Por: Humaira Ahad
En Teherán, las calles comienzan a llenarse antes de que el llamado a la oración se haya disipado por completo en el aire vespertino. Los primeros en llegar son familias: padres que caminan con sus hijos, ancianos apoyados ligeramente en bastones y adolescentes que llevan banderas dobladas bajo el brazo.
En ciudades separadas por cientos de kilómetros —Mashad, Isfahán, Shiraz, Tabriz— se repite el mismo movimiento con precisión. La gente sale a las calles y a las plazas.
Han transcurrido más de cincuenta días desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una agresión militar coordinada contra Irán, en la que asesinaron al líder de la Revolución Islámica junto con altos funcionarios y comandantes.
Entre los mártires se encontraban, de manera especialmente dolorosa, 168 escolares de primaria en Minab. Este ataque estadounidense-israelí se convirtió en un punto de referencia recurrente en las vigilias nocturnas que siguieron.
📸 Los iraníes celebran concentraciones en todo el país por la 49.ª noche consecutiva, expresando un apoyo inquebrantable al Gobierno y a las Fuerzas Armadas. pic.twitter.com/2UsvMAvd0H
— HispanTV (@Nexo_Latino) April 19, 2026
El número total de víctimas civiles durante la guerra impuesta habría alcanzado las 3375 personas.
Durante estas concentraciones, se han escuchado aviones de guerra sobrevolando la zona. En algunas noches, los residentes describieron el estruendo ensordecedor de cazas armados cruzando el cielo mientras las reuniones continuaban en las calles.
En condiciones que, desde la lógica militar convencional, deberían haber provocado dispersión y retirada, el comportamiento de la población siguió una dirección distinta. El miedo y la desmovilización esperados no se materializaron como muchos observadores externos suponían. Por el contrario, la gente permaneció en las calles.
Se congregaron en plazas y avenidas principales incluso mientras el zumbido de aeronaves atravesaba la noche. La respuesta en esos momentos fue el cántico, frecuentemente la repetición de expresiones religiosas como “Dios es grande”, que se extendían por toda la multitud.
Desde las primeras noches de la agresión estadounidense-israelí, este patrón se ha repetido: las calles se llenan, las concentraciones se mantienen y luego se disuelven solo para volver a formarse al día siguiente.
Algunos permanecen toda la noche, bajo la lluvia y el frío, negándose a abandonar unas calles que, en las últimas semanas, se han convertido en otro frente dentro de esta guerra impuesta.
Iranians take to public squares nationwide for 50th consecutive night in support of armed forces
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Una nación que no vacía sus calles
En las primeras noches tras los ataques estadounidenses-israelíes, las concentraciones fueron interpretadas como expresiones de duelo: banderas negras, recitaciones coránicas, retratos del líder mártir.
Sin embargo, esto cambió a medida que los días se extendieron en semanas y meses, y las multitudes aumentaron. Para la tercera semana, las reuniones comenzaron a funcionar como un ritual cívico distribuido, repetido cada noche con una estructura constante.
En todos los distritos, altavoces difundían consignas intercaladas con oraciones; los comerciantes cerraban temprano para unirse. En las grandes ciudades, barrios enteros parecían desplazarse simultáneamente hacia el exterior.
Existe una tendencia recurrente en muchos análisis externos a reducir las concentraciones públicas a una dicotomía simple: o bien son espontáneas, o bien están organizadas desde arriba.
✊🏻A pesar de la fuerte lluvia, los iraníes se reunieron en las calles de Teherán para apoyar a la República Islámica de Irán y a las Fuerzas Armadas#IranWar pic.twitter.com/ncNmoDS8P5
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En la práctica, esa distinción resulta difícil de sostener frente a lo que se observa en las ciudades iraníes desde el inicio de la agresión estadounidense-israelí.
Durante más de siete semanas, no ha habido evidencia consistente de una convocatoria central única que dirija a la población a salir cada noche a las calles.
No existe un anuncio fijo que explique la hora o la magnitud de las reuniones. La gente llega aproximadamente a las mismas horas, a las mismas plazas públicas, siguiendo a menudo rutas similares desde los barrios circundantes.
Las familias acuden juntas sin instrucciones visibles. Grupos de jóvenes aparecen en conjunto, ya orientados hacia los mismos espacios conforme avanza la noche.
En algunas zonas, el movimiento hacia las calles se ha vuelto tan regular que forma parte del ritmo cotidiano de la ciudad.
No se trata de coordinación institucional ni de improvisación. Funciona a través de la repetición, la expectativa compartida y la memoria acumulada de las noches anteriores.
Desde la distancia, esto puede parecer espontáneo; visto desde fuera de Irán, puede parecer organizado. Sin embargo, en el terreno, se percibe como un comportamiento social estabilizado por la repetición.
“Es un entendimiento no escrito, un reconocimiento compartido de que la calle, en este momento, no es solo un espacio, sino una responsabilidad”, declaró Nayere Lawasani al sitio web de Press TV.
Antes del alto el fuego entre Irán y Estados Unidos, que entró en vigor el 7 de abril, las concentraciones nocturnas y la guerra se desarrollaban en paralelo, con ataques aéreos, lanzamientos de misiles de represalia y reportes de víctimas que circulaban por canales oficiales e informales.
“La agresión militar de Estados Unidos e Israel, y los ataques contra edificios civiles, aumentaron mi determinación de participar en las vigilias nocturnas”, añade Lawasani, de 62 años.
Permanecer en casa, sin poder confrontar directamente al enemigo, se volvió cada vez más difícil para ella.
“Tras el martirio del Líder, sentí que el corazón me iba a estallar. Tenía que salir, llorar en voz alta y dar voz a mis emociones. Estas concentraciones me salvaron”.
⭕️ Las mujeres iraníes participan activamente en las manifestaciones de apoyo a la nación frente a la guerra
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🔺En las movilizaciones, se han visto mujeres en vehículos blindados y también se ha presentado el dron Shahed 136 de color rosa para las niñas de Irán. pic.twitter.com/3zX8kFiKeI
“La gente no acude sin motivo”
Said Dehnavi, analista político con sede en la provincia de Sistán y Baluchistán, en el sureste de Irán, interpreta estas concentraciones como la continuación de una tradición intelectual y religiosa, más que como una reacción puramente emocional.
“Las personas no salen a las calles sin razón”, declaró al sitio web de Press TV. “Lo que estamos presenciando no es impulso. Es un despertar”.
Dehnavi sitúa este concepto en debates de 1973, cuando el Líder mártir de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, habló del concepto de “bathat”, no solo como una misión profética, sino como una condición universal: el momento en que la conciencia humana se activa y se convierte en acción.
En la lectura de Dehnavi, las actuales concentraciones reflejan precisamente ese proceso.
“Antes de la guerra, la frase ‘Dios despertará a esta nación’ no se comprendía plenamente”, afirmó. “Pero tras el martirio del Líder, lo que vimos fue exactamente eso: una llamada interior. Y la respuesta a esa llamada no fue individual, sino colectiva”.
Para Zahra Nurani, estas vigilias nocturnas también han desempeñado un papel similar, llevándola a reflexionar sobre el sentido y la dirección de su vida.
“No era muy religiosa. Mi vida giraba en torno a salir con amigos, mirar el teléfono y ocuparme de cosas superficiales”, dijo Nurani al sitio web de Press TV.
“La guerra ha sido, paradójicamente, una bendición para mí. Estas concentraciones se han convertido en un ritual sagrado, donde por primera vez he podido reflexionar sobre el propósito de mi vida”.
🎥 Jovenes yazdíes: Somos las hijas de Irán, permanecemos firmes por la patria. pic.twitter.com/o4XizODmfa
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Las concentraciones cumplen una función externa
Según analistas, además de la cohesión nacional que han generado, estas concentraciones cumplen también una función externa, cada vez más explícita a medida que la narrativa de la guerra se extiende más allá de las fronteras iraníes.
El politólogo y analista de relaciones internacionales Hamidreza Taheri describe lo que considera una campaña informativa paralela a la confrontación militar.
“Existe un esfuerzo deliberado de los medios occidentales por construir la imagen de inestabilidad interna, sugiriendo que, con el asesinato del liderazgo, el sistema ha perdido legitimidad y que existe una fractura entre el Estado y la sociedad”, declaró al sitio web de Press TV.
En ese contexto, señaló, las vigilias nocturnas funcionan como una contra-señal, no solo en términos retóricos, sino también visuales.
“La presencia de la gente en calles y plazas, especialmente de forma sostenida, desafía directamente esa narrativa”, afirmó Taheri. “La complica, la vuelve más difícil de sostener y quizá incluso la desmonta por completo”.
El analista político iraní considera que estas concentraciones no se explican solo por su magnitud, sino por su repetición. “Una noche puede ser ignorada. Cincuenta no”.
🎥 Como en cada noche desde el estallido de la guerra de EEUU e Israel contra Irán, miles de ciudadanos iraníes vuelven a inundar las calles de Teherán.
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✊ Con paso firme y un clamor unido, alzan su voz para reafirmar, noche tras noche, la inquebrantable soberanía de su patria. pic.twitter.com/MNUY6XL68M
El papel de la presencia pública en la guerra, según el liderazgo
Esta interpretación encuentra su formulación más clara en las declaraciones del Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei.
Tras el alto el fuego, y en el cuadragésimo día conmemorativo del martirio del ayatolá Jamenei, el Líder afirmó:
“No debe asumirse que, por el anuncio de negociaciones con el enemigo, la presencia en las calles deja de ser necesaria. Más bien, si se considera que el periodo de silencio en el campo de batalla ha llegado temporalmente, el deber de todos aquellos que puedan acudir a espacios públicos, barrios y mezquitas es aún mayor que antes”.
El Líder añadió que estas concentraciones tienen efectos que trascienden el espacio urbano:
“Sin duda, sus consignas en las plazas influyen en el resultado de las negociaciones”.
En este marco, la calle se ha convertido en un elemento central de la guerra, concebida como un espacio donde se hace visible la cohesión nacional frente a amenazas externas.
Las banderas aparecen de forma constante, con la bandera iraní como presencia habitual. En algunas concentraciones también se exhiben banderas asociadas a movimientos de Resistencia, en particular Palestina y Hezbolá, junto a pancartas con imágenes de comandantes militares y líderes políticos mártires.
Las consignas se elevan y descienden en oleadas, a menudo sincronizadas con los discursos de oradores u organizadores.
Entre ellas predominan las denuncias contra Estados Unidos y el régimen israelí, junto con afirmaciones de resistencia y continuidad nacional.
Pero por debajo de las consignas se encuentra la visibilidad colectiva, reiteradamente subrayada en el discurso oficial, donde la presencia se presenta como una forma simbólica de disuasión.
Según los expertos, el mensaje general es que una nación que llena sus calles no puede ser fácilmente ignorada desde el exterior.
✊🏾 Los iraníes siguen colmando las calles en apoyo a la Revolución Islámica. pic.twitter.com/QKUPmMAdGN
— HispanTV (@Nexo_Latino) April 15, 2026
Los niños, una parte inseparable
Entre los numerosos momentos que han circulado durante estas vigilias nocturnas, uno se ha repetido ampliamente.
Una niña pequeña, con el rostro pintado con los colores de la bandera iraní, se encontraba en una de las plazas solicitando al general Seyed Mayid Musavi, comandante de la división aeroespacial del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán.
“Lanza un misil rosa sobre Tel Aviv”, dijo.
En los días siguientes, personal del CGRI pintó un misil de color rosa y, como gesto simbólico, se lo dedicó antes de su lanzamiento hacia los territorios ocupados por Israel.
La niña iraní, cuyo video pidiendo a un comandante militar que atacara Israel con un misil rosa se volvió viral, apareció en otro video agradeciendo al comandante por haber pintado el misil antes de su lanzamiento.
La formulación destacó por su inocencia: reflejaba a una niña absorbiendo el lenguaje adulto de la guerra —misiles, objetivos, ataques— y transformándolo en una expresión simbólica, suavizada y casi surrealista en su forma visual.
La expresión “misil rosa” sigue circulando en las narraciones de este episodio y se ha convertido en un fragmento simbólico dentro de un contexto mucho más amplio y complejo.
La respuesta del general Musavi fue una suave validación del gesto simbólico de la niña, reconociendo la presencia de los niños dentro del escenario nacional.
Este momento también refleja las condiciones en las que los menores participan en vigilias públicas prolongadas en el contexto de la guerra impuesta.
Los niños se han convertido en una parte inseparable de estas concentraciones. Es habitual ver a pequeños junto a sus padres o moviéndose en grupos reducidos por los bordes de las plazas.
Repiten consignas que claramente han aprendido de memoria, frases que suben y bajan con el ritmo de la multitud, repetidas hasta convertirse en parte del paisaje sonoro de la noche y, con el tiempo, de su memoria.
Según Mehdi, padre de un niño de dos años, su hijo repite los eslóganes en casa, a veces utilizando una escoba como micrófono improvisado mientras imita la cadencia de la multitud.
“Las consignas que escucha en las concentraciones las repite en casa; a veces incluso usa una escoba como micrófono”, dijo Mehdi al sitio web de Press TV.
“Durante esta guerra, estas vigilias nocturnas se han convertido en un espacio para que mi hijo se exprese, y este amor por el islam y por Irán permanecerá con él y podría influir en sus decisiones futuras”.
🎥Iraníes siguen las concentraciones nocturnas a nivel nacional en apoyo a la República Islámica y de las Fuerzas Armadas. pic.twitter.com/gGW9HBozIf
— HispanTV (@Nexo_Latino) April 15, 2026
La participación infantil es visible en todas estas concentraciones: algunos sostienen pequeñas banderas, otros imitan los cánticos de los adultos con una precisión que revela familiaridad.
Para algunos observadores, esto ilustra cómo las emociones políticas se transmiten entre generaciones en momentos de tensión nacional, reforzando así la cohesión social. Para otros, es una expresión de participación familiar como forma de resistencia colectiva.
Sin embargo, la idea de que las calles se convierten en espacios políticamente activos durante periodos de presión nacional no es nueva en la historia moderna de Irán.
A lo largo de décadas anteriores —desde la Revolución Islámica y la Guerra de Defensa Sagrada hasta el Movimiento del Tabaco y la Revolución Constitucional— el espacio público ha funcionado repetidamente como un escenario donde la continuidad política se expresa mediante la visibilidad colectiva.
En ese sentido, lo que ocurre actualmente no sería una innovación, sino una continuidad.
Lo que distingue el momento presente, según los observadores que trabajan dentro de este marco interpretativo, es su duración: la repetición sostenida de vigilias nocturnas durante un periodo prolongado sin signos visibles de disminución en la participación.
Cada noche sigue una secuencia familiar: la gente llega, se forman grupos, surgen los cánticos y, gradualmente, las multitudes se dispersan.
Al día siguiente, el patrón vuelve a comenzar.
Texto recogido de un art'iculo publicado en Press TV
