• Reconstrucción artística de un archosauromorfo creada por el Instituto Catalán de Paleontología.
Publicada: jueves, 20 de abril de 2017 22:03

Investigadores españoles descubren las huellas de una antigua especie de réptil hasta ahora desconocida, que vivió entre hace 247 y 248 millones de años.

Los investigadores —del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) y la Universidad Autónoma de Barcelona (noreste)— han emitido un comunicado para llamar la atención sobre un artículo publicado esta semana en la revista Plos One, en el que bautizan a esta nueva especie como Prorotodactylus mesaxonichnus.

Su rastro fue encontrado en los Pirineos (norte) junto a un amplio conjunto de huellas de reptiles ancestros de los dinosaurios y los cocodrilos, un grupo conocido como arcosauromorfos. La mayor parte de estas huellas pertenecían a animales de apenas medio metro de longitud, aunque algunos alcanzaban los tres metros, explica el comunicado.

Usaban las cuatro patas para andar y a menudo dejaban marcas de la cola. De todos modos, algunas huellas evidencian una posible locomoción bípeda en momentos puntuales para ir más rápido”, explica el investigador del Instituto Catalán de Paleontología (IPC) Josep Fortuny.

Entre estos rastros destaca el del misterioso Prorotodactylus mesaxonichnus, una especie desconocida hasta ahora, con aspecto de cocodrilo de medio metro de longitud, aunque con las patas más largas y una pose más erguida.

 

“Usaban las cuatro patas para andar y a menudo dejaban marcas de la cola. De todos modos, algunas huellas evidencian una posible locomoción bípeda en momentos puntuales para ir más rápido”, explica el investigador del ICP Josep Fortuny en el comunicado.

Esto les hace pensar que pertenecían a la familia de los arcosauromorfos euparkeriidos, antepasado de cocodrilos y dinosaurios conocidos por restos óseos encontrados en Polonia, Rusia, China y Sudáfrica.

La especie vivió en un tiempo convulso para la vida en la Tierra, justo después de la extinción de finales del periodo Pérmico, la mayor de la historia terrestre, que causó la desaparición de alrededor del 90 % de las formas de vida.

Los investigadores sospechan que en aquella Tierra devastada, en la que los continentes todavía estaban agrupados en Pangea, los arcosauromorfos dominaron las laderas de los ríos de los antiguos Pirineos y tuvieron un papel “clave durante la recuperación de los ecosistemas tras la extinción en masa de finales del Pérmico”. 

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