• Detrás de la Razón: Amistades peligrosas May-Trump, protestas, Brexit y té inglés

El Gobierno de Theresa May recibió en una ceremonia de cuento de hadas al líder más controvertido del momento, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En el palacio de Blenheim le esperaba la alfombra roja, pero en las inmediaciones de esa estructura histórica se agolpaban multitudes con carteles y consignas en contra de la presencia del magnate republicano. “Tirad a Trump a la basura”, “Vete a casa” y “Racista”, se leía en algunos de los carteles.

Los británicos tenían un objetivo: dejar claro a Trump que no era bienvenido y que harían lo que fuera necesario para dejarle saber que estaban incómodos e iracundos por su presencia. Durante la visita del magnate republicano han sucedido innumerables protestas y “Carnavales de la Resistencia”. Todos los sectores de esa sociedad multicultural han participado.

Edificios gubernamentales como Westminster y Downing Street, llenos de activistas. Solo en Londres se habla de 250 000 manifestantes en una jornada, incluso se apersonaron figuras políticas, entre los que destacó el líder de oposición, Jeremy Corbyn.

“Los derechos humanos nos pertenecen a todos, y esta concentración es ante todo una demostración de solidaridad. Cuando nos unimos en torno a objetivos comunes, todos ganamos”, dijo el líder del Partido Laborista (PL).

Las manifestaciones escenificaron el rechazo de los británicos a las políticas de la Administración de Estados Unidos, pero en particular a Trump y a lo que él representa.

La llamada visita de trabajo del presidente estadounidense se desarrolló más que todo fuera de Londres para no ver ni escuchar lo que los británicos le dicen a gritos: No nos gustas. Repudiamos tus políticas.

Tan solo poner el pie en la alfombra roja, Trump criticó a una de sus aliadas más cercanas, una de las más sumisas, como han dicho algunos analistas, May.

Trump tildó de blanda la estrategia de la premier británica para el Brexit, pues el proyecto prevé el establecimiento de una nueva “zona de libre comercio para bienes” destinada a mantener un comercio “sin fricciones” con los 27 Estados miembros de la Unión Europea (UE).

Tras estas declaraciones, Trump se desdijo y decidieron ambos poner buena cara, se elogiaron, hablaron de los ambiciosos acuerdos que tenían en carpeta y pasaron página.

El presidente de EE.UU. también tenía como meta convencer al Gobierno de Londres que debía dejar de privilegiar a la UE, no ser tan condescendiente con ella tras el divorcio. Luego espetó una de sus favoritas maniobras, amenazó que si el Reino Unido continúa esa línea blanda, matará un posible acuerdo bilateral.

May, con sonrisas desencajadas, repetía lo firmes que son los lazos trasatlánticos entre Estados Unidos y el Reino Unido.

La agenda de Trump en el Reino Unido no solo contemplaba los potenciales acuerdos comerciales, sino que aupaba el rechazo a la inmigración, con una línea selectiva, pero buscaba ir más allá había que criminalizar la inmigración.

El Reino Unido con una gama de confesiones religiosas, en particular, con una gran comunidad musulmana, desdeñó esos avances. Recordemos que en mayo de 2016 Kahn ya alertaba al respecto.

“La ignorante visión del Islam de Trump nos hace menos seguros, contribuye a alienar a los musulmanes y juega a favor de los extremistas”, afirmó el alcalde.

Pero, esta vez, tomó cartas en el asunto y autorizó el vuelo del bebé Trump, poco después Trump arremetía contra él y lo que llamó su "horrible" gestión contra el terrorismo.

No olvidó de elogiar a Boris Johnson, el dimitido ministro de Exteriores británico, y amigo personal, incluso Trump dijo que él sí tenía lo que era necesario para ser el premier de ese país.

En Escocia tampoco es bien visto, entre otras, por la propuesta de cerrar las fronteras estadounidenses a los musulmanes, a los inmigrantes, y ahí es cuando el dolor llega a casa, pues la madre del inquilino de la Casa Blanca era escocesa.

Ellos le reprochan que con una madre escocesa, una inmigrante indocumentada que llegó en los años 30 a EE.UU. y tuvo que trabajar como empleada doméstica, una mujer de limpieza, la misma labor con la que ahora insulta a los latinoamericanos, pueda tener una directriz política en temas migratorios tan absurda y racista.

Trump ha querido ser el mandamás en el territorio británico por un par de días y dar instrucciones a Theresa May de cómo hacer negocios con la UE, con Irán, con Siria, con la prensa, con todo.

La maldición: El gigante globo naranja de un bebé Trump en pañales será su sombra, de ahora en adelante le seguirá vaya a donde vaya. Esa es la misión que se ha trazado un grupo de británicos. La visita de Trump al territorio británico y deja un mal sabor de boca a todo lado que va.

Como en todo a veces no podemos predecir las consecuencias de nuestras decisiones. Trump, que intenta tomar el mundo a la fuerza, con golpes y amenazas con políticas que dividen, que hacen llorar que dejan sangre, sin darse cuenta que lo que está provocando es justo lo contrario: unir a todos contra él. Los aliados dejarán los brazos de su protector, EE.UU., para ir a los brazos de China o Rusia, al fin y al cabo lo importante es sobrevivir lo aprendieron del legado de sangre y crueldad que dejó otro dictador Adolf Hitler.

En Detrás de la Razón, nosotros preguntamos, los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar. Lo importante es detectar las aristas que no nos dicen. El análisis, las preguntas y respuestas a las diez treinta de la noche, desde los estudios de Teherán; Londres, seis y Madrid, siete de la tarde; México, y Colombia, una de la tarde.

Por: Cristina Leiva

smd/rha/alg

domingo, 15 de julio de 2018 21:24
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