De las 18.500 víctimas contabilizadas por este catástrofe natural, unas 2600 siguen desaparecidas, lo que impide a sus familiares cumplir serenamente con el duelo.
Por cuarto año consecutivo, las sirenas han resonado a las 14H46 locales (05H46 GMT), en memoria de los fallecidos. Apenas terminado el homenaje, los guardacostas de las zonas afectadas han vuelto a la minuciosa tarea que realizan desde hace cuatro años, remover la arena en busca de los desaparecidos.
En el litoral del noreste, azotado aquel día fatídico por olas de hasta 30 metros de altura, los sobrevivientes y los familiares de las víctimas de la tragedia han participado en numerosas ceremonias conmemorativas.
De las 18.500 víctimas contabilizadas, unas 2600 siguen desaparecidas, lo que impide a sus familiares cumplir serenamente con el duelo.
Cuatro años después de la doble catástrofe, cerca de 230.000 personas siguen viviendo lejos de su morada, en alojamientos provisorios, en casa de familiares o centros médicos, según los reportes locales.
A esa catástrofe natural, la peor que haya conocido Japón desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se agregó el accidente nuclear de Fukushima, que expulsó de su domicilio a miles de habitantes. Muchos nunca podrán regresar a su hogar.
La descontaminación de las zonas afectadas por la tragedia de Fukushima, situadas en un radio de decenas de kilómetros, tampoco avanza al ritmo anunciado, lo que posterga sin fin el retorno de los habitantes.
"Vamos a poner todo en movimiento para reconstruir las regiones siniestradas, manteniéndonos cerca de las personas directamente afectadas por la catástrofe, obligadas a vivir en una profunda tristeza", ha declarado el primer ministro japonés Shinzo Abe en una conferencia de prensa.
Abe recordó además el compromiso de desmantelar la central nuclear de Fukushima, lo que llevará al menos cuarenta años.
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