• Una “mano en negativo” en las paredes de la cueva de El Castillo, en España.
Publicada: lunes, 28 de noviembre de 2016 16:52

Los científicos hablan del código de la Edad de Piedra que puede encerrar los secretos del origen de nuestra escritura.

Son 32 trazos que se repiten, una y otra vez, en las paredes de cuevas de toda Europa. Registros simples, apenas líneas en zigzag, puntos, triángulos inacabados, cruces torcidas o lo que a simple vista podrían ser figuras geométricas desprolijas.

Pero no son un trabajo de apuro o la creación de un dibujante torpe. Los científicos creen que, en conjunto, constituyen el código de escritura más antiguo del que se tenga registro, 

Me interesan los grandes patrones, las posibles interconexiones entre dibujos y regiones, y eso sólo lo podemos estudiar a gran escala", según Genevieve von Petzinger, una paleoantropóloga de la Universidad de Victoria.

Y son el desvelo de Genevieve von Petzinger, una paleoantropóloga de la Universidad de Victoria, en Canadá, que está detrás de un inédito estudio del arte rupestre del Paleolítico.

Días enteros en cuevas de difícil acceso: así es el trabajo de la científica que estudia un misterioso código de la Edad de Piedra.

 

"Me interesan los grandes patrones, las posibles interconexiones entre dibujos y regiones, y eso sólo lo podemos estudiar a gran escala", dijo el domingo Von Petzinger a BBC Mundo.

El alcance geográfico del proyecto es ciertamente ambicioso. Abarca más de 350 yacimientos arqueológicos, "lo cual no es tanto si se tiene en cuenta que son 30.000 años de historia".

La paleoantropóloga canadiense no está interesada en esas figuras más atractivas —los bisontes, las escenas de caza, las representaciones claramente antropomórficas—, sino en escudriñar esos registros que han sido catalogados de "geométricos", por falta de un término más apropiado.

A simple vista, pueden parecer trazos desprolijos y sin importancia, como los que se ven aquí en Las Chimeneas, una cueva española que es Patrimonio de la Humanidad.

 

Los "dibujos ignorados" están allí desde la Edad de Piedra, hace 10.000 a 40.000 años, y representan parte de uno de los legados artísticos más antiguos del mundo, en la fase final del último período glacial en Europa (por eso se lo llama también arte de la era del hielo).

Silenciosos e inexplorados, podrían estar hablándonos de "un cambio fundamental en las habilidades mentales de nuestros ancestros", explicó Von Petzinger: la capacidad de articular un código, la misma que se requiere para desarrollar una escritura como hizo luego el hombre moderno.

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