Al menos 38.000 musulmanes rohingyas abandonaron Myanmar (Birmania) rumbo a Bangladés en la última semana, huyendo así de la violencia ejercida por el Gobierno y el Ejercito birmanos.
La mayoría de los refugiados son mujeres y niños. A ellos se sumarían otros muchos civiles atrapados en el territorio birmano, esperando el momento adecuado para aventurarse a cruzar a países vecinos. Por su parte, las oenegés internacionales criticaron al Estado birmano, sobre todo a la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi de ser cómplice de la masacre de los musulmanes rohingyas.
Myanmar, dominado por budistas, tiene a sus espaldas un largo historial de discriminación y persecución de los musulmanes. El Gobierno birmano niega la plena ciudadanía a los seguidores del Islam, a los que considera inmigrantes indocumentados bangladesíes, pese a que la comunidad internacional y grupos pro derechos humanos rechazan tales argumentos, aseverando que esa minoría musulmana tiene raíces históricas en el territorio birmano.
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