• Detrás de la Razón: ¿Qué esconde la macabra relación entre Trump y el descuartizamiento?
lunes, 1 de julio de 2019 22:16

¡A desayunar! Como si fueran una familia, se escuchó el llamado del séquito de ambos para verse cara a cara y compartir el alimento al tiempo que fraguaban más la relación.

El problema es que no se trata de dos amigos comunes y corrientes, sino que uno es el príncipe que heredará, hasta ahora, el trono de la petromonarquía más rica del mundo, y el otro es el presidente de la economía más poderosa del mismo planeta.

Pero además no es un príncipe cualquiera de Arabia Saudí, sino que desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU), desde el Congreso de EE.UU., desde la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos y un sin número de países lo han responsabilizado o por lo menos involucrado en uno de los más cruentos asesinatos de los últimos tiempos: el que usted ya sabe, descuartizar al periodista del diario estadounidense The Washington Post Jamal Khashoggi dentro del consulado de Arabia Saudí, en la ciudad turca de Estambul.

Y el lugar del desayuno tampoco era cualquiera, sino la cumbre de los países con las mejores economías del planeta, la cumbre del Grupo de los 20 (G20), que ese escenario es lo de menos.

Lo importante es lo que vimos en el desayuno: un presidente hipócrita (Donald Trump) que cierra los ojos ante la indicación mundial de no negociar, comerciar, relacionarse con un personaje tan siniestro como lo podría ser el príncipe heredero saudí Muhamad bin Salman, ya no por el crimen del periodista, sino por más de 4 años de bombardeo a niños y mujeres en su país vecino Yemen, tragedia que ha causado el desastre humanitario más grande del planeta en los últimos años.

Lo más ridículo y poco valiente fue lo que hizo Trump cuando se le preguntó si había abordado el tema del asesinado saudí frente al príncipe saudí, y Trump se hizo sordo y solo dijo gracias.

En vez de eso, se dedicó a enaltecer al príncipe: “Me gustaría agradecerle a nombre de mucha gente y felicitarle… Usted ha hecho un trabajo espectacular. Como saben, Arabia Saudí es uno los mayores compradores de los productos estadounidenses, en especial los productos militares, que son los mejores del mundo por mucho… Apreciamos sus compras, que han creado al menos un millón de trabajos. Pues estamos muy contentos de estar aquí junto a usted. Un gran honor”, cínicamente nos mostró que lo de derechos humanos, justicia, verdad, seguridad y paz no le importa mucho al señor Trump.

Y para cerrar con broche de oro, a pesar de que Arabia Saudí ha sido acusada de ser fuente de recursos creativos, económicos y bélicos de grupos terroristas, como incluso ha aceptado la propia Hillary Clinton, el señor Trump por el contrario lo felicitó y lo puso en la cima de la lucha contra este cáncer mundial: “Y una cosa que está usted haciendo, que tal vez esté en el top de la lista, probablemente sea usted el primero de la lista, es su lucha contra el terrorismo”.

Es como el mundo de cabeza, el mundo al revés. El G20 nos vuelve a mostrar lo más sucio de la política, porque no solo Trump es el hipócrita o carente de valores, sino que todos los mandatarios del G20 estarían en la misma canasta de los abrazos, sonrisas, saludos al príncipe heredero de Arabia Saudí, importándoles más el petrodinero gigantesco que representa que el nulo sentimiento humano que tiene en su corazón.

No es romanticismo, es la triste realidad que se traduce en 11 millones de yemeníes al borde de morir de inanición gracias a las órdenes de este señor príncipe que además es ministro de Defensa de Arabia Saudí y que tiene una sed de sangre yemení.

En Detrás de la Razón, nosotros preguntamos, los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar. Lo importante es detectar las aristas que no nos dicen.

El análisis, las preguntas y respuestas a las diez treinta de la noche, desde los estudios de Teherán; Londres, siete y Madrid, ocho de la noche; México, Colombia y Chicago a la una de la tarde.

Por: Roberto de la Madrid.

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