A pesar de vivir en un mundo hiperconectado, sentirse solo es cada vez más común. Y, según reveló el neurocientífico Facundo Manes, presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y fundador del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, la soledad podría ser tan mortal como un accidente o ataque cerebrovascular (ACV).
"Sentirse solo es un mecanismo biológico como tener hambre o sed, pero la diferencia está en que una persona puede comer o beber y se acaban sus problemas, pero no puede salir a la calle y gritar 'quiero tener amigos'", explicó en Miami, durante la presentación de su libro Usar el Cerebro (Paidós), en el que el experto propone a sus lectores conocer más a fondo sus propias mentes para poder llevar una vida mejor y más plena.
Sentirse solo es un mecanismo biológico como tener hambre o sed, pero la diferencia está en que una persona puede comer o beber y se acaban sus problemas, pero no puede salir a la calle y gritar 'quiero tener amigos'", explicó el neurocientífico Facundo Manes.
En diálogo con Infobae, Manes explicó el lunes que "hoy sabemos que cada emoción básica está relacionada con una red neuronal específica. A su vez, estos sistemas neurales están interconectados entre sí y esto es fundamental que sea así porque muchas veces en la vida diaria tenemos que enfrentar situaciones emotivas que requieren de más de una emoción. Las pasiones, como denominaban a las emociones los griegos, son las que nos hacen únicos como especie animal".
Y la soledad hace que la persona sienta emociones intensas que repercuten luego en su organismo. De acuerdo a la opinión de Manes, la soledad crónica es incluso más peligrosa que el alcoholismo o la obesidad, y, según afirmó el neurocientífico, puede llegar a matar a la persona. Aislarse es lo peor que puede hacer un individuo.
Además, explicó que la interacción de los genes con el ambiente –las tradiciones, el contexto, las experiencias, las historias compartidas, las personas que nos rodean– hace que cada cerebro esté en constante cambio y sea único. Incluso el de un hombre y una mujer pueden ser totalmente distintos, una de estas diferencias podría ser la marcada asimetría que existe en ambos hemisferios masculinos y no así en los cerebros femeninos".
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