“El fuerte aumento de los precios de la energía, la inflación y el estancamiento económico han afectado a numerosos países de la región”, ha declarado este lunes el ministro de Economía de Irán, Seyed Ali Madanizade, en el marco de la 42.ª sesión del Comité Permanente para la Cooperación Económica y Comercial de la Organización de Cooperación Islámica (COMCEC, por sus siglas en inglés), celebrada en Estambul (Turquía).
En este sentido, ha subrayado la necesidad de reforzar la cooperación entre los países islámicos y adoptar medidas conjuntas para hacer frente a los desafíos económicos que afronta la región. Además, el ministro iraní ha anunciado que mantendrá reuniones bilaterales con los ministros de Economía y Comercio de los países participantes.
Según Madanizade, estas conversaciones estratégicas buscan identificar nuevas rutas comerciales, ampliar el intercambio bilateral y desarrollar mecanismos financieros alternativos para contrarrestar el terrorismo económico de Washington y proteger a los Estados miembros frente a las presiones externas.
“Estamos trabajando para identificar nuevas rutas y oportunidades que permitan desarrollar nuestras relaciones económicas y comerciales. Esto nos ayudará a frustrar los planes dirigidos contra la economía iraní y a superar con éxito la situación actual”, ha reiterado el funcionario persa.
Al reafirmar la capacidad de resistencia económica de Irán, Madanizade ha rechazado los pronósticos occidentales sobre un posible colapso de la economía iraní debido al peso de las sanciones. “Los enemigos han intentado en varias ocasiones doblegar la economía del país, pero, gracias a Dios, no lo han conseguido”, ha declarado.
Irán ha sido objeto de una campaña del terrorismo económico y de medidas coercitivas unilaterales por parte de sucesivas administraciones estadounidenses, entre ellas las de Barack Obama, a principios de la década de 2010, y Donald Trump, a finales de ese mismo decenio.
Desde la retirada ilegal de Washington del acuerdo nuclear en 2018, EE.UU. ha impuesto amplias sanciones a los sectores bancario, energético, naviero y comercial de Irán, con el objetivo de asfixiar la economía nacional y forzar concesiones políticas.
Esta campaña se ha reactivado tras el fracaso de la guerra de agresión de EE.UU. e Israel contra Irán a principios de este año, con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, al frente de una nueva oleada de medidas financieras y un bloqueo marítimo ilegales.
Sin embargo, Teherán ha sostenido reiteradamente que estas campañas de “máxima presión” no solo han fracasado en la consecución de sus objetivos declarados, sino que también han reforzado la determinación de Irán de alcanzar la autosuficiencia y diversificar sus alianzas económicas, alejándose de los sistemas financieros dominados por Occidente.
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