“Llamamos firmemente a las autoridades afganas y a las organizaciones internacionales de derechos humanos a investigar de manera detallada e imparcial todas las circunstancias de lo sucedido (...) con el fin de responsabilizar a los culpables y tomar medidas efectivas para evitar que se repitan incidentes de esta índole”, ha afirmado el Ministerio de Exteriores de Rusia en un comunicado divulgado este viernes.
La Cartera rusa ha recordado que a raíz del ataque aéreo de Estados Unidos realizado el pasado 3 de noviembre en el distrito de Char Dara, en la provincia norteña de Kunduz, al menos 10 civiles murieron y más de 20 resultaron heridos.
Sin embargo, ha denunciado que “pese a que el hecho fue confirmado oficialmente por los expertos de la misión de la ONU en Afganistán, los representantes de las fuerzas de seguridad afganas, así como el mando de las tropas de EE.UU. y la OTAN en Afganistán desmienten víctimas entre la población civil”.
Llamamos firmemente a las autoridades afganas y a las organizaciones internacionales de derechos humanos a investigar de manera detallada e imparcial todas las circunstancias de lo sucedido (...) con el fin de responsabilizar a los culpables y tomar medidas efectivas para evitar que se repitan incidentes de esta índole”, afirma el Ministerio de Exteriores de Rusia en un comunicado.
La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) anunció el pasado 7 de octubre en su cuenta de Twitter que al menos diez civiles murieron a causa de los bombardeos estadounidenses de la semana pasada en Kunduz.
Empero, la misión de la OTAN en Afganistán, Apoyo Decidido argumentó que tras investigar las denuncias a este respecto, no había encontrado “pruebas” de que la acción militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hubiera dejado bajas civiles.
Por su parte, las fuerzas afganas se han limitado a informar de la muerte de 48 ‘insurgentes’, negando cualquier víctima civil.
En 2001, la OTAN, encabezada por Estados Unidos, invadió Afganistán en el marco de la llamada “guerra contra el terrorismo”. La ofensiva apartó del poder al grupo armado Talibán, pero la inseguridad, pese a la presencia de miles de soldados extranjeros, sigue campando por gran parte del territorio afgano.
Washington ha admitido, sin embargo, el fracaso de su estrategia en el país asiático y Talibán persiste en sus actividades en diferentes partes del país.
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