• Detrás de la Razón: Elecciones de Bolivia ¿un futuro claro?
lunes, 7 de septiembre de 2020 20:50

Es la campaña electoral más polémicas y tensa por la silla presidencial de Bolivia, un escenario déjà vu, casi los mismos protagonistas, más una presidenta interina convertida en candidata.

Bolivia decidirá este 18 de octubre, y los ojos del mundo girarán en torno al país andino no solo por el caos que sucedió a las elecciones del 2019 cuando la oposición, las Fuerzas Armadas de Bolivia, organismos regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), con EE.UU. detrás de bastidores, materializaron su hoja de ruta: denuncias de fraude electoral, asesinato de simpatizantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) y la estocada final: la renuncia obligatoria del líder indígena Evo Morales, sino también por la pandemia que asola Bolivia.

La presidenta de facto Jeanine Áñez no quiere irse del Palacio Quemado, pero, no le queda de otra, después de postergar varias veces el proceso electoral y casi un año después del golpe de Estado, tuvo que dar el brazo a torcer. El pueblo se tomó las calles del país, la presión popular sofocaba al gobierno surgido del golpe de Estado. Todo terminó en una fecha definitiva, inamovible e impostergable.

Luis Arce y David Choquehuanca, del Movimiento Al Socialismo, y Carlos Mesa junto a Gustavo Pedraza, de Comunidad Ciudadana, se perfilan como los favoritos, Áñez, en tercer lugar, al parecer, ya ha pactado su apoyo a Mesa de haber segunda vuelta.

Pero, hablando en plata qué se juega aparte de los altos valores y principios de la democracia, damas y caballeros, no podemos olvidar el litio, el estaño, el tungsteno, el hierro y más recursos naturales que codiciosas potencias ambicionan para garantizar su futuro, ¿qué pasará en Bolivia hasta el 18 de octubre?

Todo se vale en la arena política, pero en Bolivia, el gobierno interino de Áñez ha ido un paso más allá interponiendo una demanda ante la Corte Penal Internacional (CPI) contra el expresidente Morales por los bloqueos de los movimientos indígenas que urgían la celebración de elecciones generales. Alega que los bloqueos mataron a más enfermos de la COVID-19.

Morales se defiende y dice que esta es otra iniciativa con intencionalidad política del gobierno surgido del golpe de Estado. Aquí cabe preguntar, ¿en Bolivia no se puede trasportar ventiladores para pacientes con COVID-19 vía aérea?, ¿Por qué se abre una querella contra Morales ante la CPI?

La Oficina de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le da la razón al expresidente, ya que emite un informe el 24 de agosto que ratifica las denuncias de Morales sobre los asesinatos, torturas, malos tratos y detenciones arbitrarias tras las elecciones de 2019. Áñez, desconcertada lo niega todo.

No obstante, la presidenta interina ha sorprendido a todos al haber procedido a la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), dando la instalación de gas domiciliario a una empresa privada.

Por su cambio radical de política exterior, eliminando los visados a los israelíes y estadounidenses, abriendo un consulado de Israel en Santa Cruz aun cuando es una de las comunidades más pequeñas de Bolivia. Y, por supuesto, por retomar las relaciones con Estados Unidos.

Politólogos señalan que la clase política de Bolivia está enfrascada en intercambio de acusaciones, campañas de desprestigio, lo que deja poco espacio para programas de gobierno eficaces, planteamientos para solucionar las múltiples crisis. Habrá que esperar porque en medio de la cacería de votos se hacen muchas promesas, que si hay seriedad en el compromiso, habrá que cumplirlas.

El vuelco económico, social y cultural dado por Morales en más de una década, desestabilizó la recalcitrante derecha, erizó a las potencias que usufructuaban o lo iban a ser potencialmente de los recursos naturales de Bolivia, y algo que aún les incomoda es el espacio que abrió al liderazgo indígena, cuyo porcentaje poblacional es del 62,2 por ciento.

El pueblo boliviano quiere volver a vivir en paz con unidad. Y para esto, es fundamental la actuación de la comunidad internacional, lo último que se necesita en Bolivia es una guerra civil, una dictadura títere de Estados Unidos.

El problema es complejo, sobre todo por los recursos naturales del país, el litio, en especial. Los indígenas aún son víctimas del racismo sistémico, lo que ha salido a la superficie en estos meses del gobierno de Añez.

Estados Unidos quiere volver con poder a América Latina y para ello tiene muchos tentáculos no solo en las filas militares, sino en las oligarquías. Se puede decir mucho de Evo Morales pero lo que no puede olvidar es la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas, el progreso económico y tecnológico del país, con el repunte del Producto Interno Bruto (PIB) en sus mandatos.

Errores, cometimos muchos, ha dicho Morales, confirmando tal vez la falta de suspicacia ante la OEA y más. Pero, Morales ya ha ganado una página de la historia latinoamericana.

No se nos borrará de nuestras mentes su participación en el Consejo de Seguridad, cuando el líder indígena encaró al presidente de la potencia mundial, Donald Trump, reclamándole su desprecio al derecho internacional, el multilateralismo, su injerencia en distintos países, incluido Irán, bajo el alegato de los derechos humanos. Con la unidad del pueblo, todo es posible, ha escrito hace pocas horas Evo Morales en Twitter, esperemos que sea así.

Por: Cristina Leiva

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