Los hechos tuvieron lugar en el pueblo de Beit Ula, en el noroeste de Al-Jalil, donde las fuerzas israelíes demolieron también un pozo de agua que data de la época romana.
El objetivo de tales medidas es asegurar a los agricultores palestinos de que ya no podrán cultivar en sus campos y obligarlos, de este modo, a abandonar la zona y dejarla para ser confiscada por los colonos.
El 27 de enero, un tribunal israelí emitió una orden para confiscar decenas de hectáreas de los territorios en el oeste de Beit Ula.
kaa/ktg/mrk
