Los manifestantes —la mayoría de una organización islámica de Bangladés— han formado una cadena humana. En las pancartas que llevaban se leían lemas como: ‘Stop al genocidio musulmán en Myanmar’, ‘Myanmar genocida’.
Tanto los activistas como los testigos presenciales confirman que el Ejército birmano continúa asesinando a musulmanes rohingyas, saqueando sus bienes, violando a las mujeres e incendiando sus viviendas.
Desde el año 2012, los extremistas budistas han ejercido una violencia sin par en el estado de Rajine. El Gobierno birmano niega la plena ciudadanía a los musulmanes y los considera como inmigrantes indocumentados de Bangladés, aunque hayan vivido en Myanmar durante generaciones.
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