• Mohamed al-Farah, alto miembro del buró político del movimiento popular yemení Ansarolá.
Publicada: miércoles, 14 de octubre de 2026 8:36

Un alto cargo de Ansarolá comparó el actual atolladero de Arabia Saudí en Yemen con el que quedó atrapado EE.UU. tras involucrarse en la guerra contra Irán.

Mohamed al-Farah, alto miembro del buró político del movimiento popular yemení Ansarolá, afirmó el martes que “tanto en la guerra (estadounidense-israelí) contra Irán como en la ofensiva (saudí) contra Yemen, los errores de cálculo y los informes engañosos llevaron a los agresores a embarcarse en una aventura militar, apostando por el rápido colapso del adversario”. Sin embargo, subrayó que la realidad terminó siendo muy distinta de lo que habían previsto.

Al-Farah explicó que, durante la última escalada de tensiones, los informes de sus allegados indujeron a error a las autoridades saudíes, haciéndoles creer que sus aliados estaban a la espera de la orden para actuar, que el estallido de disturbios internos en Yemen era inminente y que el país caería en cuestión de instantes.

Según el dirigente, Riad esperaba hacerse con el control de las costas, los recursos petroleros y las riquezas de Yemen, así como someter a su población. En este sentido, sostuvo que las autoridades saudíes daban por segura la victoria y consideraban que bastaba con lanzar una operación militar para alcanzar sus objetivos.

Al-Farah comparó este escenario con lo ocurrido en el caso de Irán y afirmó que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, intentó involucrar al presidente estadounidense, Donald Trump, en el conflicto mediante evaluaciones de inteligencia engañosas.

En este sentido, afirmó que Netanyahu convenció a Washington de que un primer ataque paralizaría a Irán y permitiría a los aliados de Israel y Estados Unidos derrocar desde dentro al sistema iraní.

El dirigente yemení añadió que el plan también contemplaba el colapso del sistema político iraní, la captura de sus capacidades militares y la exclusión del país del Eje de la Resistencia.

No obstante, Al-Farah aseguró que los acontecimientos se desarrollaron de manera muy distinta de lo previsto: el sistema iraní no cayó, el país no fue ocupado ni se desintegró. Por el contrario, afirmó que Irán demostró su capacidad para resistir y combatir.

El alto cargo yemení señaló que Estados Unidos terminó afrontando consecuencias militares, de seguridad, económicas y políticas que superaron ampliamente las previsiones en las que se había basado la decisión de entrar en guerra.

 

Según Al-Farah, esta situación planteó importantes desafíos políticos para la Administración Trump y el Partido Republicano, que podrían repercutir en sus resultados en las próximas elecciones.

El dirigente añadió que Arabia Saudí afrontó una situación similar en Yemen, al confiar en promesas de una victoria rápida, sobreestimar las capacidades de sus aliados y subestimar las de sus adversarios.

Señaló que Riad llegó a considerar la ocupación de Yemen y el control de sus recursos como resultados prácticamente seguros. Sin embargo, subrayó que existe una gran diferencia entre los informes elaborados a puerta cerrada y la realidad sobre el terreno.

El miembro de Ansarolá concluyó que Yemen no cayó como había prometido Riad, ni Irán se derrumbó como había previsto Washington.

de acuerdo con Al-Farah, ambas experiencias demuestran que quienes emprenden una guerra basándose únicamente en la información que reciben se arriesgan a toparse con una dura realidad y quedar atrapados en un atolladero, como les ocurrió a Estados Unidos y Arabia Saudí.

Este miércoles por la madrugada, las fuerzas armadas yemeníes atacaron la sede central de la petrolera saudí Aramco, ubicada en la ciudad de Dhahran, en el este de Arabia Saudí. El ataque se produjo después de que Yemen advirtiera a los empleados y civiles que se encontraban cerca de las instalaciones petroleras saudíes que las evacuaran, al considerar estos emplazamientos un “objetivo legítimo”.

La advertencia se produjo en respuesta a un ataque saudí contra la estación central Al-Sabah de la Compañía Petrolera Yemení, en Saná, capital donde tiene su sede el Gobierno de Ansarolá.

La actual escalada entre Yemen y Arabia Saudí se intensificó en julio, cuando Riad reanudó los bombardeos contra zonas cercanas al aeropuerto internacional de Saná. Desde entonces, las tensiones han ido en aumento, con nuevos ataques y amenazas de represalia, en un contexto marcado por las denuncias yemeníes del bloqueo económico impuesto por Arabia Saudí y de sus operaciones militares contra las infraestructuras del país.

En octubre, las fuerzas yemeníes anunciaron nuevas operaciones contra objetivos saudíes, entre ellos el aeropuerto internacional Rey Jalid, en Riad. Asimismo, advirtieron de que ampliarían sus objetivos militares si continuaban las agresiones.

Por su parte, el Ministerio de Exteriores yemení sostuvo que los ataques y el bloqueo acumulados durante años justificaban una respuesta militar y exigió a Arabia Saudí que pusiera fin a sus acciones hostiles.

ayk/hnb