Detrás de la Razón: Rusia y Siria afianzan lazos bilaterales
En las alianzas que se forjan en este mundo multipolar, una destaca: Rusia-Siria, aliados que estrecharon nexos a partir del 2015, con un consenso de apoyo a la lucha contra el terrorismo y para detener la ambición de ciertos actores por fragmentar Siria y repartirse el botín del petróleo.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha sumado a una solución pacífica a la crisis, aunque con poco éxito. Irán y China también han sido parte fundamental en aliviar el sufrimiento de los sirios.
Pero, Rusia ha suministrado apoyo militar, técnico, logístico, ayuda humanitaria y más a Siria. Las aeronaves rusas han blindado y escoltado el espacio aéreo, lo que ha aligerado el peso de la guerra subsidiaria contra Siria.
Uno de los ejes de los encuentros en Damasco, capital siria, ha sido cómo sortear las severas sanciones impuestas a Siria por Estados Unidos, la infame Ley César, que busca no solo descalabrar por completo la economía siria, sino matar a los sirios de hambre y enfermedades, al prohibir a todo el mundo negociar con el Gobierno del presidente sirio, Bashar-al Asad.
La hoja de ruta estratégica de colaboración Moscú-Damasco invertirá en sectores clave como energía, infraestructura, comercio. Pero, no podemos olvidar que cada vez es más gruesa la presencia militar estadounidense en el norte de Siria, rica en petróleo, es más el presidente Trump ha dicho que su país puede hacer lo que desee con el petróleo sirio.
A lo que el canciller ruso ha respondido: "los ciudadanos sirios son quienes determinan el futuro de su país". ¿Se impondrá la alianza por la reconstrucción o la fuerza por el petróleo?
El vice primer ministro y el canciller de Rusia, Yuri Borísov y Serguéi Lavrov, respectivamente, y las máximas autoridades sirias han reafirmado su colaboración, sobre todo en lo referente a la reconstrucción y la reactivación de la economía de Siria, golpeada por nueve años de guerra sin cuartel contra los civiles, que han sido usados como escudos humanos, moneda de cambio, víctimas del terrorismo y fuerzas ocupantes.
Si bien la recuperación del territorio y las victorias en la lucha contra el terrorismo virulento del EIIL, (Daesh, en árabe) han sido trascendentales, el pueblo requiere trabajo, comida e insumos, especialmente en tiempos de pandemia.
Cuando se estaba acercando el fin de la lucha antiterrorista, empezaba la reconstrucción del país y la cotidianidad volvía a Siria, Estados Unidos comienza el traslado de los terroristas a ubicaciones más alejadas, a reorganizar la agenda para desestabilizar el país. Junio fue el mes del golpe más duro, al entrar en vigor la Ley César firmada por el presidente Donald Trump.
Washington, como siempre, buscó un aliado. Las elegidas: las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), milicias kurdas, que en julio, de sopetón, suscribieron un acuerdo con la compañía petrolera Delta Crescent Energy LLC, con el aval del Departamento del Tesoro para robar el crudo sirio.
Ante esta tesitura, Rusia vuelve a poner el hombro para ayudar a Siria a superar esta serie de bretes.
El Gobierno ruso ha sido instrumental en la integridad territorial de Siria, no obstante, los sirios han vivido en guerra por más de nueve años, nueve años de lucha contra el terrorismo y ahora también contra el fantasma del saqueo del petróleo por Estados Unidos.
Los intentos por fracturar la unidad del pueblo sirio son el pan nuestro de cada día. Muchos intereses se juegan en el país árabe. Muchas tareas quedan pendientes como las reformas constitucionales, el usufructo de los recursos naturales por parte de los sirios, para lo que es fundamental la retirada de la presencia militar extranjera no autorizada por Damasco.
El enviado de la ONU para Siria, Geir Pedersen, ha reiterado la necesidad de respetar la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad, que salvaguarda la integridad territorial de Siria y ayudar a la vuelta de los desplazados, pero, ¿desde cuándo Estados Unidos hace caso a la ONU?
Por: Cristina Leiva
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