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Publicada: martes, 28 de mayo de 2013 4:03
Actualizada: jueves, 23 de marzo de 2017 16:30

Por: Gilad Atzmon

En los últimos años hemos sido testigos de la aparición de una cultura populista auto-gratificante, en medio del discurso académico palestino.

Hace dos años asistimos a la conferencia de Ali Abunimah acerca de la "cultura" y la política, estableciendo un nuevo récord de ignorancia intelectual. Entonces, nos encontramos con el activista antirracismo del boicot a Israel, Omar Barghouti, predicando a favor del determinismo biológico.

Esta semana tuve acceso a El último de los semitas, del profesor de Columbia Joseph Massad, una charla sobre sionismo y antisemitismo, impartida el mes pasado por el catedrático en Stuttgart. Desafortunadamente, Massad repite exactamente el mismo patrón. Vamos a examinar algunas de las ideas de Massad. Al final de su charla, Massad concluye que "mientras Israel insiste en que los judíos europeos no tienen cabida en Europa y tienen que llegar a Palestina, los palestinos siempre han insistido en que los países de origen de los judíos europeos eran los del viejo continente y no Palestina."

Un buen montaje de puntos de vista contradictorios, que Massad sacó de un cuento chino. No puedo pensar en ningún palestino, entre ellos el propio Massad, que haya sido lo suficientemente valiente para sugerir a los judíos europeos cuáles son sus raíces realmente. De hecho, la única persona que tuvo el coraje de expresar una idea tan simple y auténtica fue la heroína estadounidense, Helen Thomas. Así que la siguiente pregunta a plantearse es ¿quiénes son los 'palestinos' que Massad tiene en mente? ¿Es que existen fuera de su universo solipsista? Massad continúa, "mientras el sionismo insiste en que los judíos son una raza aparte de los cristianos europeos, los palestinos insisten en que los judíos europeos no son otra cosa que europeos y no tienen nada que ver con Palestina, su pueblo o su cultura".

Nuevamente, Massad puede estar en lo correcto en el caso de los judíos provenientes de Europa, pero, una vez más, ¿quiénes son los ‘palestinos’ a los que se refiere? ¿Es el pueblo palestino ahora una nación de antropólogos que produce veredictos sobre judíos y su raza étnica o racial? Massad continúa y produce algunas declaraciones vagas y en gran medida equivocadas, que no se corresponden con ninguna realidad en absoluto. Los "judíos europeos", dice, "se transformaron en instrumentos de agresión; se convirtieron en elementos del colonialismo estrechamente aliados a la discriminación racial"

En caso de que Massad no lo sepa, los judíos europeos no se ‘convirtieron en instrumentos de agresión’. En lo que respecta al sionismo, ellos adoptaron de forma voluntaria y consciente ese papel "agresivo". Además, Israel es de hecho un régimen colonizador, sin embargo, el sionismo no es colonialismo e Israel no es un "régimen colonial". Para mí, un profesor de Columbia debería saber que el colonialismo se define comúnmente como un intercambio material entre un "estado madre" y un "estado colonial". No queda para nada claro cuál es el estado madre entre el régimen colono judío. Cuando se lee a Massad, uno no puede percibir ningún procedimiento intelectual coherente. Él está en realidad siguiendo los caprichos de su corazón, en un intento populista por apaciguar a una multitud de activistas de izquierda y simpatizantes judíos "anti" sionistas. Esto es casi un desastre, porque el intelectual tiene un papel en la sociedad y en el discurso de la resistencia en particular.

Él o ella deben avanzar, en lugar de rendirse y conformarse con un patrón político mediocre y gritar consignas. Curiosamente, en un punto, Massad se aparta de su propio patrón y presenta una observación veraz. Cuando el sionismo comenzó, dice Massad, defendía las ideas antisemitas, incluyendo el antisemitismo científico. Massad señala correctamente que los primeros sionistas, como Herzl, vieron en el antisemitismo a un aliado potencial. "Herzl", escribe Massad, "explicó que fueron los judíos, no sus enemigos cristianos, quienes ‘provocaron’ el anti-semitismo". Aunque acertado, Massad no es muy original aquí. La naturaleza antisemita en los inicios del sionismo es un tema muy discutido.

Sin embargo, Massad se equivoca al no plantearse las preguntas más importantes: ¿Por qué el sionismo en sus inicios fue antisemita? ¿Cómo es posible que el sionismo, en un principio rechazado por el "judío", con el tiempo se haya convertido en la voz política de estos? Es de esperarse que un profesor de Columbia y experto en asuntos de Medio Oriente profundice en el pensamiento crítico, o al menos esté familiarizado con la dialéctica negativa.

Yo esperaría que Massad entendiera a estas alturas que la identidad política judía se define por la negación. El sionismo, el estado judío y la política judía en general se establecen para alentar la animosidad hacia el judío. Las tácticas genocidas israelíes en Gaza, por ejemplo, incitan al odio judío en todo el mundo. En consecuencia, los judíos franceses se sienten intimidados por algunos actos violentos esporádicos contra objetivos judíos, que son empujados a identificarse políticamente como judíos o como sionistas, algunos podrían hacer el Aliya, otros gastar algo de dinero y comprar un refugio Shoa en Tel Aviv.

El significado de todo esto es simple. El antisemitismo y el odio judío están, evidentemente, integrados tanto en el pensamiento como en la práctica sionista y anti-sionista. El antisemitismo está en el corazón del discurso político identificativo judío, porque los judíos seculares son definidos por sus enemigos mediante la dialéctica negativa (en contraposición de los judíos ortodoxos, que se definen por la Torá). ¿Todo lo anterior resultará demasiado complicado para un erudito palestino-norteamericano? Realmente no lo creo así. Pero Massad está claro que tienen miedo a la pregunta sobre ¿cuál es la verdadera naturaleza del régimen y la política judíos. Él prefiere permanecer dentro de los límites estrictos de los sionistas contra el discurso antisionista binario. Me permito recordar a Massad que este patrón es en realidad sionista -que podría y debería ser desafiado.

Por alguna razón, Massad extrae algunas conclusiones muy peculiares. Él, por ejemplo, interpreta el hecho de que "los países europeos, junto con Estados Unidos, se negaron a acoger a cientos de miles de sobrevivientes judíos del Holocausto" como una prueba de "apoyo" del "programa anti-semita del sionismo". ¿Puede Massad justificar esta idea absurda? En realidad no, de hecho, ni siquiera lo intenta. ¿No es más probable que los países europeos y Estados Unidos negaran la entrada de sobrevivientes del Holocausto, independientemente del sionismo? Massad, quien resulta ser lo suficientemente valiente como para afirmar que "los palestinos siempre han insistido en que los países de origen de los judíos europeos eran los de Europa", debería tener la integridad mínima para aceptar que los estadounidenses, al igual que los palestinos, pueden haber creído también que "el origen de los judíos europeos eran los países de Europa", en lugar de los EE.UU. Massad es un pensador interesante y creativo.

Su visión podría haber traído luz al discurso, pero, en su lugar, él se dedica a un vergonzoso y pseudo-académico zigzagueo que no conduce a ninguna parte. No es de extrañar que el mismo Massad fuera uno de los primeros en criticar el trabajo de Mearsheimer y Walt en el lobby israelí. Massad también agregó su nombre a la lista de destructores de libros palestinos de Ali Abunimah. Massad, que bastante a menudo presta su voz, su nombre y su reputación para las campañas de difamación a los judíos, fue víctima de una de estas propias campañas. Al Jazeera descaradamente cedió a la presión sionista y eliminó su artículo.

Quiero creer que Massad aprendió la lección -el tiempo es el propicio para que intelectuales y académicos palestinos, en particular, se levanten y sean francos, mientras buscan la verdad. Es hora de que todos nosotros insistamos en que nuestros intelectuales generen conocimientos reales, en lugar de perseguir sus propias colas. La libertad realmente significa libertad de espíritu, la capacidad de decir lo que se piensa, en lugar de tratar de predicar entre los conversos.

ybm/ab/

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