa la Convención contra la Tortura, en su última visita a la monarquía denunció nuevamente el uso masivo de torturas en Arabia Saudí para obtener confesiones de los detenidos y exigió el cese de tales prácticas, que violan la Convención de Derechos Humanos y la multiplicidad de tratados vigentes en este campo.

El Comité contra la Tortura, que supervisa los países aproximadamente cada cinco años, llamó a las autoridades saudíes a detener los castigos corporales, entre los que se encuentran palizas y amputaciones, insistiendo en que no ha podido realizar sus investigaciones en Arabia Saudí debido a la negativa del régimen de Al Saud -familia que rige Arabia Saudí- a hacer entrega de su informe durante diez años. Un caso modelo de violencia es el del activista y bloguero saudí Raif Badawi, encarcelado por reprobar la ideología extremista wahabí, supuestos insultos a clérigos wahabíes y críticas a la “policía de la moral” saudí en su blog, estableciendo su condena a diez años y 1000  azotes.

De este modo, el régimen saudí ha logrado cuatro objetivos: uno, detener el cuestionamiento interno a las políticas de la Casa Saud; dos, fortalecer la línea dura interna y externa; tres, apropiarse de las riquezas de los millonarios saudíes para engrosar su propio peculio y financiar campañas militares; cuatro, ofrecer la imagen de un reino que usa la dictadura férrea como mecanismo gubernamental aplicable cuando sea necesario, evitando hacer pública su línea de amputación como constante.

Las conclusiones son interesantes: la misma agencia británica Reuters ha confirmado que las medidas del régimen saudí para aliar a los países de la región contra Irán y Hezbolá han fracasado y Riad no ha podido hacer frente a Teherán. Así mismo, la política oficial del Reino tampoco ha logrado consolidar un liderazgo en la región puesto que la fortaleza diplomática y militar de Irán disuade a naciones dependientes de vincularse a un conflicto que seguramente perderían integralmente. Conjuntamente con ello, el Eje Washington-Riad-Israel, no ha sido capaz de crear una imagen mundial de pacificadores puesto que los tres regímenes han sido violadores de derechos humanos en el planeta y están vinculados a proyectos que utilizan la tortura como instrumento para lograr sus fines, sin importar lo anti éticos que sean.

Es hora que la reciente reunión en la ciudad rusa de Sochi fortalezca claramente la alianza entre las naciones que han manifestado decantarse por el anti terrorismo (Rusia-Turquía-Irán), y que contemple una muralla militar impenetrable en la región de takfiríes o bandas mercenarias. Seguramente el régimen estadounidense intentará continuar ilegalmente en Siria, apoyando a Daesh y dando armas a los “rebeldes moderados” u oposición foránea violenta, incentivando la efervescencia con los kurdos, fomentando la inestabilidad en el Líbano, con el fin de impedir la paz en el Medio Oriente.

Afortunadamente, pese a la sangre de mártires e inocentes derramada y dolorosa, las derrotas del terrorismo parecen ensanchar las avenidas del mundo a favor de la solución dialogada y política…sin descuidar el proyecto defensivo-disuasivo.

Carlos Santa María
Carlos Santa María Carlos Santa María es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.

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