“Lo que comenzó como una crisis geopolítica en Asia Occidental hace casi 100 días se está convirtiendo cada vez más en una crisis de seguridad alimentaria con repercusiones en otras regiones del mundo”, señala un informe publicado el jueves en el portal oficial de noticias de la ONU, que alerta sobre el aumento del hambre en África y el rechazo de niños con desnutrición en centros médicos de Afganistán debido a la escasez de recursos.
El informe advirtió que la región enfrenta un creciente riesgo de catástrofe humanitaria debido a las interrupciones en las cadenas de suministro provocadas por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
“Pese al frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, los episodios esporádicos de hostilidades y la persistente incertidumbre en el estrecho de Ormuz siguen afectando las cadenas de suministro mundiales, aumentando los costos del transporte y del combustible y ejerciendo una presión adicional sobre las operaciones de ayuda humanitaria, que ya afrontan graves déficits de financiación”, señala el informe.
En marzo, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) estimó que hasta 45 millones de personas podrían caer en situación de inseguridad alimentaria aguda si los precios del petróleo se mantenían en torno a los 100 dólares por barril hasta junio. Según la agencia, ese escenario ya se está materializando, dado que los precios de referencia del crudo se han mantenido por encima de ese nivel desde principios de marzo.
Al intervenir el jueves en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el director ejecutivo interino del PMA, Carl Skau, afirmó que las advertencias emitidas al inicio de la crisis sobre los efectos indirectos del aumento de los precios de la energía ya se están materializando en algunos de los países más vulnerables del mundo.
“Solo para ilustrar que aquello contra lo que advertimos se está desarrollando ahora en tiempo real en muchos de estos contextos”, declaró Skau ante los periodistas.
El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva militar contra Irán, que incluyó el asesinato de cientos de civiles, altos funcionarios políticos y comandantes militares. Las fuerzas iraníes respondieron con 100 oleadas de contraataques durante 40 días contra objetivos estadounidenses e israelíes.
El 8 de abril, mediadores pakistaníes lograron un alto el fuego de dos semanas, que ha sido renovado.
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