Por Pablo Jofré Leal
El magnicidio perpetrado por la alianza imperial sionista israelí, en la persona de Seyed Hasan Nasralá, no liquida los procesos de liberación; por el contrario, martiriza a quienes han entregado su sangre generosa y acelera de forma irreversible el derrumbe moral de los agresores. Lejos de desarticularse ante el duro golpe que ha significado la muerte del histórico líder de la resistencia libanesa, la estructura de Hezbolá ha optado por la consolidación de su columna vertebral ideológica y operativa.
En un reciente y contundente discurso, el actual secretario general del Movimiento de Resistencia Islámica del Líbano, Hezbolá, el Sheij Naim Qasem se dirigió al Maestro de los Mártires de la Umma, Seyed Nasralá, con estas palabras: ‘Nuestro amado maestro, compañero de viaje y hermano líder en la lucha de Hezbolá y su resistencia, has tocado nuestros corazones, iluminado nuestras mentes y sentado las bases de nuestro camino. Nuestro amado maestro, tú eres la resistencia, y la resistencia eres tú; te has convertido en el símbolo de los pueblos libres del mundo. Nuestro amado maestro, te has convertido en la guía inspiradora del mundo” (1)
al-Din, expuestos en sus funerales. (Foto: Getty Images)
En este discurso, Naim Qasem, no solo reafirmó la persistencia de la vía armada y política trazada por su predecesor, sino que expuso una lectura implacable sobre el tablero geopolítico global, poniendo el foco en la injerencia de Estados Unidos y la defensa de los altos ideales que marcaron el liderazgo de Nasralá.
Me refiero al rechazo absoluto a la rendición y al tutelaje. La lucha sostenida contra el objetivo megalómano del “gran Israel” y sus afanes expansionistas. La Resistencia como eje dinámico más allá del martirio de su asesinado líder y, finalmente el avanzar en la unidad islámica y la solidaridad estratégica.
Lejos de debilitarse tras la pérdida de figuras clave como el mártir Seyed Hasan Nasralá, Hezbolá y el conjunto del Eje de la Resistencia han demostrado una resiliencia estructural. El desempeño de Hezbolá se configura así, como un pilar de contención altamente efectivo que subvierte la narrativa occidental de "aniquilación" de los movimientos populares de liberación.
En un artículo de homenaje a Seyed Hasan Nasralá ¿Por qué la memoria de un hombre, un dirigente político, militar, dotado de enorme fe religiosa, entregado a una causa justa como es la defensa de su pueblo y la solidaridad activa con otros pueblos despierta estas emociones? (2)
Me refiero al hecho innegable que, tras un año desde aquel trágico 27 de septiembre de 2024 que significó el asesinato de Seyed Hasan Nasralá a manos de un ataque del régimen nazisionista israelí en Beirut, su eminencia nos hace falta y tras un nuevo año esa falta se siente con mayor fuerza, pero, al mismo tiempo con una monumental admiración.
Siento, ayer como hoy que hemos perdido a un hermano, a un ser querido. Extrañamos sus palabras, sus acciones, que hace imperativo traer al presente, a la lucha actual, la necesidad de impulsar su legado. El mensaje emitido tras su martirio aún genera escalofríos al sentir que ya, físicamente, Hasan Nasralá no está físicamente con nosotros.
Una Obra Profunda: Transformación Social y Raigambre Popular.
Hasan Nasralá nació un 31 de agosto de 1960. Fue el mayor de cinco hermanas y tres hermanos, criado en el barrio de Karantina, un sector profundamente carenciado de los suburbios orientales de Beirut. Sus propias vivencias en los márgenes de una sociedad golpeada por la desigualdad y la agresión externa lo impulsaron desde temprana edad a participar activamente en la defensa de los suyos, de su fe y de su patria. Su emergencia como figura de liderazgo se consolidó tras la brutal invasión del ente sionista al Líbano en 1982.
Desde su juventud, Nasralá se distinguió por su rigor intelectual y su sed de conocimiento, factores que constituyeron la base de su inigualable capacidad como estratega político y militar. Su formación espiritual y política abrevó en las enseñanzas de grandes maestros del pensamiento emancipador islámico. En su paso por la ciudad sureña de Tiro, fue alumno del profesor de educación islámica Mohammad al-Gharawi, quien reconoció su brillantez y lo apoyó para viajar a Najaf, en Irak.
Allí conoció a Muhammad Baquir Al Sadr, un mentor fundamental cuya visión revolucionaria marcó su destino. Fue el propio Al Sadr quien encargó a Abás Al Musawi, futuro secretario general de Hezbolá, que se preocupase de aquel joven disciplinado y deseoso de aprender. Posteriormente, en su peregrinaje por la ciudad santa de Qom, en Irán, Nasralá entró en contacto con figuras cimeras de la revolución como el Imam Ruholá Jomeini y su sucesor, el actual líder religioso Seyed Ali Jamenei. De estas poderosas fuentes bebió Nasralá, vertiendo ese caudal de sabiduría y conciencia en beneficio directo de su pueblo y de la causa de los oprimidos del mundo.
Con apenas 32 años, y tras el cobarde asesinato de Abás al Musawi a manos de las fuerzas de ocupación sionista, el Consejo de la Shura del movimiento de resistencia libanés se reunió y eligió unánimemente a Seyed Hasan Nasralá como secretario general de Hezbolá, un cargo para el que sería reelegido en sucesivas ocasiones hasta su trágico martirio en 2024.
Bajo la guía de Nasralá, el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano dejó de ser únicamente una fuerza de defensa militar frente al invasor para consolidarse como un actor político, social y cultural imprescindible en el escenario nacional. Hezbolá demostró con hechos la máxima revolucionaria de que el mejor decir es el hacer.
El movimiento se arraigó en las entrañas de la sociedad libanesa —en principio desde el pueblo chiita, pero expandiendo su vocación integradora a toda la nación— convirtiéndose en el principal proveedor de servicios básicos, escuelas, hospitales y apoyo comunitario en las zonas históricamente abandonadas por un Estado central debilitado por las injerencias extranjeras.
Asimismo, Nasralá comprendió que la batalla ideológica requería soberanía comunicacional; por ello, impulsó medios propios de información para llevar la voz de los resistentes sin intermediarios ni filtros coloniales, construyendo una conciencia crítica y una fortaleza inquebrantable frente a la propaganda imperial.
En el plano político, Hezbolá asumió presencia parlamentaria y gubernamental con voz y voto decisivo, denunciando sin ambages a los sectores entreguistas y a aquellos que, tanto en el Líbano como en el resto de la región, obedecen sumisamente las órdenes dictadas por las potencias occidentales.
Nasralá el Internacionalista
Hablar de Seyed Hasan Nasralá es rendir tributo a un genuino internacionalista que dedicó su existencia a consolidar el Eje de la Resistencia. Junto a figuras de la talla del mártir Qasem Soleimani, hombres dotados de una profunda sencillez y de una humanidad desbordante, Nasralá fue capaz de articular un frente común capaz de trascender fronteras. Desde Irán pasando por Irak, Siria, el Líbano, Palestina y Yemen, demostraron con su ejemplo que el camino de la liberación colectiva exige sacrificio, solidaridad activa y un compromiso inclaudicable con la justicia.

El rol desempeñado por Nasralá en el fortalecimiento político y combativo de la resistencia palestina constituye un legado histórico de incalculable valor. Su apoyo a Palestina no fue retórico; fue un soporte irrestricto destinado a quienes efectivamente sostienen el fusil y la trinchera por la liberación de su tierra, marcando una distancia abismal con aquellos sectores genuflexos que traicionan la autodeterminación palestina a cambio de migajas otorgadas por el opresor. Su visión geopolítica y espiritual insistía en que la liberación de Al-Quds (Jerusalén) debe ser el punto unificador por excelencia de los pueblos árabes y de toda la Umma.
La trayectoria de Nasralá está jalonada de victorias estratégicas que humillaron a las potencias hegemónicas y a su gendarme en la región: la entidad sionista. Bajo su mando, la resistencia logró la gesta histórica de expulsar a las tropas de ocupación del sur del Líbano en el año 2000, poniendo fin a dos décadas de ignominia y ocupación territorial.
Años más tarde, durante la brutal agresión estival de 2006, Nasralá enfrentó directamente los embates de la maquinaria militar israelí, exponiéndose en la primera línea junto a su pueblo y propinándole al ejército sionista una derrota humillante en la célebre guerra de los 33 días. Aquella contienda desmoronó el mito de la "invencibilidad" de las fuerzas armadas de Israel y demostró que la tecnología y el armamento sofisticado de las potencias imperialistas resultan impotentes frente a la convicción moral de un pueblo organizado y dispuesto a defender su soberanía (3)
Nasralá denunció implacablemente al sionismo como una ideología supremacista, racista y criminal, sustentada por el neocolonialismo estadounidense y la complicidad vergonzante de potencias europeas como Francia, Gran Bretaña y Alemania. El Líbano, con Nasralá y sin su presencia física pero su legado presente día a día, demuestra que busca la paz, pero jamás la paz de los cementerios o el sometimiento colonial, sino la paz construida sobre los pilares de la soberanía innegociable.
Bancarrota Doctrinaria del Nazisionismo
La desaparición física de Seyed Hasan Nasralá no constituyó una victoria estratégica para la alianza entre Washington y Tel Aviv, sino la confirmación rotunda de una bancarrota doctrinaria. La “doctrina Dahiye”, basada en el terrorismo de Estado, los magnicidios selectivos, la destrucción sistemática de infraestructuras civiles y el castigo masivo a poblaciones enteras, refleja la desesperación de un neocolonialismo tardío que se sabe incapaz de doblegar la voluntad política de los pueblos en resistencia.
El ente sionista opera como una maquinaria genocida e infanticida que reedita los métodos más oscuros del fascismo del siglo XX. Sin embargo, a dos años de su martirio, el régimen israelí y sus secuaces no han logrado ninguno de sus objetivos estratégicos en el Líbano: ni la capitulación nacional ni la aniquilación de la resistencia popular. Cada tonelada de explosivos arrojada sobre Beirut no hace más que cimentar la bajeza moral de los agresores a la misma velocidad que acrecienta el prestigio histórico de los defensores de la patria.
Como suelo recordar trayendo a colación la máxima de José Martí, el Héroe Nacional de Cuba: “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”. Nasralá la cumplió absolutamente y devino en un arquitecto de una dignidad colectiva que trascendió las fronteras libanesas para convertirse en faro universal de los oprimidos junto a nombres como del teniente general Qasem Soliemani.
Sus palabras, sus directrices y su doctrina no quedaron sepultadas bajo los escombros de Dahiyeh; operan hoy como una auténtica “constitución viva” para el Eje de la Resistencia y para los millones de seres humanos que en las calles del mundo exigen el fin de la hegemonía imperial. El rostro de Seyed Hasan Nasralá es ya parte indisoluble de la galería de los inmortales, de aquellos que ofrendaron la existencia para legarnos un mundo libre de cadenas, ocupación y barbarie.
Pablo Jofré Leal
Periodista. Analista Internacional
Artículo Para HispanTV.
- https://spanish.almanar.com.lb/article/81387/
- https://www.hispantv.com/noticias/opinion/632431/extranamos-seyed-hasan-nasrala
- https://www.hispantv.com/noticias/el-libano/568817/guerra-33-dias-punto-inflexion-resistencia
