• Un estudio indica que los hijos de progenitores longevos tienen una mayor posibilidad de tener una larga vida.
Publicada: martes, 16 de agosto de 2016 8:35

Un estudio con casi 200.000 personas ha mostrado que cuanto más vivieron sus progenitores, más lo hicieron los hijos.

Que uno viva más o menos depende de muchos factores, como el ambiente, la genética o los hábitos. Pero que los padres vivan mucho también ayuda. De hecho, por cada año de vida extra, la incidencia de algunas enfermedades (pero no otras) se reduce, publicó el lunes el diario español El País.

Un grupo de investigadores de varios países siguió la pista a 186.151 británicos. Cuando comenzaron el estudio, los más jóvenes tenían 55 años y los mayores, 73. En todos los casos sus dos padres ya habían fallecido. Les preguntaron qué edad tenían sus progenitores cuando murieron y los controlaron durante los ocho años siguientes.

Transcurrido ese tiempo, los investigadores han comprobado que la mortalidad de entre aquellos cuyos padres vivieron más allá de los 69 años es un 16,5 % menor por cada década extra de vida de alguno de los padres. Aunque el tabaquismo, el abuso del alcohol, la obesidad o el sedentarismo también tiene su parte de responsabilidad, una vez controlados estos factores, la conexión entre padres e hijos longevos se mantenía. Esta relación se repite a la inversa.

La investigación se adentra también en las enfermedades que más inciden a medida que se envejece. La práctica totalidad de afecciones relacionadas con el corazón aparece correlacionada con la edad que alcanzaron los padres. Por ejemplo, la hipercolesterolemia, la hipertensión el riesgo de infarto puede reducirse hasta un 20 % si los dos padres o alguno de ellos llegaron hasta los 80 años o más.

El estudio muestra que cuanto más vivieron sus progenitores, más lo hicieron los hijos.

 

En cuanto al cáncer, las correlaciones encontradas eran demasiado bajas para considerarlas significativas en la mayoría de los tipos. Pero sí encontraron una conexión entre el cáncer de pulmón y la longevidad de los padres. En otras enfermedades, como el asma o la anemia no vieron esa conexión.

Junto a la herencia también intervienen elementos ambientales presentes en la familia donde uno crece. Anteriores investigaciones han mostrado que un mayor el nivel de estudios o de ingresos, la actividad física o la dieta ayudan a alargar la vida. Así que los hijos crecidos en ese ambiente también heredan esa mayor esperanza de vida.

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