Publicada: martes, 20 de octubre de 2026 17:43

Fundada en 1808 como fortaleza militar, Arak se convirtió en un importante centro industrial iraní, destacado por su bazar histórico, arquitectura qajar, paisajes naturales e industrias estratégicas.

Por Iván Kesic

  • Arak fue fundada en 1808 con el nombre de Sultanabad como una fortaleza militar planificada, diseñada por un ingeniero francés siguiendo un trazado en cuadrícula inspirado en la ciudad de Niza. Esto la convierte en una de las pocas ciudades iraníes construidas conforme a un plan urbanístico concebido de antemano.
  • El bazar histórico de la ciudad, cuya construcción comenzó en 1813, sigue siendo un centro comercial activo. Sus caravasares y pasajes cubiertos conectaban antaño la riqueza agrícola de la llanura de Farahán con las grandes casas comerciales de todo Irán.
  • La base industrial de Arak, sustentada por la primera planta de aluminio del país, la primera fábrica de locomotoras y vagones y la primera planta de cosechadoras, le ha valido el reconocimiento como el cuarto polo industrial de Irán y el título informal de capital industrial del país.

Arak, capital de la provincia de Markazí, en la zona centro-occidental de Irán, constituye un ejemplo singular de cómo un asentamiento planificado durante la época qajar llegó a transformarse en una importante ciudad industrial.

Fundada con el nombre de Sultanabad a comienzos del siglo XIX, la ciudad nació con el propósito de reforzar la autoridad del Gobierno central, mejorar la seguridad y establecer un centro estratégico administrativo y militar en una región donde el poder de las tribus y la precariedad de las rutas de transporte dificultaban el control estatal.

Sin embargo, su posterior desarrollo fue mucho más allá de aquellos objetivos iniciales. La producción agrícola, la fabricación de alfombras, el comercio internacional, la construcción ferroviaria y la industrialización impulsada por el Estado fueron transformando sucesivamente la economía de la ciudad y su paisaje urbano.

En el centro de esta transformación se encuentra el bazar histórico de Arak, que conectaba el interior agrícola con comerciantes, artesanos y mercados lejanos. Su importancia creció especialmente a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando Sultanabad se convirtió en uno de los principales centros de producción comercial de alfombras de Irán.

Una ciudad planificada durante el período qajar

La zona que rodea la actual Arak conserva vestigios de asentamientos que se remontan a los períodos medo y sasánida. Sin embargo, el emplazamiento de la Arak contemporánea pertenece a un capítulo mucho más reciente de la historia iraní. Los orígenes de la ciudad moderna se sitúan durante el reinado de Fath-Ali Shah Qajar (1797-1834).

Las fuentes históricas vinculan la fundación de Sultanabad con Yusef Khan Gorji, un comandante militar al que se encomendó extender la autoridad del Gobierno central en la región. La fecha exacta de su fundación varía según las fuentes, que la sitúan entre 1808 y 1816.

La elección del emplazamiento respondió a las circunstancias políticas y geográficas de la época. La región, conocida históricamente como Iraq-e Ajam, ocupaba una posición importante entre la meseta central iraní y las rutas occidentales que conducían hacia los montes Zagros.

La creación de un asentamiento fortificado ofrecía al Gobierno un medio para consolidar su autoridad, proteger las comunicaciones y respaldar las actividades militares y administrativas.

Un ingeniero francés, Trezer, que había acompañado la misión del general Gardane a Irán durante la época napoleónica, elaboró los planos de la ciudad, cuyo trazado se inspiró en el de la ciudad francesa de Niza.

El núcleo urbano, encerrado entre murallas, seguía un estricto diseño en cuadrícula, con el bazar situado cerca de la intersección central de las calles y las murallas defensivas salpicadas de numerosas torres.

Sultanabad se diferenciaba de muchas ciudades iraníes que habían crecido gradualmente alrededor de asentamientos más antiguos, instituciones religiosas o centros comerciales ya consolidados.

Su desarrollo respondió a un plan comparativamente regular, organizado en una cuadrícula rectangular y delimitado por una muralla defensiva provista de numerosas torres.

El bazar se ubicó cerca del cruce central de las calles, de modo que formaba parte integral del asentamiento planificado, en lugar de constituir un barrio comercial independiente surgido en una etapa posterior.

Su origen militar no impidió que Sultanabad adquiriera importancia comercial. Un asentamiento más seguro podía atraer a habitantes, artesanos y comerciantes de las aldeas circundantes y, a medida que aumentaba la población, la ciudad se convirtió en un punto de intercambio entre los productores agrícolas y los comerciantes capaces de llevar los productos regionales a mercados más distantes.

Una vista de Arak desde una montaña cercana

 

El bazar histórico: arquitectura y función económica

El bazar histórico sigue siendo una de las manifestaciones más evidentes del diseño urbanístico original de Sultanabad. Situado en el antiguo distrito central, constituía el núcleo comercial de una ciudad cuya prosperidad dependía de la relación entre el campo circundante y una población urbana en constante crecimiento.

El bazar desempeñaba un papel fundamental en la venta de productos agrícolas y en el comercio de alfombras procedentes de las regiones centrales y occidentales del país, en particular las vinculadas a la zona productora de alfombras de Saruq.

Desde el punto de vista arquitectónico, el bazar es un complejo comercial cubierto, no un único edificio cerrado.

Su entramado comprende tiendas, pasajes, patios, caravasares o recintos comerciales conocidos como saray, galerías especializadas en el comercio denominadas timcheh y diversas instalaciones religiosas y públicas vinculadas al conjunto, entre ellas la histórica mezquita y madrasa de Sepahdari, actualmente asociada al seminario Imam Jomeini.

La combinación de funciones comerciales, religiosas y educativas refleja el papel del bazar tradicional iraní como centro de la vida urbana, más allá de su función como mero espacio para las transacciones minoristas.

La mampostería de ladrillo y las estructuras abovedadas son características destacadas del bazar. Los techos arqueados y las cúpulas cubren numerosos pasajes, tiendas y espacios comerciales, mientras que las aberturas en las cubiertas permiten la entrada de luz natural y favorecen la ventilación.

La disposición de corredores y patios interconectados facilita la circulación entre las distintas secciones del complejo y proporciona espacio para almacenar y manipular mercancías.

Estas formas arquitectónicas se adaptaban a un entorno comercial en el que los productos podían llegar en grandes cantidades, permanecer almacenados y redistribuirse a través de una red de comerciantes más pequeños.

Las distintas secciones podían destinarse a determinados tipos de mercancías, comerciantes u operaciones comerciales. Los almacenes y el comercio mayorista coexistían con la actividad minorista, lo que permitía al complejo funcionar como punto de encuentro entre los productores locales y las redes comerciales de mayor alcance.

El bazar también vinculaba la actividad económica con la vida religiosa y social. Las mezquitas y las escuelas ofrecían espacios para el culto, la educación y la interacción comunitaria, mientras que las relaciones comerciales favorecían el intercambio de información, el acceso al crédito y la transmisión de conocimientos profesionales.

Por todo ello, el conjunto histórico debe entenderse como una institución urbana multifuncional. Sus edificios contribuían a organizar el comercio, pero su importancia más profunda residía en las relaciones que articulaban la actividad económica, la vida cívica y la ciudad que lo rodeaba.

Bazar de Arak

 

La producción de alfombras y la expansión del comercio internacional

El ascenso de Sultanabad como centro comercial se aceleró durante la segunda mitad del siglo XIX. Aunque el tejido de alfombras ya se practicaba en la región circundante, esta actividad se expandió a medida que crecía la demanda internacional de alfombras persas.

Los artesanos cualificados de las aldeas cercanas aportaban la mano de obra, mientras que los comerciantes y las empresas comerciales desarrollaban sistemas para recopilar, financiar, almacenar y exportar las alfombras.

A finales del período qajar, Sultanabad se había convertido en uno de los principales centros de producción y comercio de alfombras de Irán. En su economía exportadora participaban cada vez más compañías comerciales extranjeras, comerciantes locales y miembros de la comunidad mercantil armenia.

La casa comercial suiza Ziegler & Co. ejerció una influencia especialmente destacada. La empresa se estableció en Sultanabad a finales del siglo XIX y desarrolló un amplio depósito comercial con almacenes, alojamientos para el personal e instalaciones para el teñido de la lana.

La magnitud de esta expansión queda ilustrada por las estimaciones históricas del número de telares para alfombras: en 1894 había aproximadamente 1.200 en Sultanabad, frente a los apenas 40 que existían cuando Alpiger, representante de Ziegler, llegó por primera vez a la ciudad. Según los informes, las aldeas cercanas contaban con otros 1.500 telares, mientras que otra estimación contemporánea situaba el total del conjunto de la región en torno a los 5.000.

Estas cifras dan una idea de la magnitud del crecimiento de la industria, aunque deben considerarse estimaciones históricas y no un censo definitivo.

Las alfombras de Sultanabad formaban parte de una cadena comercial que se extendía mucho más allá de la ciudad. Los comerciantes organizaban la producción y la recogida de las piezas; las empresas comerciales se ocupaban de los pedidos y la distribución, y las redes de exportación transportaban los productos terminados hasta los mercados extranjeros. Las exportaciones pasaban por Tabriz y Trebisonda, puerto del mar Negro que conectaba el comercio del interior de Irán con las rutas marítimas internacionales.

Esta expansión transformó la relación de la ciudad con su entorno rural, ya que los hogares agrícolas y las comunidades rurales de tejedores quedaron cada vez más vinculados a los comerciantes urbanos y a los compradores extranjeros.

En este sentido, la economía de las alfombras representó una forma temprana de desarrollo económico orientado a la exportación en la región, sustentado en la combinación de una producción artesanal tradicional y un comercio exterior cada vez más organizado.

La guerra, los cambios políticos y las nuevas instituciones comerciales

La expansión comercial de Sultanabad no se produjo de manera ininterrumpida. La Revolución Constitucional y los cambios políticos que rodearon el final del período qajar coincidieron con una etapa de inestabilidad más generalizada.

La Primera Guerra Mundial perturbó el comercio y el transporte en todo Irán. Las investigaciones históricas señalan que los años de guerra, junto con la posterior inseguridad política y económica, fueron factores que frenaron el desarrollo de la ciudad.

Pese a ello, Sultanabad conservó su importancia comercial. A comienzos del siglo XX, nuevas instituciones administrativas y organizativas comenzaron a complementar el sistema comercial tradicional, con la creación de entidades financieras, una cámara de comercio y sociedades anónimas.

Estos avances reflejaban una transformación más amplia de la organización económica iraní, en la que el comercio recurría cada vez más a instituciones formales y estructuras empresariales, sin abandonar las tradicionales redes de comerciantes.

El bazar siguió desempeñando un papel importante durante esta transición y continuó albergando tiendas, patios comerciales y almacenes, incluso cuando nuevas oficinas administrativas, conexiones de transporte y empresas industriales comenzaron a transformar el conjunto de la ciudad.

Los sistemas antiguos y los nuevos coexistieron, reflejando el carácter gradual de la transformación económica de Irán.

Baño tradicional de las Cuatro Estaciones

 

El ferrocarril y la transición hacia la industria moderna

Uno de los cambios más trascendentales en el desarrollo de Arak fue la expansión de las infraestructuras de transporte modernas.

La finalización, en 1938, del tramo del Ferrocarril Transiraní que atravesaba la ciudad reforzó la posición de Arak como centro de transporte y distribución, al conectarla con las principales rutas nacionales y facilitar el movimiento de mercancías, combustibles, materiales industriales y personas.

La llegada del ferrocarril hizo que la ciudad resultara más atractiva para la instalación de modernas industrias que necesitaban un acceso fiable a materias primas, maquinaria, mano de obra y mercados. La producción industrial opera a una escala distinta de la del comercio tradicional de bazar y requiere grandes superficies, importantes inversiones de capital, equipos especializados y un suministro continuo de energía y servicios de transporte.

Hacia finales de la primera mitad del siglo XX, Arak ya contaba con varias fábricas modernas, entre ellas instalaciones dedicadas a la producción de azúcar a partir de remolacha azucarera, aceite vegetal, jabón y productos de lana.

Estas empresas representaron una fase intermedia en la transformación de la ciudad: sus procesos estaban más mecanizados y requerían más capital que la producción artesanal doméstica, pero su implantación también reflejaba la importancia de los recursos agrícolas y de las redes comerciales ya consolidadas.

El crecimiento de estas industrias ilustra una tendencia más amplia de la modernización iraní, en la que las políticas estatales buscaban cada vez más fortalecer el transporte nacional, fomentar la producción interna y reducir la dependencia de los productos manufacturados importados.

Arak se benefició de este contexto, ya que su ubicación y su papel comercial consolidado la convertían en un lugar propicio para la inversión industrial.

Zona industrial de Arak

 

La industria pesada y el surgimiento de un centro industrial

La transformación más espectacular se produjo a mediados del siglo XX, especialmente entre la década de 1960 y comienzos de la de 1970, cuando la economía de la ciudad amplió sus horizontes más allá de la transformación de productos agrícolas y el comercio tradicional para adentrarse en la ingeniería pesada, la producción metalúrgica y la fabricación de maquinaria industrial.

Dos grandes empresas ilustran esta transición. La Iran Aluminium Company, conocida habitualmente como IRALCO, se fundó en 1964 como una empresa conjunta en la que participaron Irán y socios internacionales. La planta comenzó a funcionar en 1972, con una capacidad inicial de aproximadamente 45.000 toneladas anuales, que posteriormente se amplió en distintas fases.

El otro gran hito fue la instalación de ingeniería pesada conocida como Machine Sazi Arak, que entró en funcionamiento en 1972 con equipos y asistencia técnica soviéticos. Su creación estuvo vinculada a un acuerdo en virtud del cual las exportaciones iraníes de gas a la Unión Soviética contribuyeron a financiar la cooperación industrial.

Mientras que la planta de aluminio contó con participación empresarial estadounidense y cooperación regional, el proyecto de ingeniería pesada se apoyó en equipos y conocimientos técnicos soviéticos. Esto demuestra que la industrialización de Arak no fue simplemente el resultado de una única asociación extranjera ni de una sola política nacional.

Fue fruto de la combinación de la planificación estatal, la cooperación técnica internacional, la inversión, las infraestructuras de transporte y la expansión de la industria manufacturera nacional.

Posteriormente, la base industrial se amplió para incluir empresas dedicadas a la fabricación de maquinaria de construcción, vehículos ferroviarios, maquinaria agrícola y equipos industriales.

Empresas como HEPco, Wagon Pars, MAPNA y AzarAb quedaron asociadas a la moderna identidad industrial de la ciudad. Sus actividades vincularon a Arak con los programas nacionales de infraestructuras, la agricultura, la producción energética y la industria pesada.

Sin embargo, el desarrollo de estas industrias no debe interpretarse como una sustitución directa de la economía anterior, ya que el comercio tradicional, los pequeños talleres y las empresas industriales continuaron coexistiendo. El crecimiento industrial también transformó la estructura social y espacial de la ciudad: las grandes fábricas necesitaban una mano de obra con competencias distintas de las requeridas en la producción de alfombras y el comercio minorista de los bazares, y la demanda de empleo industrial estimuló la migración desde las zonas rurales circundantes.

La población de Arak pasó de 71 925 habitantes en 1966 a 114 507 en 1976, y posteriormente alcanzó los 520.944 en 2016. Este ritmo de crecimiento superó ampliamente el aumento natural de la población del país durante ese período.

Por tanto, la expansión de las fábricas tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de la producción industrial: contribuyó al crecimiento urbano, modificó la estructura del empleo y reforzó el papel de Arak como centro regional de servicios, administración y transporte.

A través de sus pasajes cubiertos y de los caravasares que antaño acogían a comerciantes llegados de toda la región, el bazar narra la historia de una ciudad concebida para atender las necesidades de un vasto y fértil territorio circundante, que con el tiempo acabaría convirtiéndose en uno de los pilares de la economía industrial iraní.