Publicada: sábado, 23 de septiembre de 2017 11:10

Mientras el mundo es distraído por los medios de comunicación comerciales a posar su mirada sobre la ocupada Corea, en la ex Birmania hoy Myanmar, se perpetra uno de los peores y mayores genocidios de la historia humana contra la población musulnana rohinya a manos del régimen birmano.

Las imágenes son crudas: monjes budistas quemando a personas vivas, apaleándolos para que se dejen quemar y permitir que les viertan combustible para que ardan más. Estas insoportables postales llaman a la comunidad de manera urgente para detener este genocidio en pleno Siglo XXI, donde el valor de la vida para estos budistas va reflejado en cuántas láminas de oro le ponen encima de las estatuas de sus ídolos y en cuántos litros de bencina le echan encima a los rohinyas para que combustionen más rápido. Horroroso.

Esta limpieza étnica contra los rohinyas se realiza en directa relación con la discriminación sufrida por este pueblo musulmán: su creencia religiosa, quienes huyen en masa hacia Bangladesh para encontrar refugio, tal como lo demuestran las imágenes satelitales que dan cuenta de este drama y crisis humanitaria, que crifra en al menos a 400 mil rohinyas buscando refugio en el vecino país de Myanmar, porque el actual régimen proocidental ha utilizado todo su poder de fuego para llegar a esta situación y alcanzar el actual estatus en el que el mundo ha demorado en reconocer. Nunca es tarde, pero con gran daño.

Y no solo eso, ahora la dirigente birmana, Aung San Suu Kyi, activa colaboradora de los Estados Unidos dice que el régimen de Birmania no habría tenido tiempo suficiente para abordar este genocidio. Es claro, aquí se evidencia un desentendimiento de responsabilidad sobre un hecho grotesco y escandaloso, una impresetable respuesta fuera de toda lógica y respeto mínimo por los derechos humanos. Una burla a la inteligencia humana.

En estos momentos, casi medio millón de rohinyas se encuentran establecidos en Bangladesh sin fecha de retorno, algo que deja muy satisfechos a los violadores de derechos humanos del neorégimen birmano, quienes siguen con sus atropellos y persecusión contra esta minoría musulmana, siempre en sintonía con su anhelo de limpieza étnica, situación que se presenta como urgente de revisar frente a las aberraciones más bajas a las que hayamos podido asistir en los tiempos actuales, en pleno Siglo XXI.

A esto hay que sumar la discriminación perpetua a la que han sometido a los musulmanes rohinyas, porque desde 1982 a la fecha no han devuelto la nacionalidad a esta minoría, por lo que Birmana no solo no ha dado ningún paso para su reconocimiento, sino que no demuestra atisbos de hacerlo, pues sólo se centran en esa limpieza étnica para agradar a sus socios comerciales occidentales, que para este caso corresponde a Estados Unidos y al infaltable agente en todo genocidio sufrido por los musulmanes: el régimen sionista de Israel.

Otra arista de esta gran tragedia la constituye la falta de presupuesto de la Organización de Naciones Unidas para ir en ayuda humanitaria para estos necesitados, hecho que surge a raíz de la invisibilización irresponsable del régimen birmano, porque como estadística esta minoría musulmana no existe, no hay nacionalidad para ellos, y menos registros, hecho que acrecienta esta horrososa situación, que día a día que pasa, peor es, por la cantidad de enfermedades, padecimientos y carencias, crisis que podría desencadenar, por efecto dominó, en más muertes, con lo que se podría lamentar una agudización de esta crisis que ya se encontraba en etapa terminal.

La urgencia de este asunto llama a todas las naciones del mundo a poner de su parte para aminorar el sufrimiento de los rohinyas, que necesitan ser reivindicados en sus derechos, como parte de un plan mayor de reinserción mayor, sin discriminación ni persecusión de Birmania hacia los musulmanes de este país. La gran duda es que si se presionará en esta caso como lo habrían hecho contra cualquier nación musulmana por parte de las racistas naciones occidentales.

Manuel Arismendi Poblete
Manuel Arismendi Poblete Analista Internacional y Responsable de la corresponsalía del canal internacional en español, HispanTV en la zona sur de Chile.

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