Por Mohammad Reza Gilani
Hay obras de arte que se contemplan y otras que obligan a detenerse, escuchar y recordar. Las Mariposas de Minab, de la artista mexicana María Schietekat, pertenece a estas últimas: una creación nacida del dolor por la muerte de los niños de Minab, Irán, que transforma materiales desechados en un mensaje de memoria, solidaridad y esperanza.
Este 20 de octubre, Schietekat entregó personalmente la obra a la Embajada de la República Islámica de Irán en México. No llegó únicamente con un cuadro entre las manos, sino con un deseo que, por momentos, le resultaba difícil expresar sin que la emoción quebrara su voz: hacer llegar su mensaje a las madres de los niños fallecidos y contribuir a despertar la conciencia del mundo ante la tragedia.
“Mi mayor deseo es que esta obra pueda llevar un mensaje a las madres de Minab”, expresó la artista, quien manifestó su profundo respeto y admiración por el pueblo iraní. Conmovida hasta las lágrimas, explicó que desea hacer todo lo que esté a su alcance para que la tragedia no quede sepultada bajo el ruido de las noticias ni desaparezca de la memoria colectiva.
“Esta obra nace de un acontecimiento que nunca debió haber ocurrido: estos niños martirizados por una guerra que nunca debió haber comenzado”, afirmó.
Y pronunció una de las reflexiones más conmovedoras de su mensaje: “La guerra podrá destruir cuerpos y materiales, pero los sueños y las historias se niegan a desaparecer”.
Mariposas que llevan los sueños más allá de la tragedia
En la obra, los niños de Minab se transforman en mariposas que ascienden hacia el astro que representa a Irán, mientras sus historias parecen elevarse por encima de la destrucción. En la parte inferior aparece la escuela, acompañada por la inscripción Minab168, que mantiene presente la dimensión humana de la tragedia.
También están los libros y los objetos escolares: huellas de una infancia interrumpida, de las aulas que debieron seguir llenas de voces y de los futuros que cada niño tenía por delante. Una flor completa la composición como símbolo de vida y esperanza, un recordatorio de que el amor y la memoria permanecen incluso cuando la violencia intenta destruirlo todo.
Cada elemento contribuye a contar una historia sin necesidad de recurrir a imágenes explícitas de destrucción. Las mariposas no borran la tragedia: la convierten en memoria. El vuelo no niega la ausencia: representa la permanencia de los sueños en las familias que siguen amando a sus hijos.
“Lo que esta obra muestra es que los sueños y las historias permanecen en las familias de esos niños, que todavía los aman y que llevarán consigo su historia y su memoria”, explicó Schietekat.
La artista describió también cómo esos recuerdos se elevan hacia la luna de Irán, símbolo del pueblo que continúa amando, recordando y manteniendo viva la historia de los pequeños.
Del material desechado a una obra cargada de humanidad
La fuerza de Las Mariposas de Minab reside también en su proceso creativo. Schietekat trabaja con materiales reciclados y recuperados, a los que ofrece una segunda vida mediante una técnica artística que convierte el papel y el cartón desechados en nuevas superficies de expresión.
En su producción, aquello que parecía destinado a desaparecer adquiere una nueva forma y un significado inesperado. En esta ocasión, esa transformación material adquiere una dimensión profundamente humana: los restos se convierten en arte y el arte, en un vehículo para preservar una memoria que no debe perderse.
La trayectoria de Schietekat añade otra dimensión a esta propuesta. Después de más de tres décadas de carrera profesional en el ámbito de la ingeniería en cibernética, encontró en el arte una vía de expresión personal. Su exploración de la pasta de papel reciclado durante la pandemia terminó convirtiéndose en una característica distintiva de su trabajo.
En Las Mariposas de Minab, esa filosofía encuentra una de sus expresiones más sensibles: transformar lo que otros desechan en algo capaz de provocar emoción, reflexión y esperanza.
“Minab es un dolor compartido por toda la humanidad”
Al recibir la obra, el embajador de Irán en México, Abolfazl Pasandide, destacó el valor de la solidaridad expresada por la artista y la importancia de que existan voces dispuestas a defender la dignidad humana más allá de las fronteras.
El diplomático señaló que la obra tiene un valor incalculable para la embajada, precisamente porque María Schietekat la creó desde el corazón. Su significado, afirmó, trasciende la necesidad de cualquier traducción.
El embajador subrayó asimismo que la tragedia de Minab no pertenece exclusivamente a Irán: es un dolor que interpela a toda la humanidad. La muerte de niños y personas inocentes no puede convertirse en algo cotidiano, aceptable o inevitable en la conciencia de las sociedades.
Frente a esa realidad, sostuvo que es necesario alzar la voz para exigir que los responsables rindan cuentas y respondan por sus actos. Recordar a las víctimas, afirmó, también significa defender el principio de que ninguna vida inocente debe ser tratada como una cifra prescindible.
La entrega de la obra se convirtió así en un encuentro entre la sensibilidad de una artista mexicana y el dolor de las familias iraníes: una expresión de solidaridad que demuestra que la empatía puede atravesar océanos, idiomas y diferencias culturales.
Que el mundo no olvide a los niños de Minab
El ataque contra la escuela primaria Shayare Tayebe, en Minab, ocurrió el 28 de febrero de 2026, durante las primeras horas de la agresión sionista-estadounidense contra Irán. Hubo 168 niños y sus docentes asesinados, la mayoría de ellos mutilados a causa de doble ataque con misiles, cifra que dio origen a la inscripción Minab168 y que la artista incorporó a su obra.
Las investigaciones periodísticas posteriores aportaron pruebas que apuntan a la responsabilidad estadounidense en el ataque. Un video verificado por The New York Times mostró un misil Tomahawk impactando muy cerca de la escuela; análisis publicados posteriormente por medios estadounidenses también señalaron “fallos de inteligencia y de identificación de objetivos”.
Pero detrás de las cifras y las investigaciones hay niños que tenían nombres, familias, sueños y una vida por delante. Hay madres que los esperan en la memoria, cuadernos que ya no volverán a abrirse en aquellas aulas y familias para las que el tiempo quedó marcado por una pérdida irreparable.
Por eso, Las Mariposas de Minab no pretende ser únicamente un homenaje artístico. Es también una invitación a no acostumbrarse al sufrimiento ajeno, a no permitir que la repetición de las imágenes de guerra convierta la muerte de los inocentes en una estadística más.
María Schietekat quiso que su obra llegara a las madres de Minab. Quizá nunca pueda abrazarlas personalmente ni aliviar el vacío que dejó la pérdida de sus hijos. Pero ha encontrado una manera de hacerles llegar un mensaje desde México: sus niños no han sido olvidados.
Y mientras sus mariposas sigan volando en la memoria de quienes contemplen la obra, los sueños de Minab seguirán teniendo un lugar en el mundo.
