Publicada: domingo, 21 de junio de 2026 1:46

La guerra EE.UU.-Israel impulsa el mercado de tierras raras y acelera el desarrollo de Irán en metales estratégicos y tecnología minera.

La agresión militar estadounidense-israelí contra Irán ha provocado fuertes sacudidas en el mercado de metales estratégicos y tierras raras, desencadenando aumentos de precios en materiales que constituyen la base de las industrias militar y tecnológica globales.

Con el incremento del consumo de armamento y sistemas de defensa durante la guerra, los precios de metales como el tungsteno, el germanio, el grafito, el cobalto, el litio y el lantano han aumentado de forma significativa.

Se trata de metales con aplicaciones críticas en la producción de misiles, aviones de combate, sistemas de defensa antiaérea y equipos militares avanzados.

El repentino aumento de la demanda militar por parte de Estados Unidos y sus aliados, junto con la disminución de las reservas globales, ha generado un fuerte impacto en el mercado.

China, que controla la mayor parte de la extracción, refinación y procesamiento mundial de metales raros, ha impuesto en los últimos meses restricciones a la exportación de tierras raras y equipos de procesamiento relacionados, alegando razones de seguridad nacional.

 

El país representa aproximadamente el 70 % de la extracción mundial de ciertos elementos de tierras raras y más del 90 % de la capacidad de refinación y producción de imanes asociados. Los metales estratégicos desempeñan hoy el mismo papel que el petróleo en la década de 1970.

El mundo ha entrado en la era del nacionalismo mineral, en la que los países definen estos materiales como herramientas de disuasión geopolítica y componentes de seguridad nacional.

En el centro de estos desarrollos se encuentra Irán. Hasta hace dos años, el país era considerado como carente de capacidad de procesamiento de tierras raras. Eso cambió en abril de 2025 con la inauguración de su primera planta de procesamiento de monacita en las afueras de Teherán.

La instalación fue construida sin equipos ni personal técnico extranjero. Ingenieros iraníes diseñaron, fabricaron e instalaron cada componente. Antes de su apertura, Irán no tenía capacidad interna para procesar monacita.

El país cuenta ahora con una instalación piloto capaz de probar y procesar aproximadamente el 90 % de sus principales minerales, y las autoridades han debatido duplicar o triplicar su capacidad para producción a gran escala.

La dotación geológica de Irán proporciona la base de materias primas. Al analizar su potencial, suele mencionarse la existencia de dos minas en la provincia de Yazd, donde Chah-e Mir y Gazestan concentran conjuntamente aproximadamente 125 millones de toneladas de reservas de mineral de hierro-apatita.

El Servicio Geológico de Irán, en los últimos años, ha empleado métodos de teledetección y geoquímica para identificar aproximadamente 30 zonas prometedoras en regiones centrales, el noroeste e incluso la zona de Sananday-Siryan, con concentraciones significativas de tierras raras pesadas como gadolinio, disprosio y holmio.

Estos elementos pesados, que alcanzan precios de hasta 60 000 dólares por kilogramo, como el lutecio, son considerablemente más valiosos que elementos ligeros como el cerio o el lantano.

Un punto clave es que los yacimientos identificados en Irán, a diferencia de los de muchos países que contienen principalmente elementos ligeros, presentan una proporción notable de elementos pesados.

Esta característica, si se combina con tecnología de separación adecuada, podría otorgar a Irán una ventaja competitiva. No obstante, debe reconocerse que la exploración integral de los yacimientos de tierras raras del país aún se encuentra en una fase inicial.

 

El hito técnico alcanzado en la planta de Teherán representa la transición del éxito de laboratorio a la producción piloto. El proyecto requirió 36 meses de inversión antes de su apertura.

Los expertos iraníes lograron aislar económicamente los 17 elementos de tierras raras con alta pureza mediante nuevos métodos. Dependiendo de la ley del mineral, pueden requerirse entre seis y 86 toneladas de mineral para producir una sola tonelada de concentrado de tierras raras.

Esta proporción explica por qué el procesamiento de tierras raras no es solo una cuestión de minería, sino que requiere tecnología avanzada de separación que solo unos pocos países poseen.

Un estudio revisado por pares publicado en julio de 2025 por investigadores de universidades iraníes y británicas analizó las condiciones óptimas de extracción de tierras raras a partir de una muestra de apatita de una mina en el noroeste de Irán.

La muestra contenía 3665 gramos por tonelada de elementos de tierras raras ligeras y 531 gramos por tonelada de elementos de tierras raras pesadas.

Los investigadores encontraron que la activación mecánica seguida de lixiviación con ácido nítrico al 30 % logró tasas de recuperación de aproximadamente el 68 % para tierras raras ligeras y el 77 % para las pesadas.

Una posterior separación mediante extracción con solventes alcanzó una eficiencia de aproximadamente el 97 %. Estas cifras son prometedoras a escala de laboratorio, pero para la producción masiva las tasas de recuperación deben alcanzar estándares industriales.

La posición estratégica de Irán va más allá de sus reservas y capacidad de procesamiento interno. La guerra ha interrumpido las cadenas de suministro globales hasta tal punto que los países consumidores buscan urgentemente fuentes alternativas.

En esta reconfiguración de la cadena global, Irán ocupa una posición singular: posee recursos geológicos y, además, capacidad técnica para procesarlos.

Se encuentra geográficamente cerca de grandes mercados consumidores en Europa, Turquía y el amplio espacio de Asia Occidental, y mantiene relaciones comerciales establecidas con economías emergentes de Asia.

En 2025, el Ministerio de Industria, Minas y Comercio de Irán identificó y elaboró una lista de aproximadamente 30 a 40 elementos estratégicos y críticos, siendo la primera vez que se publica oficialmente un listado de este tipo.

El objetivo declarado es su utilización en la producción nacional, el desarrollo de industrias derivadas y la reducción de la dependencia de importaciones.

La lista será revisada anualmente para seguir los avances científicos e industriales y ajustar la estrategia nacional. Este enfoque sistemático indica que Irán está pasando de un desarrollo mineral fragmentado a una política industrial integrada para materiales críticos.

Más allá de la extracción y el procesamiento, Irán tiene la oportunidad de capturar valor en etapas posteriores de la cadena. El mayor valor añadido en la cadena de tierras raras no reside en vender la materia prima ni siquiera su separación, sino en transformarla en productos finales como imanes permanentes de ultra alta potencia, baterías recargables y láseres industriales.

Actualmente, Irán depende en gran medida de la importación de estos productos, gastando miles de millones de dólares anuales en imanes utilizados en motores eléctricos, generadores de turbinas eólicas, sistemas de guiado de misiles y equipos médicos.

Si la planta de Teherán logra una producción sostenible, podría proporcionar la materia prima necesaria para establecer una industria de imanes en el país.

Sin embargo, el desarrollo de estas industrias requiere inversiones sustanciales, conocimiento técnico avanzado y la creación de mercados internos y de exportación.

Otra oportunidad poco explorada es la economía circular y el reciclaje de tierras raras.

Debido a su población relativamente joven y al alto consumo de dispositivos electrónicos, Irán genera miles de toneladas de residuos electrónicos al año, que contienen cantidades significativas de elementos como neodimio, praseodimio y disprosio.

El reciclaje de estos elementos a partir de residuos es considerablemente más barato y menos contaminante que la minería.

Desarrollar una industria de reciclaje de tierras raras en Irán podría crear un sector paralelo que refuerce la seguridad de suministro bajo sanciones y ofrezca una nueva ventaja exportadora en condiciones normales.

La geopolítica de las tierras raras también plantea a Irán decisiones estratégicas, entre ellas la cooperación con países vecinos o bloques emergentes como los BRICS.

Irán podría posicionarse como proveedor regional para países con déficit de estos recursos, como Turquía, Pakistán o los Emiratos Árabes Unidos, creando nuevos mercados de exportación menos expuestos a las presiones geopolíticas occidentales.

Irán dispone ahora de las herramientas esenciales: conocimiento técnico, recursos geológicos y una planta piloto operativa. El siguiente paso es convertir estas herramientas en una industria productiva y sostenible.

La existencia de conocimiento técnico interno en separación —que ya ha permitido aislar los 17 elementos— representa un hito crítico.

Este conocimiento constituye la columna vertebral de cualquier desarrollo futuro y no puede ser arrebatado a Irán. La guerra ha acelerado el reconocimiento de que las tierras raras no son simples mercancías comerciales, sino activos estratégicos.

La entrada de Irán en este campo, en un momento de máxima disrupción de las cadenas de suministro globales, lo posiciona para participar en una industria que definirá el panorama tecnológico y militar de mediados del siglo XXI.

hnb