Por Ivan Kesic
- Tahmasb I trasladó la capital safávida de Tabriz a Qazvin a mediados del siglo XVI, y Qazvin siguió siendo la capital del Irán safávida durante aproximadamente medio siglo, hasta que el sah Abás I trasladó la corte a Isfahán en 1596-1597.
- La avenida real, que corresponde en términos generales a la actual calle Sepah, era un espacio urbano y recreativo meticulosamente diseñado que combinaba la circulación y el tránsito público con elementos paisajísticos como árboles y canales de agua, y que constituyó un importante antecedente del célebre Chaharbaq de Isfahán.
- Se conservan numerosos vestigios del antiguo y extenso complejo real safávida, entre ellos el pabellón Chehel Sotun y la puerta Ali Qapu, que continúan siendo importantes atractivos turísticos.
Mucho antes de que Isfahán se convirtiera en la joya de la arquitectura safávida, Qazvin sirvió como un laboratorio en el que comenzó a tomar forma una nueva concepción de la capital iraní: un paisaje real de palacios, jardines, avenidas y espacios públicos que transformaría profundamente el diseño urbano iraní durante los siglos posteriores.
Cuando el sah Tahmasb I trasladó la capital safávida de Tabriz a Qazvin a mediados del siglo XVI, hizo mucho más que reubicar la corte real. Transformó la organización espacial y política de una de las ciudades más antiguas de Irán, creando un nuevo paisaje real junto al tejido urbano ya existente.
Qazvin permaneció como capital safávida durante aproximadamente medio siglo, hasta que el sah Abás I trasladó la corte a Isfahán, alrededor de 1596-1597.
La decisión de trasladar la capital tenía claras razones estratégicas. Tabriz había estado expuesta en repetidas ocasiones a los ataques otomanos, mientras que Qazvin se encontraba más al este y ocupaba una posición crucial en las rutas que conectaban el noroeste de Irán con las regiones centrales y orientales del país. La ciudad también se encontraba en importantes rutas comerciales terrestres que conectaban Anatolia, Rusia y el oeste de Irán.
Sin embargo, la importancia de Qazvin durante la época safávida va más allá de su ubicación estratégica. Su relevancia radica, en parte, en su posición en un momento crucial de la historia iraní.
Tabriz había sido la primera gran capital safávida; Isfahán se convertiría posteriormente en el gran escaparate arquitectónico del imperio. Qazvin se encuentra entre ambas, no solo cronológicamente, sino también desde el punto de vista arquitectónico y conceptual.
Fue en Qazvin donde la corte safávida comenzó a desarrollar un lenguaje arquitectónico y urbano que posteriormente sería ampliado a una escala mucho más grandiosa por el sah Abás en Isfahán.
Una capital superpuesta a una ciudad más antigua
Una de las conclusiones más importantes que se desprenden de las investigaciones sobre la Qazvin safávida es que la capital no debe imaginarse como una ciudad completamente nueva y planificada, construida sobre un terreno vacío.
Más bien, la capital safávida tomó forma mediante la incorporación de un distrito real y gubernamental a un tejido urbano ya existente. Qazvin adquirió una importancia extraordinaria tras el establecimiento del dominio safávida, especialmente durante el reinado del sah Tahmasb.
Como nueva capital, la ciudad se convirtió en destino de diversos grupos étnicos, tribales, religiosos y administrativos atraídos por la corte real. Su creciente relevancia política trajo consigo profundas consecuencias religiosas y comerciales, además de su transformación arquitectónica.
El desplazamiento de poblaciones, así como la llegada de funcionarios de la corte y otros grupos, estuvo estrechamente ligado a los cambios en la estructura física de la ciudad.
La Qazvin safávida estaba formada por dos mundos interrelacionados, aunque claramente diferenciados. Uno era la ciudad antigua, con sus barrios consolidados, bazar, mezquitas y red de calles. El otro era el nuevo barrio real, que se desarrolló principalmente al norte del núcleo urbano antiguo.
En este paisaje real en expansión, el sah Tahmasb estableció un amplio complejo gubernamental y residencial compuesto por palacios, jardines, patios, avenidas y otras estructuras asociadas. El pabellón Chehel Sotun y la puerta Ali Qapu, que aún se conservan, se encuentran entre los majestuosos vestigios materiales de lo que en su día fue un recinto real mucho más extenso.
Chehel Sotun formaba parte del primer complejo palaciego safávida, mientras que Ali Qapu constituía otro elemento importante del barrio real.
La desaparición de la mayor parte de esta arquitectura puede, por tanto, generar una impresión engañosa. La Qazvin moderna conserva relativamente pocos edificios monumentales safávidas en comparación con Isfahán, pero la escasez de estructuras que han sobrevivido no debe confundirse con una falta de importancia arquitectónica.
Por el contrario, las descripciones contemporáneas apuntan a la existencia de un extenso paisaje real cuya escala y complejidad ya no pueden apreciarse plenamente a partir de los monumentos que han sobrevivido.
Dowlatjaneh: una ciudad real dentro de la ciudad
En el corazón de la nueva capital se encontraba el Dowlatjaneh, o complejo gubernamental real. No debe entenderse simplemente como un palacio en el sentido moderno del término.
Se trataba de un sistema espacial mucho más amplio que incorporaba residencias reales, jardines, funciones administrativas, espacios ceremoniales y conexiones con la ciudad circundante.
La organización del complejo parece haber estado fuertemente influida por la tradición iraní de los jardines. Estos no eran meros elementos decorativos que rodeaban los edificios; constituían importantes componentes espaciales a través de los cuales se estructuraba el recinto real.
Esta relación entre jardín y arquitectura es especialmente importante. El complejo real safávida de Qazvin parece haber combinado espacios arquitectónicos cerrados con jardines, patios y avenidas lineales, creando una sucesión de espacios que transitaba gradualmente desde la esfera privada de la realeza hacia la ciudad pública.
Las evidencias que han sobrevivido sugieren, por tanto, un paisaje urbano organizado en distintos niveles de accesibilidad.
Algunos espacios eran altamente privados y estaban reservados a la realeza; otros eran semipúblicos; y otros conectaban directamente el recinto palaciego con la ciudad común.
Esta es una de las razones por las que el complejo de Qazvin reviste tanta importancia para la historia del urbanismo iraní. No se trataba simplemente de un conjunto de edificios. Era un intento de organizar el movimiento, la visibilidad, las ceremonias y las interacciones sociales mediante una jerarquía espacial.
El complejo Dowlatjaneh representó un nuevo tipo de espacio político en la historia urbana de Irán. Las capitales iraníes anteriores ya habían contado con recintos reales, pero la concepción safávida del Dowlatjaneh parece haber sido más sistemática.
Integraba funciones residenciales, administrativas, ceremoniales y recreativas dentro de un único recinto ajardinado, al tiempo que mantenía claras distinciones entre los diferentes niveles de accesibilidad.
La estructura física del Dowlatjaneh incluía palacios como Chehel Sotun, accesos monumentales como Ali Qapu, jardines como Sa'adat Abad y avenidas de conexión que articulaban estos elementos en un sistema espacial coherente.
La avenida safávida: la innovación urbana más importante de Qazvin
Entre las características más fascinantes de la Qazvin safávida se encontraba su calle principal, o avenida, que continúa siendo uno de sus principales atractivos turísticos. La actual calle Sepah corresponde, en términos generales, a esta intervención safávida, aunque la reconstrucción precisa de la avenida histórica y su relación con los jardines circundantes siguen siendo objeto de debate académico.
Las investigaciones basadas en la poesía de la época y en los relatos de viajeros europeos sugieren que la avenida fue concebida como un espacio urbano y recreativo meticulosamente diseñado, y no simplemente como una vía de paso de carácter utilitario. Su concepción espacial se inspiró en la tradicional avenida ajardinada iraní, trasladando un principio del diseño paisajístico al entorno urbano.
Esto es especialmente significativo porque la avenida parece haber cumplido varias funciones de manera simultánea. Permitía la circulación, conectaba el recinto real con la ciudad existente, enmarcaba las vistas y creaba un entorno para el tránsito y el esparcimiento públicos.
Las descripciones contemporáneas evocan un entorno ajardinado de árboles, agua y espacios arquitectónicos cuidadosamente dispuestos. La avenida, por tanto, se asemejaba más a un jardín urbano lineal que a la idea moderna de una calle concebida principalmente como corredor de transporte.
Las investigaciones también apuntan a la existencia de más de una avenida dentro del paisaje real. Una de ellas seguía un eje norte-sur asociado a los jardines y espacios reales, mientras que otras rutas conectaban la puerta Ali Qapu con diferentes partes de la ciudad. Una interpretación identifica una avenida semipública que discurría entre la puerta Ali Qapu y el jardín que rodeaba el Urshi-Khaneh; otra reconstruye una ruta que partía de Ali Qapu hacia la ciudad y se dirigía hacia el sur, hasta las inmediaciones de la Mezquita Jameh.
Estas incertidumbres son importantes porque nos recuerdan que el paisaje urbano safávida no puede reconstruirse simplemente proyectando las calles modernas sobre la ciudad histórica. Lo que emerge, en cambio, es una red más compleja de jardines, avenidas, puertas y espacios arquitectónicos cuyos límites y funciones se superponían.
La avenida reviste especial importancia en la historia más amplia del urbanismo iraní porque parece representar una etapa intermedia entre la organización espacial basada en jardines de la arquitectura iraní anterior y las monumentales avenidas urbanas desarrolladas bajo el sah Abás en Isfahán.
Muchos estudiosos han considerado la avenida de Qazvin como un antecedente del célebre Chaharbaq de Isfahán. La comparación no significa que ambas fueran idénticas. Más bien, Qazvin proporcionó un importante precedente para transformar el eje ajardinado en un instrumento fundamental del diseño urbano, capaz de organizar la circulación, enmarcar la arquitectura, conectar diferentes distritos y dar forma física a las ambiciones ceremoniales y políticas de la corte safávida.
La relación entre el palacio, el bazar y la mezquita
Otra característica definitoria de la Qazvin safávida fue la relación entre el nuevo barrio real y el centro comercial y religioso preexistente de la ciudad.
Los gobernantes safávidas no se limitaron a abandonar la ciudad antigua cuando establecieron su distrito real. Por el contrario, el nuevo paisaje real quedó conectado con el núcleo urbano ya consolidado, lo que permitió que la capital funcionara como un sistema urbano integrado y no como un enclave real aislado.
La Mezquita Jameh, el bazar y otras instituciones públicas eran componentes esenciales de la estructura de la ciudad. La avenida real proporcionaba una conexión tanto física como simbólica entre la nueva sede del gobierno y la ciudad antigua, vinculando los espacios de la autoridad real con las instituciones y comunidades que sostenían la vida urbana.
Esta disposición tenía importantes implicaciones políticas. Una capital debía ser algo más que una residencia real. Necesitaba mercados, instituciones religiosas, artesanos, administradores, barrios residenciales y espacios en los que la corte y la población en general pudieran interactuar.
La aparición de nuevos edificios y mezquitas transformó el aspecto de la ciudad, mientras que la llegada de grupos vinculados a la corte modificó su organización social y espacial.
En este contexto, el bazar funcionaba como algo más que una institución económica. Era uno de los principales tejidos conectores de la ciudad, que vinculaba barrios y grupos sociales al tiempo que proporcionaba la infraestructura comercial indispensable para el funcionamiento de una capital.
La Mezquita Jameh de Qazvin, anterior al período safávida, continuó siendo el principal centro religioso de la ciudad. Los safávidas también construyeron nuevas mezquitas, entre ellas la Mezquita Al-Nabi, que se convirtió en una importante expresión del patrocinio religioso safávida.
La relación entre estas instituciones religiosas y el barrio real estaba cuidadosamente articulada. Rutas y avenidas conectaban el recinto palaciego con los principales lugares de culto de la ciudad, creando la posibilidad de que el monarca participara en ceremonias religiosas públicas, al tiempo que se preservaban la jerarquía espacial y la dignidad asociadas a la autoridad real.
La integración de los espacios religiosos, comerciales y políticos fue una característica definitoria del urbanismo safávida.
Qazvin ofrece un importante ejemplo temprano de este enfoque: en lugar de reemplazar la ciudad existente, la capital safávida la incorporó a un nuevo orden urbano en el que la corte real, las instituciones religiosas, las redes comerciales y la vida urbana cotidiana estaban estrechamente interconectadas.
La ciudad de los jardines
Si hay una característica que distingue el paisaje real de Qazvin de un simple complejo palaciego, es la extraordinaria importancia de los jardines.
La concepción safávida de la ciudad real era inseparable de un paisaje cuidadosamente controlado. Los jardines aportaban orden visual, sombra, agua, movimiento y asociaciones simbólicas con el paraíso. Su presencia, por tanto, no era un elemento incidental de la arquitectura de la capital; eran fundamentales para la manera en que el espacio real se concebía y experimentaba.
Los nombres registrados en la literatura histórica, entre ellos el jardín Sa'adat, reflejan este universo conceptual más amplio. Los jardines de Qazvin no eran meros espacios ornamentales, sino componentes funcionales del complejo real que ofrecían lugares para el esparcimiento, las ceremonias, la vida cortesana y el confort ambiental.
La tradición iraní de los jardines tenía raíces antiguas, pero los safávidas elevaron el jardín hasta convertirlo en un instrumento central del diseño urbano. En Qazvin, los jardines se integraron con palacios, avenidas y canales de agua para formar un entorno paisajístico continuo que conectaba diferentes partes del recinto real y, al mismo tiempo, creaba un escenario cuidadosamente controlado para la circulación y la interacción.
El jardín Sa'adat Abad se encuentra entre los más importantes de estos jardines reales. Formaba parte del extenso complejo Dowlatjaneh y estaba conectado con la avenida real, lo que permitía al monarca y a la corte desplazarse entre las diferentes partes del recinto a través de una sucesión de espacios ajardinados.
La tradición de los jardines también influyó en la propia concepción de la avenida. En lugar de funcionar simplemente como una calle, la avenida fue concebida como un jardín lineal, flanqueado por árboles y acompañado de canales de agua que creaban un entorno sombreado y agradable para la circulación, el esparcimiento y las actividades ceremoniales.
Esta integración del jardín y el espacio urbano fue una de las características más innovadoras de Qazvin. Transformó el paisaje, que pasó de ser un mero escenario para la arquitectura a convertirse en un componente activo de la organización espacial de la ciudad, algo que posteriormente alcanzaría una expresión mucho más grandiosa en el Chaharbaq de Isfahán.
Chehel Sotun y Ali Qapu
Hoy, Chehel Sotun es probablemente el edificio safávida que mejor se conserva y que resulta más reconocible en Qazvin. Su nombre popular, «Cuarenta Columnas», puede inducir a error, ya que no corresponde literalmente a la disposición arquitectónica del pabellón.
Más importante aún, el pabellón formaba originalmente parte de un complejo palaciego safávida mucho más extenso que ocupaba el corazón de la ciudad real. Su conservación reviste, por tanto, una importancia excepcional, ya que proporciona un punto de referencia físico para reconstruir un recinto real que, por lo demás, ha desaparecido en gran medida.
Chehel Sotun representa el tipo de pabellón real de recreo característico de la arquitectura palaciega safávida. Servía como escenario para recepciones, ceremonias y actividades de ocio de la realeza, mientras que su relación con el jardín circundante era parte integral de su diseño y función.
La arquitectura del pabellón, con su pórtico de columnas y su posición elevada, creaba un punto de observación privilegiado desde el cual el gobernante podía contemplar el jardín y el paisaje circundante. Arquitectura y paisaje trabajaban así conjuntamente para reforzar la relación simbólica entre la autoridad real y el mundo natural sometido a su control.
El otro gran elemento que ha sobrevivido es la puerta Ali Qapu, que en su día constituía la entrada monumental al complejo real. Su ubicación revela otro principio importante de la organización espacial safávida: la transición entre la ciudad común y el recinto real estaba deliberadamente marcada y monumentalizada.
Una puerta no era simplemente un acceso. Señalaba un umbral entre diferentes ámbitos políticos y sociales, preparando a los visitantes para los espacios que se encontraban más allá. La secuencia de puerta, avenida, jardín y palacio era, por tanto, fundamental para la coreografía espacial de la Qazvin safávida.
Para los visitantes que se acercaban desde la ciudad, la puerta Ali Qapu habría sido la primera gran expresión arquitectónica del recinto real. Su escala monumental y su ornamentación anunciaban la importancia de los espacios situados más allá, mientras que su ubicación permitía controlar cuidadosamente el acceso al complejo real.
La puerta desempeñaba, en consecuencia, una función tanto práctica como simbólica. Regulaba el tránsito entre la ciudad pública y la esfera real más restringida, al tiempo que hacía visible la autoridad de la corte safávida en el paisaje urbano.
Qazvin como experimento antes de Isfahán
La importancia de Qazvin se hace aún más evidente cuando se contempla a la luz del posterior desarrollo de Isfahán. En 1596-1597, el sah Abás trasladó la capital safávida a Isfahán, una decisión determinada por la posición geográfica más céntrica de la ciudad, su mayor seguridad frente a los ataques otomanos y su acceso al río Zayandeh y a importantes rutas comerciales.
Sin embargo, este traslado no debe interpretarse como una prueba de que Qazvin hubiera sido un experimento fallido. Por el contrario, muchos de los principios espaciales desarrollados allí serían posteriormente ampliados y transformados a una escala mucho mayor en Isfahán.
La arquitectura y el urbanismo safávidas estuvieron determinados no solo por aspiraciones estéticas, sino también por objetivos políticos y económicos. Las fundaciones reales, la infraestructura comercial, los jardines, los bazares, las avenidas y los espacios públicos monumentales funcionaban como instrumentos de construcción del Estado, ayudando a organizar la vida urbana y, al mismo tiempo, haciendo visible la autoridad real dentro de la ciudad.
Por ello, el célebre Chaharbaq de Isfahán no debería considerarse una innovación completamente aislada. La tradición anterior de avenidas de Qazvin demuestra que la corte safávida ya había comenzado a experimentar con la transformación de los principios de los jardines en grandes espacios urbanos. Aunque el Chaharbaq representó un desarrollo mucho más ambicioso y monumental, la relación subyacente entre paisaje, circulación y forma urbana ya había sido explorada en la capital anterior.
La relación entre palacio, avenida, jardín y ciudad que surgió en Qazvin constituyó un importante precedente para la transformación urbana de Isfahán. La integración de los jardines en el tejido urbano, el uso de las avenidas para conectar diferentes partes de la ciudad y la relación deliberada entre las instituciones reales y religiosas fueron elementos que se desarrollaron o pusieron a prueba en Qazvin antes de ser elaborados a una escala mucho mayor en Isfahán.
En este sentido, Qazvin no fue simplemente una capital que precedió a Isfahán. Fue una etapa crucial en la formación de la visión urbana safávida, un laboratorio arquitectónico y espacial en el que se conjugaron las ideas de paisaje real, circulación ceremonial, acceso controlado e integración urbana antes de alcanzar su expresión más célebre en Isfahán.
La transformación social y la ciudad física
La transformación urbana de Qazvin no fue exclusivamente arquitectónica. La nueva capital también atrajo a población, y el desplazamiento y la convivencia de diferentes grupos étnicos, tribales, religiosos y administrativos se convirtieron en una característica definitoria de la vida urbana safávida.
El orden político safávida puso a las élites militares qizilbash en estrecho contacto con burócratas de habla persa, comerciantes urbanos, artesanos y otras comunidades ya establecidas. Las tensiones entre estos grupos, junto con la aparición de instituciones gubernamentales y comerciales destinadas a regular la sociedad urbana, constituyeron una parte importante de la transformación social de la ciudad.
Esta creciente complejidad social inevitablemente dio forma a la ciudad física. Los mercados adquirieron una importancia cada vez mayor; surgieron nuevas instituciones religiosas; se ampliaron las funciones gubernamentales; y las zonas residenciales acogieron a los recién llegados. A medida que estos cambios se desarrollaban, también se transformaba la relación entre los barrios ya establecidos y el recinto real.
Qazvin se convirtió así en una expresión física del propio Estado safávida, una ciudad en la que el poder militar, la administración burocrática persa, las instituciones religiosas, el comercio y la autoridad real entraron en contacto espacial directo.
La infraestructura urbana desempeñó un papel esencial a la hora de atender a esta población en expansión. Los hammams de Qazvin, incluido el hammam Qajar, que, pese a su nombre, data del período safávida, proporcionaban importantes servicios públicos y, al mismo tiempo, funcionaban como relevantes espacios de interacción social.
Los baños públicos no eran meras estructuras utilitarias; eran lugares de interacción social en los que personas de diferentes sectores de la sociedad urbana podían encontrarse y donde los rituales de limpieza y purificación formaban parte de la vida pública cotidiana.
La construcción y ampliación de este tipo de instalaciones reflejaba la creciente importancia de la infraestructura urbana en la capital safávida. Junto con los mercados, las mezquitas, los santuarios y los barrios residenciales, contribuían a crear la red de instituciones necesaria para una ciudad en crecimiento y cada vez más compleja.
El santuario del Imamzadeh Hosein, otro importante monumento de Qazvin, constituía un centro de devoción religiosa y peregrinación. Al atraer visitantes de toda la región, contribuyó a reforzar la importancia religiosa de la ciudad, al tiempo que añadía otra dimensión a la red de espacios mediante la cual se organizaba la Qazvin safávida.
En conjunto, estas instituciones revelan que la transformación de Qazvin no consistió simplemente en construir palacios y jardines. La corte safávida estaba remodelando toda una sociedad urbana, y la ciudad resultante encarnaba las estructuras políticas, religiosas, económicas y sociales del emergente Estado safávida.
