Publicada: martes, 12 de septiembre de 2017 11:12

Obviamente Donald Trump no está apesadumbrado por los más de mil rohingyas que han sido asesinados por el régimen de Myanmar y los trescientos mil desplazados, pese a que le corresponde a él con la Comunidad Europea resolver y detener este genocidio ya que dicho país es su protectorado. Nadie más puede intervenir con posibilidad de solución.

Su luto y el de los complejos militar industrial se debe a que el Ejército Árabe Sirio (EAS), junto con aliados, cada vez con mayor intensidad expulsan de la nación a los grupos mercenarios creados por la Casa Blanca y permiten prever que serán derrotados aquellos que permanezcan allí.

Este duelo se debe, además, a que todos los movimientos de independencia como Hezbolá y de movilización popular, contra los cuales ha combatido EE.UU., se erigen victoriosos. También incrementa su pesar que Irán, siempre con la frente en alto, adquiere presencia internacional como figura de mesura y respeto. Junto a ello, pese a sancionar una y otra vez a Rusia, ésta ha sido garante de que el terrorismo sea extirpado tanto en Siria como Irak, continuando con el apoyo incondicional a quien lo pida para este fin noble.

La aflicción de la Casa Blanca y el Pentágono es coherente puesto que el cadáver del terrorismo en determinadas naciones les hace rezar por su resurrección. Esto es relativamente factible en la medida que pudiesen fracturar a Siria e Irak a través del financiamiento y logística al componente kurdo y a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), con el fin de insistir en su república autónoma. En esta dirección, también han conformado la unidad de “rebeldes moderados” en un supuesto nuevo Estado sirio, coordinando la fusión de 43 grupos armados “moderados” cuyo objetivo será enfrentarse al gobierno de Bashar al-Assad, al pueblo kurdo y supuestamente a Daesh por ser terrorista. Lo extraño es que conformarán un ejército dirigido por Ahrar al Sham, órgano terrorista del Frente Al-Nusra, financiado y provisto militarmente por países que apoyan la violencia salafista como son Turquía y Catar.

Los estertores del Estado islámico se oyen claramente, aunque el régimen estadounidense sigue colaborando al extraer varios líderes de Deir Ezzor y facilitar el nombramiento de nuevos dirigentes, especialmente al fallecer por bombardeos el “gobernador”, Abú Muhammad Al-Shimali, y el “emir de la muerte” o ministro de guerra de dicha organización takfirí.

Se conoce que EE.UU., además de crear Daesh y Al Qaeda, siempre construye nuevos referentes para que luchen por sus propios intereses sin involucrarse directamente como gobierno, pese a ser descubierto diariamente como financista y logístico del terror. En dicho sentido, cabe mencionar que la Coalición Internacional ha sido una carta escondida jugada por el régimen estadounidense para apoyar a los grupos mercenarios.

Cada vez se conoce con mayor claridad el papel que ha jugado y lo sigue haciendo en contra del ejército libertador, sus aliados, los civiles y el territorio. Se sabe que dicha Coalición se formó en octubre de 2014 por el Mando Central de los EE.UU., acoplando una alianza militar de 60 países neoliberales, para destruir supuestamente a la organización terrorista Estado Islámico (Daesh, ISIS, EIIL), en una operación llamada “Resolución Inherente”. Esta liga opera en Irak, Siria, apoya a Arabia Saudí en Yemen, sin ser llamados ni autorizados por dichos gobiernos, es decir, por fuera de toda legalidad y en forma de ocupación tránsfuga no reconocida por el Consejo de Seguridad de la ONU.

No obstante manifestar el rol antiterrorista, su ejecución ha sido diferente ya que la información reciente da cuenta que este 4 de septiembre, desoyendo el clamor internacional para que el régimen estadounidense cese la masacre de civiles en Siria, han asesinado nuevamente en otra jornada “civilizadora” para la ciudad siria de Al-Raqa, afectando el distrito Al-Naim. La suma actualmente es superior a seis mil personas “neutralizadas”.

Las cifras horrorizan: miles de niños, mujeres, ancianos, destrozados, desfigurados, amputados, exterminados, bajo la figura de error bélico, lo que no explica la tecnología y conocimiento aplicado en dichas condiciones. Cabe destacar las recientes masacres de la Coalición en un hotel con más de 70 víctimas, amén de una boda con 300 personas acribilladas, más cientos de civiles en Raqa y otras ciudades, sumadas a los ataques “no deseados” a fuerzas armadas sirias, iraquíes y yemeníes. Es decir, crímenes de guerra de lesa humanidad provocados por un terrorismo selectivo.

Por ello, cada vez se hace más fuerte la voz que reclama justicia por los “daños colaterales” (asesinatos) que genera la Coalición Internacional, la cual aplica una sentencia de muerte continua sobre los países donde ejerce su autoridad sin control internacional. Bajo el sofisma de atacar a los takfiríes, su papel ha sido desarrollar una estrategia imperial basada en tres principios: sostener la vigencia de Daesh y Al Qaeda como aliados innombrables, aunque necesarios; propiciar el caos mortal y desmembrar a dichos países; apoyar con armas y logística a las fuerzas kurdas para estimular su secesión de Irak o al nuevo Estado sirio. En síntesis, mantener su control armado de regiones que no desean la intervención estadounidense.

La consecuencia de tan atroz comportamiento se refleja en el clamor de líderes honestos y pueblos inmensos que reclaman castigo a personajes tan nefastos como George Bush, Aznar, Tony Blair, Obama, Trump, Rajoy, entre otros, pues son germen del homicidio extensivo.

Cabe a los gobiernos soberanos desnudar a dichos personajes, denunciar los planes de la OTAN de integrarse a dicho complot, detener en el campo de batalla a los terroristas de estos regímenes y seguir insistiendo en que el diálogo y la transparencia son los únicos métodos que los seres humanos pueden emplear como resolución, sin desconocer que la condena será ejemplo mundial para todos aquellos que creen en la aniquilación como método de la solución final para la Humanidad.

Carlos Santa María
Carlos Santa María Carlos Santa María es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.

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