• Detrás de la Razón - Destruyendo al mundo, Trump e Israel
domingo, 22 de octubre de 2017 22:48

En 1984, Estados Unidos hizo una rabieta y se retiró de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, en inglés).

Alegó que la Organización estaba muy politizada y favorecía los intereses de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y que era como un club de fans soviéticos que atacaba las libertades de la sociedad democrática occidental. Por ello y solo por ello, decidía retirarse. Esa fue la máscara, pero lo que estaba detrás era otra cosa.

Según muchos intelectuales, activistas, Gobiernos y gente preocupada por el mundo, principalmente Seán MacBride la verdadera explicación fue la siguiente: primero, antes de empezar, tenemos que entender la maravillosa teoría plasmada en la fundación de la Unesco, independientemente si la organización se creó para otros fines o no, pero la esencia, muchos hombres de buena fe, se la creyeron.

“Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz; ... que, en el curso de la historia, la incomprensión mutua de los pueblos ha sido motivo de desconfianza y recelo entre las naciones, y causa de que sus desacuerdos hayan degenerado en guerra con harta frecuencia; ... necesidad de asegurar a todos el pleno e igual acceso a la educación, la posibilidad de investigar libremente, la verdad objetiva y el libre intercambio de ideas y de conocimientos,” decía Ellen Wilkinson, quien presidía la conferencia que dio paso a la fundación de la Unesco en 1945.

Entendidos estos bellos prolegómenos, muchos en la Unesco se pusieron a trabajar. Para 1977, apareció el irlandés Seán MacBride alertando que los medios de comunicación estaban sometidos a la presión financiera, política y económica de ese tiempo, por lo que la libertad de la que se hablaba y la que tenía que proteger la Unesco, no se estaba cumpliendo. Por ello, se le autorizó una gran investigación y se le nombró presidente de esa comisión internacional investigadora que explicaría qué estaba pasando con el derecho de los seres humanos a ser informados con veracidad.

La comisión se conformó por filósofos y grandes personajes del mundo intelectual, entre ellos, Hubert Beuce-Mery, fundador de Le Monde; Gabriel García Márquez, escritor colombiano; Leonid Zamiatin, portavoz del Gobierno soviético; y Marshall McLuhan, sociólogo canadiense. Tres años duró la investigación que mostró cómo en los países del llamado tercer mundo, se quejaban de que la información era a beneficio de las potencias del mundo.

La conclusión fue una alerta al mundo, que los medios de comunicación tenían que cambiar, que tenían que ser humanos, que tenían que solidarizarse y ayudar a los países menos favorecidos, no al contrario. La Comisión MacBride y su informe mostraron que se estaba pisoteando a nivel mundial, el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que dice que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Por ello, los grandes intelectuales de aquel tiempo, convocados al seno de la Unesco, y la propia Unesco exigieron que la libertad de prensa fuera libre, y de verdad hubiera información de verdad. Acto seguido, Estados Unidos abandonó la organización. Es fácil hacer el silogismo. Este es un antecedente imprescindible comprender y tener en cuenta, para entender lo que está pasando hoy, y sobre todo la actitud de EE.UU. con respecto a las organizaciones internacionales.

¿Qué son para EE.UU. las organizaciones y los pactos internacionales? El día de hoy, Washington parece ser más directo, simplemente repudia a la Unesco porque reconoció el derecho de Palestina, y porque en 2015, presentó un informe antropológico y arqueológico desligando El Monte del Templo —nombre que dan los israelíes a la Explanada de las Mezquitas, en el corazón de la ciudad de Al-Quds (Jerusalén)—, lo que enfureció a los sionistas.

Conforme a este repudio, el presidente de EE.UU., Donald Trump, anuncia hace unos días que abandona la organización. Acto seguido, el régimen de Israel anuncia lo mismo. Le quitarán su aportación financiera. El régimen de Tel Aviv calificó de valiente la decisión de EE.UU. La salida de ambos entra en vigor el 31 de diciembre de 2018.

¿Con qué fin, Trump ataca los tratados, acuerdos y organizaciones, ahora a la Unesco? ¿Es para sembrar odio y destruir la organización del mundo como la conocemos?

En Detrás de la Razón: los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar. Lo importante es descubrir los ángulos que no dicen los Gobiernos ni los medios de comunicación.

El análisis, las preguntas y respuestas a las nueve treinta de la noche, desde los estudios de Teherán; Londres, siete y Madrid, ocho de la tarde; México y Colombia, una de la tarde.

Por: Roberto de la Madrid.

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