• Detrás de la Razón - ¿Por qué la premio Nobel de la Paz 1991 decidió convertirse en cómplice del genocidio de rohingyas?
lunes, 18 de septiembre de 2017 20:24

Imaginemos por un minuto que somos rohingyas, perseguidos y asesinados por ser considerados ilegales, despojados de bienes porque los han reducido a cenizas.

Además, tiroteados por intentar huir, en pedazos por las minas que han sembrado en el camino de regreso y, al supuestamente llegar a otros países, nos matan de sed, de hambre, somos los despojados del mundo, sí la realidad es más cruel que la ficción, es el infierno en este mundo, es la crisis de los apátridas rohingyas en Myanmar.

La crisis es compleja empezó a profundizarse después de la independencia de Myanmar del Reino Unido. Los rohingyas han vivido en el estado de Rajine (oeste) desde el siglo 12, pero un galimatías jurídico tras la independencia del imperio británico, los ha hundido en el limbo por leyes emitidas por autoridades birmanas en 1948, 1970, 1982 y más.

Las organizaciones de derechos humanos avizoraban una edad de oro en temas humanitarios en Myanmar después de que en 1991 Aung Sang Suu Kyi ganara el premio Nobel de la Paz, pero la defensa de Suu Kyi de las fuerzas de seguridad de Myanmar aun cuando están cometiendo una limpieza étnica contra los rohingyas, es intolerable, en palabras de Human Rights Watch (HRW).

El llamado Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo birmano y Suu Kyi aúpan el odio nacional, racial y religioso y por sistema incitan a la violencia por motivos de nacionalidad y religión.

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, le ha advertido a la líder birmana que tiene una "última oportunidad" para revertir la situación, de lo contrario "la tragedia será absolutamente terrible". Estas declaraciones hacen alusión al discurso a la nación que ofrecerá Suu Kyi, presidenta de facto del país, este martes.

No obstante, las autoridades de Myanmar señalan que su respuesta militar se debe a los ataques perpetrados por insurgentes armados y rechaza que sus fuerzas de seguridad estén perpetrando crímenes contra civiles.

Además, el Ejército birmano afirma que lanzó una operación para detener los ataques que sufrió la policía en el estado de Rajine el 25 de agosto pasado, pero refugiados llegados a Bangladés han denunciado que fueron atacados sin motivo por el Ejército y por monjes budistas y que sus poblaciones fueron incendiadas.

Abrumada por las críticas la líder birmana anunció que no asistirá al 72° período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) en Nueva York (EE.UU.) desconcertando una vez más a la comunidad internacional y dejando absortos a los musulmanes y no musulmanes ávidos por la apertura de un camino que arroje luz sobre cómo consensuar una salida a la crisis.

Myanmar ha quebrado la Carta de la Naciones Unidas, la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio y un sinnúmero de leyes internacionales de protección a los más vulnerables.

El adalid de los derechos humanos parece haberse convertido en el títere de los militares en su país y de los Estados extranjeros con intereses en Myanmar.

En Detrás de la Razón: los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar. Lo importante es descubrir los ángulos que no dicen los gobiernos ni los medios de comunicación.

El análisis, las preguntas y respuestas a las diez treinta de la noche, desde los estudios de Teherán; Londres, siete y Madrid, ocho de la tarde; México y Colombia, una de la tarde.

Por: Cristina Leiva

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