Es lo que queda de Norcia, un pueblo en la zona central de Italia que este domingo fue sacudido por un sismo, de magnitud 6,6 en la escala de Richter. La escena es indescriptible. Desde arriba, las imágenes son aterradoras: Ya no hay escuela, ni iglesia, ni estación de policía, solo ruinas.
El seísmo no dejó muertos, ni desaparecidos, pero sí heridos y desplazados. Miles de personas tuvieron que pasar la noche en sus automóviles, en carpas o en refugios temporales.
Unas horas después de los temblores, en una breve intervención, el primer ministro italiano, Matteo Renzi, aseguró a los afectados que el Gobierno realizará una reconstrucción completa. El papa Francisco, durante la bendición dominical, rezó por los afectados del terremoto.
El centro de Italia se está acostumbrando a catástrofes sísmicas. Hace dos meses, otro temblor mató a cerca de 300 personas y destruyó varios poblados en la misma región.
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