Fe, poder y voto
La iglesia debería ser un lugar de fe, acogida y libertad de conciencia. Pero, en Brasil, el crecimiento de algunas estructuras evangélicas también ha traído poder económico, capacidad de movilización e influencia electoral.
Los templos se han convertido en espacios codiciados por los políticos. Los pastores, en interlocutores de candidatos. Y la fe de millones de brasileños ha pasado a ocupar un lugar cada vez más estratégico en la
disputa por el poder.
Hay una pregunta incómoda detrás de este acercamiento: cuando un líder religioso utiliza
el púlpito para orientar decisiones políticas, ¿está simplemente ejerciendo su libertad de
expresión o está utilizando la autoridad que posee sobre los fieles para interferir en una
decisión que debería pertenecer exclusivamente a cada ciudadano?
ayk/msm
