• Detrás de la Razón: ¿Despedirán a miles de empleados? La nueva guerra de Donald Trump
domingo, 4 de marzo de 2018 23:45

Donald Trump continúa intentando desestabilizar al mundo. ¿Será porque su sistema piensa que entre más inestable será más estable EE.UU., o porque en la desestabilización los negocios son mejor para los poderosos? dice el refrán que a río revuelto, ganancia de pescadores.

Pero mientras averiguamos qué es lo que piense y para qué lo hace, observemos el problema más urgente, la próxima guerra que quiere establecer, tan nociva como una militar, donde quizá se pierdan cientos de miles de empleos. Y por supuesto quien más va a sufrir serán los pueblos más débiles.

Como usted sabe, estos días el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó con ponerle impuestos al acero y aluminio que EE.UU. compra del exterior, 25 al primero, 10 al segundo.

¿Por qué lo hace? Según Trump, para proteger el acero nacional, y recuperar el poder de las industrias acereras estadounidenses. De hecho lo califica como un problema de seguridad nacional, que es una etiqueta que le empodera para hacer y deshacer. A su anuncio, la reacción fue de susto y de enfado en todo el mundo.

Los principales comerciantes del acero inmediatamente reaccionaron amenazando a Trump que responderían con medidas similares poniéndole impuestos a los productos estadounidenses.

Pero más allá de las represalias, que auguran una tormenta financiera de movimiento de capitales para todos lados del mundo (apenas el anuncio de Trump desde la Casa Blanca y se desplomaron las bolsas, aunque sea un poco, en Europa), está la otra tormenta, no la de las represalias, simplemente del efecto dominó de subir materia prima y provocar una escalada no de tensión, sino de precio real de otros productos que utilizan el primario.

La tonelada métrica que está en casi 800 dólares, y que subiría a mil dólares, provocaría que todos los sectores que usan acero suban los precios de sus productos, afirmación que no se necesita saber de economía para prometer qué pasará. Así el sector automovilístico, los fabricantes de refacciones, y hasta la industria de la construcción subirán el costo de su producción, y su producto final, y esto a su vez, subirá otros sectores indirectos.

Si sube el precio de un automóvil, subirán seguramente otras cosas, como el transporte, aunque el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, diga que no al sostener una lata de sopa Campbells ante las cámaras de la cadena estadounidense CNBC, para afirmar que el porcentaje de acero en ese producto es mínimo y que el 25 % no afectará su subida en una tiendita.

Campbell, desde sus headquarters en New Jersey, contestó, que está mal el equipo de Trump, y que sí van a subir la sopa. Y si suben la sopa, que a primera vista, uno diría, que qué tiene que ver con la Casa Blanca, pues ya se imagina a nivel global qué va a pasar.

Una vez que suba la sopa, entonces las cosas no serán tan fáciles de comprar, lo que siempre se traduce en despedir a los empleados para mantener los costos de la producción ante el incremento de los insumos y productos que demandarían, digamos “un poquito menos”, los ciudadanos, el consumidor final, que puede ser el mismo desafortunado obrero o empleado, que salió disparado de la empresa Campbell que le subió la sopa y le quitó el empleo porque subió el acero.

¿Qué está haciendo Trump? ¿Por qué lo hace? ¿A caso tiene un equipo de inteligencia financiera compuesto por tontos? no creo, ¿entonces? Mientras todo esto sucede, en la televisión de EE.UU., un anuncio pagado por U.S. Steel y ArcelorMittal, las dos gigantes de la siderurgia estadounidense, le exige a Trump cumplir su promesa de campaña, le exige que proteja a los acereros estadounidenses y cierre filas ante los desleales.

¿Quiénes? China y México, las “bestias negras” que Trump prometió acabar en campaña acusándoles de abusar del pobrecito EE.UU. Canadá hoy se sumaría a la lista porque promete que si Trump le sube el impuesto a su acero, que es donde más compra, le regresarán en bumerán.

¿El alza del impuesto del acero será toda una promesa de campaña falsa para atraer votos? porque curiosamente coincide con las elecciones que ahí se celebran, ¿dónde? en Pensilvania, donde está Pittsburgh, la capital del acero de EE.UU.

En Detrás de la Razón, nosotros preguntamos, los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar. Lo importante es detectar las aristas que no nos dicen.

El análisis, las preguntas y respuestas a las nueve treinta de la noche, desde los estudios de Teherán; Londres, siete y Madrid, ocho de la tarde; México y Colombia, una de la tarde.

Por: Roberto de la Madrid.

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