Por: Ali Zeraatpisheh
Desde la brutal violencia ejercida contra los pueblos indígenas de América hasta las guerras ilegales contra Irán, Estados Unidos ha perseguido durante mucho tiempo la hegemonía mundial mediante la agresión militar, la expansión territorial y la coerción, provocando la resistencia de quienes se niegan a someterse.
El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llegó al Caribe y entró en contacto con los taínos, un pueblo indígena que contaba con sus propias comunidades, tierras de cultivo, sistemas políticos y cultura.
Ya vivían en aquellas tierras. Colón no llegó a un territorio deshabitado. Llegó a una región poblada y la reclamó en nombre de las potencias europeas.
Lo que vino después fue una brutal conquista. Los europeos se apoderaron de las tierras indígenas y obligaron a hombres, mujeres y niños taínos a trabajar y buscar oro.
Quienes no cumplían las exigencias laborales eran sometidos a castigos brutales. A algunos les mutilaban el cuerpo. Otros eran asesinados. Las comunidades indígenas se vieron obligadas a proporcionar alimentos y mano de obra a los recién llegados.
La población quedó devastada. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos estima que, cuando llegaron los europeos, La Española contaba con alrededor de un millón de habitantes indígenas.
Unos 20 años después, apenas quedaban unos 30 000. Las enfermedades causaron numerosas muertes, pero el desplome demográfico también fue consecuencia del trabajo forzado, el hambre, la violencia, el desplazamiento y la destrucción de la producción alimentaria indígena.
La violencia se extendió mucho más allá del Caribe. Las potencias europeas se apoderaron de territorios por toda América y combatieron contra las naciones indígenas para hacerse con el control de sus tierras.
Millones de personas fueron desplazadas. Los pueblos indígenas fueron esclavizados, asesinados y expulsados de sus comunidades. El Museo Nacional del Indígena Americano, perteneciente al Instituto Smithsoniano, estima que la población indígena de América se redujo aproximadamente un 95 % durante los 130 años posteriores al primer contacto con los europeos.
En América del Norte, este proceso continuó durante siglos. Los colonos europeos avanzaron sobre las tierras indígenas, mientras que los gobiernos coloniales y, posteriormente, Estados Unidos recurrieron a la guerra, los tratados, las expulsiones forzosas y otras políticas para hacerse con el control del territorio.
A medida que Estados Unidos se expandía hacia el oeste, las naciones indígenas eran confinadas en territorios cada vez más reducidos.
La destrucción no fue simplemente consecuencia de las enfermedades ni de un encuentro accidental entre dos civilizaciones. Se codiciaban las tierras. Se codiciaban los recursos. Se buscaba el control político. La fuerza armada y el poder del Estado se utilizaron reiteradamente para conseguir esos objetivos.
Esa es la cara más oscura de la historia que se esconde tras el Día de Colón. Esta fecha marca el inicio de un periodo en el que las potencias europeas llegaron a tierras ya habitadas por otros pueblos, se apoderaron de sus territorios y sometieron a las poblaciones indígenas a la violencia, el trabajo forzado y el desplazamiento.
La magnitud de la destrucción fue inmensa. Comunidades enteras desaparecieron. Otras fueron expulsadas de sus hogares. Numerosas naciones perdieron sus tierras y su poder político.
Las armas y los gobiernos cambiarían a lo largo de los siglos siguientes. Pero la cuestión fundamental seguiría siendo la misma: ¿qué ocurre cuando un Estado poderoso decide que su expansión justifica la destrucción que impone a los pueblos que se interponen en su camino?
Siglos después, esa cuestión volvería a plantearse en una región muy distinta del mundo. Sin embargo, el instrumento predilecto de Estados Unidos —la fuerza militar, el poder político y las falsas alegaciones de necesidad estratégica para imponer su voluntad a otras naciones— seguiría siendo el mismo.
¿Cómo construyó EEUU su imperio?
Estados Unidos no dejó de expandirse tras conquistar su independencia. Avanzó hacia el oeste a través de América del Norte, apropiándose de tierras mediante compras, guerras, expulsiones forzosas y agresiones militares.
En 1803, el presidente Thomas Jefferson compró a Francia el territorio de Luisiana por 15 millones de dólares. La operación prácticamente duplicó la superficie de Estados Unidos.
A continuación, los colonos estadounidenses avanzaron aún más hacia el oeste, amparándose en la doctrina del “Destino Manifiesto”, según la cual Estados Unidos estaba destinado a dominar el mundo.
La expansión trajo consigo nuevas guerras. En 1846, Estados Unidos entró en guerra con México. Dos años después, México se vio obligado a ceder aproximadamente la mitad de su territorio. Las tierras cedidas incluían los actuales estados de California, Nevada y Utah, así como grandes extensiones de Arizona y Nuevo México.
El avance hacia el oeste también provocó matanzas masivas. Las fuerzas estadounidenses combatieron contra las naciones indígenas mientras los colonos se instalaban en sus tierras. Se destruyeron aldeas. Se asesinó a sus habitantes. Otros fueron expulsados de sus hogares y obligados a vivir en reservas.
Algunas de las peores masacres se convirtieron en símbolos de aquella violencia. En Sand Creek, Colorado, en 1864, las tropas estadounidenses atacaron un campamento cheyenne y arapaho y mataron a cientos de personas, entre ellas mujeres y niños. En Wounded Knee, Dakota del Sur, en 1890, los soldados estadounidenses asesinaron a cientos de hombres, mujeres y niños lakota.
Estados Unidos siguió expandiéndose a pesar del coste humano. A finales del siglo XIX, había pasado de ser un país pequeño situado en la costa atlántica a convertirse en una potencia continental que se extendía hasta el Pacífico.
El territorio se había conquistado mediante una combinación de guerra, presión política y expulsiones forzosas. Los pueblos que se interponían en el camino pagaron el precio. Sin embargo, la expansión no terminó en el Pacífico. Pronto, Estados Unidos comenzaría a mirar más allá de América del Norte.
¿Hasta dónde llevó a EEUU su expansión?
La expansión estadounidense no se detuvo cuando el país alcanzó el Pacífico. Se extendió al extranjero. A finales del siglo XIX, Washington estaba construyendo un poder colonial y militar que iba mucho más allá de América del Norte.
El punto de inflexión llegó en 1898. Estados Unidos entró en guerra con España y derrotó rápidamente a las fuerzas españolas en el Caribe y el Pacífico.
El Tratado de París otorgó a Estados Unidos Puerto Rico y Guam y transfirió Filipinas al control estadounidense a cambio de 20 millones de dólares. Cuba quedó bajo ocupación estadounidense.
Ese mismo año, Estados Unidos también se anexionó Hawái. Hawái había sido un reino independiente, pero empresarios estadounidenses habían contribuido al derrocamiento de la reina Liliʻuokalani en 1893. El 7 de julio de 1898, el presidente William McKinley firmó la resolución que anexionaba las islas.
Filipinas se convirtió entonces en un campo de batalla. Las fuerzas filipinas combatieron contra las tropas estadounidenses después de rechazar el dominio de Estados Unidos. La guerra filipino-estadounidense comenzó en 1899 y se prolongó durante años.
Decenas de miles de combatientes filipinos murieron, mientras que numerosos civiles fallecieron a causa de la violencia, las enfermedades, el hambre y los desplazamientos forzosos.
Washington ya no se limitaba a expandirse por un continente vecino. Estaba tomando el control de islas y territorios situados a miles de kilómetros de Estados Unidos.
Las nuevas posesiones también tenían valor militar. Puerto Rico, Guam y Filipinas proporcionaron a Washington bases y posiciones estratégicas en el Pacífico y el Caribe.
El Gobierno estadounidense consideraba abiertamente que estos territorios eran importantes para sus intereses comerciales y militares.
En 1900, Estados Unidos se había convertido en una potencia de ultramar, con territorios e intereses militares repartidos por el Pacífico. El propio Departamento de Estado estadounidense describe 1898 como el nacimiento de Estados Unidos como una supuesta “superpotencia”.
La frontera de la expansión había cambiado. Estados Unidos ya no se limitaba a apropiarse de tierras en América del Norte. Ahora proyectaba su poder a través de los océanos. Y pronto ese poder alcanzaría Asia Occidental.
¿Cómo estableció EEUU su poder en Asia Occidental?
Estados Unidos amplió su presencia en Asia Occidental durante la Segunda Guerra Mundial y después de ella, impulsado por las reservas petroleras de la región, su ubicación estratégica y su importancia para el comercio mundial.
Washington buscaba garantizar el acceso a los suministros energéticos y a las rutas que conectaban Europa, Asia y África. También consideraba la región un frente fundamental de su rivalidad con la Unión Soviética durante la Guerra Fría.
En 1945, los funcionarios estadounidenses ya debatían la posibilidad de establecer instalaciones militares en Arabia Saudí, al tiempo que desarrollaban los intereses petroleros estadounidenses en el país.
A medida que disminuía el poder británico, Washington trató de proteger sus intereses mediante alianzas con gobiernos regionales, ventas de armas y acceso a instalaciones militares.
Estableció estrechas relaciones de seguridad con los Estados árabes y con el recién creado régimen israelí, al tiempo que mantenía fuerzas navales en el golfo Pérsico.
En 1953, Estados Unidos también desempeñó un papel central en el golpe de Estado que derrocó al primer ministro iraní Mohamad Mosadeq, cuyo Gobierno había nacionalizado la industria petrolera del país. Aquella brutal intervención demostró que Washington estaba dispuesto a intervenir directamente en los asuntos políticos de otro país cuando sus intereses estratégicos y económicos estaban en juego.
Después de que el Reino Unido retirara sus fuerzas del golfo Pérsico en 1971, Estados Unidos amplió su papel regional y pasó a depender en gran medida de gobiernos aliados para proteger los intereses occidentales. Los acuerdos armamentísticos, la cooperación militar y el acceso a instalaciones estratégicas reforzaron la influencia de Washington.
Lo que comenzó como una búsqueda de petróleo y acceso estratégico se convirtió en una presencia política y militar más amplia, que afrontaría un desafío de gran envergadura con la Revolución Islámica de Irán de 1979.
¿Cómo ha resistido Irán la dominación estadounidense desde 1979?
La Revolución Islámica de 1979 marcó el comienzo de una nueva era de resistencia en Irán. El país rompió con Washington y rechazó el control estadounidense sobre su futuro político.
Para Estados Unidos, que durante mucho tiempo había disfrutado de una posición privilegiada en Irán, la revolución supuso la pérdida de un aliado clave. Para Irán, significó negarse a permitir que una potencia extranjera dictara su rumbo. Washington respondió con sanciones, presión económica y amenazas militares. En 1980, rompió las relaciones diplomáticas con Irán.
Ese mismo año, Irak invadió Irán, dando comienzo a una guerra impuesta de ocho años que provocó el martirio de cientos de miles de personas. Estados Unidos apoyó a Irak durante el conflicto, pese a que sus funcionarios sabían que las fuerzas iraquíes habían utilizado armas químicas.
El enfrentamiento también dio lugar a ataques directos de las fuerzas estadounidenses. En abril de 1988, la Armada estadounidense atacó plataformas petroleras y buques de guerra iraníes en el golfo Pérsico.
El 3 de julio de ese año, el USS Vincennes derribó el vuelo 655 de Iran Air, causando la muerte de las 290 personas que viajaban a bordo, incluidos 66 niños.
El avión era un aparato comercial de pasajeros que volaba de Bandar Abás a Dubái. Su destrucción sigue siendo uno de los episodios más oscuros de la historia del imperialismo estadounidense.
Irán continuó resistiendo la presión estadounidense. Washington impuso restricciones a las exportaciones de petróleo iraní, al sector bancario y al comercio internacional, con el objetivo de debilitar al país y obligarlo a modificar sus políticas.
Irán respondió desarrollando sus propias capacidades misilísticas, reforzando su industria de defensa y estableciendo alianzas regionales. Se negó a supeditar su política de seguridad a Washington.
En enero de 2020, Estados Unidos asesinó al general Qasem Soleimani, alto comandante de la lucha antiterrorista, mediante un ataque con drones cerca del aeropuerto de Bagdad. Días después, Irán respondió con ataques con misiles contra las fuerzas estadounidenses en la base aérea de Ain al-Asad, en Irak, alterando los cálculos estratégicos de la región.
Esa negativa a someterse constituye un elemento central de la historia de la República Islámica. En febrero de 2026, el enfrentamiento volvió a trascender la presión y las amenazas cuando Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque directo contra Irán.
¿Cómo continúan las guerras recientes contra Irán la historia de conquista de EEUU?
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel desencadenaron contra Irán una guerra de agresión a gran escala y no provocada, atacando infraestructuras civiles y de seguridad y asesinando al líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, así como a altos mandos militares.
Se produjeron daños en escuelas e instalaciones médicas, mientras miles de familias se enfrentaban a la muerte, las lesiones y el desplazamiento. Trump amenazó con destruir Irán y afirmó que Washington “aniquilaría” al pueblo iraní, del mismo modo que sus predecesores aniquilaron a los pueblos indígenas de América del Norte.
También advirtió a los militares iraníes que se rindieran o se enfrentarían a una “muerte segura”. El mensaje era inequívoco: Washington pretendía utilizar su poder militar para obligar a Irán a someterse.
El coste humano fue devastador. Una actualización humanitaria de las Naciones Unidas informó de que, para el 17 de marzo, más de 1200 personas habían muerto y más de 17 000 habían resultado heridas en Irán. Los daños afectaron también a hospitales, escuelas y servicios esenciales. Posteriormente, investigadores de derechos humanos documentaron daños en decenas de instalaciones médicas y centros educativos.
En Minab, un ataque contra una escuela femenina el primer día de la guerra causó la muerte de más de 160 personas, según informes de la ONU. Las víctimas eran, en su inmensa mayoría, alumnas y otras personas que se encontraban en el centro educativo.
Las imágenes satelitales mostraron daños generalizados en al menos 228 estructuras e instalaciones de emplazamientos militares estadounidenses, incluidos sistemas de radar, aeronaves, instalaciones de combustible y edificios utilizados por personal militar estadounidense.
Las similitudes con la conquista de los territorios indígenas de América son difíciles de ignorar. Estados Unidos se apoderó de tierras, empleó una fuerza militar abrumadora contra quienes se resistían y destruyó comunidades para imponer su control.
En Irán, Estados Unidos e Israel utilizaron su poder aéreo para lanzar ataques en todo un país independiente, matando a civiles y dañando viviendas, escuelas, hospitales y otras infraestructuras esenciales.
También existe una similitud en la exigencia de sometimiento. Los pueblos indígenas que resistieron la expansión estadounidense se enfrentaron a la agresión militar y a las expulsiones forzosas.
Irán ha sufrido durante décadas sanciones, amenazas e intentos de doblegar su resistencia. Cuando esas medidas no consiguieron que Teherán se ajustara a las exigencias de Washington, la presión escaló hasta convertirse en una guerra directa. Las amenazas de Trump de “destruir Irán” revelaron la magnitud de la fuerza que Washington estaba dispuesto a emplear.
Desde Colón hasta Asia Occidental, Estados Unidos ha dejado un rastro de sangre en su búsqueda de mayor poder y riqueza, pero Irán se convirtió en un dique infranqueable que impidió a Washington seguir avanzando.
Texto recogido de un art'iculo publicado en Press TV
